[Opinión] Sin revoluciones ni fuegos artificiales, Palestino levanta su bandera en la Copa Sudamericana
Aplicado, eficiente y humilde el equipo de Córdova es la antítesis de la U y Colo Colo en una Copa que le tiene entre sus protagonistas con las opciones intactas.
Palestino vuelve a Santiago con un empate trascendente por las exigencias geográficas del compromiso y la responsabilidad bien asumida de portal del cartel de abanderado chileno en la aventura impredecible de la Copa Sudamericana. El equipo nacional rescató un 2-2 valioso ante el Real Garcilaso en la tierra de los incas, El Cuzco, con goles de Benjamín Vidal y Leo Valencia para un resultado que le devuelve a la revancha con la opción de seguir avanzando como único representante chileno, tras la defección avergonzante de Católica y los demás clasificados recién en la primera ronda.
Tanto como el sello colectivo que le imprime el técnico Nicolás Córdova, en Palestino resulta llamativa la soltura con que van asomando figuras que, en otras circunstancias, no explotan con la misma explosividad. Dos ejemplo: el portero Darío Melo estuvo largamente postergado al olvido con una suplencia merecida como producto de cierta indisciplina en la época de Guede, mientras que Leo Valencia reitera en cada intervención que la U cometió un error más por mano de Beccacece al dejarlo partir en vez de mantener a Nico Maturana.
Palestino maneja bien sus sistemas de juego, muestra equilibrio y aplicación táctica no alardea de alguna supuesta revolución estratégica como se pavonean la U de Beccacece y el Colo Colo de Pablo Guede.
Con un plantel de costo sustentable y las mismas ilusiones del resto, Palestino irrumpe en la Sudamericana como una fuerza interesante y respetable, que ojalá logre superar la revancha venidera con el Garcilaso en Santiago. En un momento de proclamaciones vacías y confusiones conceptuales y mediocridad abismante en el torneo local -salvo las sorpresas elogiables de Wanderers e Iquique-, este Palestino encarna una renovación que atrae y se reconoce con expectativas porque no se basa en la jactancia ni la venta de humo…
Acaso la convocatoria doméstica de la Selección debiera premiar esa condición privilegiada de Palestino, más allá del compromiso tácito de Pizzi de llamar a los intocables como Beausejour, Jara o Herrera. Un cupo, aunque tuviera carácter simbólico, recompensaría ese despliegue de los «paisanos» en una órbita internacional donde los equipos chilenos pasaron con mucha más pena y vergüenza que aquella gloria que ha conquistado -con su humildad y esfuerzo- el Palestino que lleva ahora el estandarte de todos…
