Columna de Sergio Gilbert: La UC, ¿en la hora de la revisión?
Universidad Católica, como equipo de fútbol profesional, tiene un punto débil: el compromiso real de convertirse en un club de alta competencia internacional.
Por SERGIO GILBERT J. / Foto: PHOTOSPORT
Universidad Católica tiene una impronta que será difícil que pierda: es una institución seria y, por ende, tiene un liderazgo ejemplificador.
Es un faro de luz para el deporte y el fútbol chileno.
Los cruzados están a la vanguardia en cuanto a las políticas que se deben implantar en cualquier club. Hay planificación, orden y responsabilidad. Nada se hace al azar. Todo se proyecta, se estudia y se ejecuta en el momento que se debe. No hay improvisación. Sí mucha planificación.
No es raro que sea así. El Club Deportivo de la UC nació y se desarrolló al amparo de la Casa de Estudios y por largos años sus jugadores fueron estudiantes o estuvieron vinculados a ella. Tebían preparación y experiencia académica. Los principios se sustentaron en un concepto que todos hicieron suyo: todo por la Patria, Dios y la Universidad.
La Católica entendió que su claridad para hacer las cosas lo obligaba a transformarse en líder del deporte en el país. Por eso fue el primer equipo chileno que trajo a una estrella mundial a integrar su escuadra -el gran José Manuel Moreno- y también el primero que se diversificó a extremos de convertirse en un club modelo en todos los deportes nacionales. Ser formado en la UC siempre ha sido un punto alto en el currículum.
Por todo ello, los cruzados se han mantenido como ejemplo a seguir. Si se habla de infraestructura, de trabajo de series menores, de correcto funcionamiento de una sociedad anónima, siempre la UC se pone como figura y ente a seguir.
Pero no todo es tan perfecto.
Universidad Católica, como equipo de fútbol profesional, tiene un punto débil: el compromiso real a convertirse en un club de alta competencia internacional.
Es cierto. La UC gana títulos nacionales en forma cíclica y con ello se anota en la Copa Libertadores. Y si le va más o menos en la competencia interna, como le fue en la temporada pasada, igual le alcanza para ganarse un espacio para entrar por otra vía o a otro torneo de menor peso.
Pero no es suficiente. Porque la UC entra y sólo participa. Compite, pero sólo hasta cierto punto. No tiene la obsesión por ganar y estar entre los grandes, esos que pelean los títulos, como la tiene a la hora de convertirse en farol conceptual.
Sí, la UC tiene un título internacional (Copa Interamericana 1994) y una vez llegó a una final de la Copa Libertadores (1993). Pero es poco. Casi nada para un club que presume hacer bien las cosas y que se supone que tiene las herramientas para alcanzar lo que pocos pueden.
Este año de nuevo Universidad Católica se quedó en la vereda, fuera del camino que conduce al éxito. Su historia en la Copa Sudamericana duró sólo 90 minutos y esta vez ni siquiera fue un rival de una liga de mayor peso el que lo eliminó. Fue Audax Italiano, un rival que jugó a lo que sabía y que le ganó con justicia.
¿Lo verá esto la UC solamente como un mal partido? ¿Una anécdota’ ¿Un tropiezo? ¿O lo analizará más profundamente? ¿Lo hará cambiar de acentos en sus políticas futuras? ¿Le servirá como la constatación de que algo le falta a ese proyecto lleno de luces y que con tanto orgullo enarbola?
Quién sabe.
Sólo la UC tiene las respuestas. Como siempre…
