Columna de Felipe Bianchi: Ha vuelto el viejo y querido Magallanes
Así no más. «Apenas» 36 años después de abandonarnos y pagar el precio de sus errores y problemas, el equipo albiceleste está de vuelta en la primera división de nuestro fútbol.
Por FELIPE BIANCHI LEITON / Foto: AGENCIAUNO
Celebra Magallanes, uno de los ocho fundadores del profesionalismo. El primer campeón, en 1933. El primero en alcanzar un tricampeonato. El padre, ni más ni menos, del gran Colo Colo. El viejo y querido Magallanes, como decía Julio Martínez. Los Carabeleros. Manojitos. El club de la bandita, declarada hace unos años por la Unesco “Tesoro de la Humanidad”; agrupación que fuera creada al iniciarse los años sesenta por el gordo Nissin Sadia, uno de los barristas más queridos de todos los tiempos junto a Jorge Yuraidini y su trompeta (cuando los líderes de las barras eran gente de bien, querida y respetada, seria, sin gesto alguno de violencia).
Magallanes. El equipo fundado por profesores normalistas donde alguna vez jugaron los hermanos Arellano, Pancho Las Heras, Mario Soto, Fernando Espinoza, Gustavo Laube, Adolfo Nef, Alberto Quintano, Ivo Basay, Luis Marcoleta, Julio Suazo, el chico Luis Pérez, Eduardo Vilches, Scatolaro, Juan el “Rápido” Rojas, Arturo Jáuregui, Rodrigo Santander, Lucho Venegas, Emiliano Astorga, el “Fino” Toro y tantos otros que nos llenaron el gusto, los días y la vida.
Magallanes. El equipo que partió llamándose Club Atlético Escuela Normal, hace ya 125 años, jugando en la cancha de tierra del Parque Cousiño, con los pocos equipos que existían en Santiago en esos años: Thunder, National Star y London, entre otros, todos de clara raigambre británica. El mismo que luego pasó a llamarse Baquedano Football Club y que recién en 1904 adquirió su nombre definitivo, compitiendo y siendo campeón de los torneos amateurs de 1908, 1913, 1916, 1920 y 1921.
Magallanes, que en sus inicios usaba camiseta listada blanca y roja y pantalones blancos, hasta que llegó a los colores actuales en 1908, probablemente homenajeando a la selección argentina.
Magallanes, que debe su nombre, según dicta la historia, a la resonancia y el recuerdo en esos años en que se iniciaban el siglo 20 y se fundaba la institución, del marinero y descubridor portugués (que en rigor se llamaba Fernao de Magalhaes) a raíz de uno más de los muchos conflictos limítrofes con Argentina, que terminó otorgándole a Chile justamente el Estrecho de Magallanes.
Magallanes, el merecido y fenomenal campeón que hoy deja en la historia a un puñado de chicos jóvenes de gran futuro y a un grupo de jugadores viviendo un segundo aire y una nueva oportunidad, jugadores emblemáticos como César “Chester” Cortés, el “Mago Jiménez”, Felipe Flores, Albert Acevedo, “Pupy” Vásquez, Nico Crovetto o Carlitos Villanueva (incluyamos también a Braulio Leal, que se retiró jugando por los albicelestes), todos mayores o de la misma edad que su líder, el joven entrenador Nicolás Núñez.
No le alcanzó a Cobreloa, otro histórico de nueva cepa, porque por esas cosas raras, ridículas, insólitas e injustas de los torneos nacionales, salir segundo ya no sirve de nada. Por razones monetarias, el subcampeón debe esperar el desarrollo de una absurda liguilla entre el tercero y el sexto para volver a poner todo en juego. ¿Qué tan absurdo es, deportivamente? Imagínese que, con sus 68 puntos, el equipo de Calama terminó el torneo 16 puntos arriba de Copiapó y San Felipe, 21 puntos sobre Puerto Montt y 22 sobre la Universidad de Concepción… y, sin embargo, deberá definir con ellos quién es el segundo que sube. Una aberración deportiva, pero lo deportivo dejó de ser importante hace demasiado tiempo en nuestro fútbol.
No corresponde, digo yo, como no corresponde que los senadores y diputados en ejercicio, tomando la legítima decisión de abandonar las filas del partido que los llevó al cargo… se mantengan en el mismo. Eso es una falta de respeto para el votante y para el sistema. ¿Cómo podríamos saber si el o la honorable están en su puesto por méritos propios o por el peso y el paraguas del partido que los llevó hasta allí? Es imposible, muy poco objetivo y meramente intuitivo elaborar cualquier tesis al respecto. Y en esas condiciones lo lógico, lo normal y lo decente sería renunciar al partido de origen, pero también al cargo… cosa que nadie hace. Inaugurando una nueva forma de hacer trampa a la vida y a la gente. Ya pasaba cuando, por asumir responsabilidades de gobierno, un senador o diputado olvidaba su compromiso y dejaba su cargo antes de tiempo, siendo reemplazado por un miembro de su mismo partido. Y si eso era y es así, ¿por qué en el caso de renuncia no sería lo mismo? ¿por qué, siguiendo la lógica, no se deja el puesto a otro miembro del mismo partido si eso dicta el uso y la costumbre? Pregunta para la casa.
