Serie Mundial Qatar 2022, capítulo 7: Bélgica, el ahora o nunca de la generación dorada
Entrados ya en la treintena, sus héroes empiezan a sufrir fatiga de material. Aún así, se la jugarán el todo por el todo para campeonar en la última oportunidad que les queda.
Por JOSÉ ROGGERO/ Foto: ARCHIVO
En Brasil 2014 hubo satisfacción por llegar a cuartos de final. En Rusia 2018, en cambio, la desolación fue total pese a haber terminado tercera, la mejor actuación de su historia.
Es que el haber eliminado a Brasil en cuartos de final le daba a Bélgica credenciales suficientes para llevarse el título de la mano de su mejor generación que, por si fuera poco, estaba en su apogeo. Pero no, en semifinales el solitario gol de Samuel Umtiti llevó a Francia a la final y dejó a su vecina con el amargo sabor del premio de consuelo.
Eden Hazard, Romelo Lukaku, Kevin de Bruyne, Thibaut Courtois, Axel Witsel, Dries Mertens, Toby Alderweireld. Todos estaban entonces en el pináculo de sus carreras. Hoy es distinto. Las lesiones ya han cobrado lo suyo y a los diablos rojos del español Roberto Martínez les cuesta mucho repetir esas actuaciones avasalladoras que deslumbraron a medio mundo.
Un ejemplo: la mole Lukaku (Inter de Milán) llegará a Qatar con lo justo y muy condicionado por lesiones y un mal paso por el Manchester United que mermó su nivel. Otro: Eden Hazard, un prodigio de habilidad, explosión y frenos repentinos, es hoy un remedo que lucha por rehacerse en el Real Madrid. Sólo el portero Courtois (Real Madrid) y el colorín De Bruyne (Manchester City) mantienen intactas sus condiciones.
Para sostener vivo su anhelo, Bélgica mantiene su talante colectivo, lo que la sitúa en el segundo lugar del ranking FIFA y le garantizó una fácil clasificación al Mundial. Las dudas pasan por su envergadura en duelos de máxima exigencia, como los que deberá superar si quiere repetir o mejorar la actuación del mundial pasado.
Su reciente actuación en la Liga de las Naciones es un buen ejemplo. Vapuleó 6-1 a Polonia, como en los viejos buenos tiempos, pero perdió sus dos enfrentamientos ante Países Bajos, uno de ellos, de forma muy fea. Fue un 4-1 en contra y de local, más encima.
Un factor de tranquilidad es que el Grupo F no debería oponerle obstáculos porque, aparte de Croacia, los otros dos rivales son Canadá y Marruecos. Ya en octavos, sí o sí tendrá una prueba de fuego que puede tumbarla o llenarla de confianza. Es que el rival seguramente saldrá de entre España y Alemania, que seguramente ocuparán los dos primeros puestos en el Grupo E.
El español Martínez mantiene inalterable su esquema con tres defensas centrales. Los experimentados Alderweired (Royal Antwerp) y Vertonghen (Benfica) son fijos. El tercero puede ser el bisoño Zeno Debast (Anderlecht), de 19 años, a quien el técnico comenzó a poner en los últimos amistosos.
Los carrileros varían de partido a partido, dependiendo de la mayor fortaleza o debilidad del adversario. A veces aparecen tipos con origen defensivo, como Timothy Castagne (Leicester) y Thomas Meunier (Borussia Dortmund), y en otras, punteros reales, como Yannick Carrasco (Atlético Madrid), Thorgan Hazard (Borussia Dortmund) y Leandro Trossard (Brighton).
Los volantes defensivos son el eterno Witsel (Atlético Madrid) y el emergente Youri Tielemans (Leicester). Ambos poseen una alta claridad de juego que facilita a Bélgica pasar a zonas de ataque sin mucha dificultad y con rapidez.
Arriba, a pesar de sus decaídas, no son imaginables las ausencias de Lukaku y Eden Hazard. Está claro que partirán como titulares y sólo rendimientos derechamente malos podrían ameritar sus salidas. El tercer delantero debería ser del tipo escurridizo y veloz, para que Hazard no se lleve toda la responsabilidad del desequilibrio individual. El joven Jérémy Doku (Stade Rennes) es una posibilidad. La otra es el veterano Mertens (Galatasaray), que en la selección siempre salta a la cancha cuando las cosas se ponen difíciles.
A despecho de algunas declinaciones, el seleccionado belga jugará en Qatar con la seguridad que le da su fortaleza colectiva y, sobre todo, la ambición de ahora sí llevarse el premio mayor.
