¿Qué perdemos si se va Cagigao?

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Por Sergio Gilbert
Actualizado el 25 de agosto de 2022 - 3:06 pm

El 31 de diciembre vence el contrato del director deportivo de la Federación de Fútbol de Chile y, hasta hoy, su futuro es incierto. Columna de Sergio Gilbert sobre la continuidad del personero.

 

Francis Cagigao parece estar viviendo sus últimos meses como director deportivo de la Federación de Fútbol de Chile. Al menos eso es lo que ha trascendido y que el propio ex futbolista inglés-español no ha desmentido. ¿Lo echan? ¿Renunció? Puede que no sea formalmente ninguna de esas alternativas. Cagigao tiene un contrato definido que vence el 31 de diciembre de este año y, como en todo ese tipo de acuerdos, el tema no es si finaliza, sino si se renueva.

Y al parecer, esto último, no pasaría.

¿Sería injusto?  En realidad, la pregunta que hay que hacerse es si la labor de Francis Cagigao estos años ha sido benéfica para el desarrollo del fútbol chileno o ha sido más bien decorativa. Y eso en verdad no se sabe mucho.

Por eso, hay que ir diseccionando.

Sin duda que la mayor resonancia que ha tenido su labor tiene que ver con el trabajo que se realizó en la selección adulta donde Cagigao participó al menos en dos grandes y fundamentales tareas: elegir el reemplazo del técnico Reinaldo Rueda y generar nuevo material de jugadores disponibles para la Roja.

Y ahí, claramente, Francis Cagigao no anduvo para nada acertado.

Si bien no hay que cargarle sólo a él la elección de Martín Lasarte como sucesor de Rueda (una decisión malísima, carente de sentido, poco afortunada) es un hecho que se esperaba más de él en términos de búsqueda de alternativas que le dieran mayor robustez al plantel de la Roja. Es verdad que en el momento de la búsqueda de nuevo seleccionador, hubo otras posibilidades que quizá le hacían más sentido al gusto de Cagigao (Almeyda, Heinze, Benítez), pero el hecho de que él amparara y justificara la llegada de Lasarte lo hace, al menos, cómplice de una pésima decisión.

Tampoco Cagigao estuvo muy brillante en eso de traer jugadores a la Selección en momentos que se requerían alternativas. El director deportivo se vanaglorió de la integración de Ben Brereton -aunque la misma familia del jugador dice que fue Reinaldo Rueda el que lo contactó-, pero fracasó totalmente en la operación (que sí fue ideada por él) que tenía como objetivo sumar al delantero chileno-estadounidense Robbie Robinson.

Claro. Como director deportivo, Cagigao no puede ni debe asumir como propio y en exclusiva el fracaso competitivo de la Selección tanto en la última Copa América como en las eliminatorias al Mundial de Qatar. Pero es un hecho que hay que remarcar que, en lo que le tocó a él, no estuvo para nada acertado. Y eso debe reconocerlo.

La otra parte de su labor, la de la planificación a mediano o largo plazo en el trabajo de diseño técnico del fútbol chileno, la de la “construcción de cimientos” como él mismo lo califica, es menos conocida. Tanto, tan callada y silenciosa es en verdad que no se puede calificar ni de buena ni de mala.

Lo único que se ha podido visualizar en la labor de Cagigao como constructor de un proyecto es la designación de entrenadores y cuerpos técnicos de las selecciones menores y el impulso a trabajos más o menos regulares con partidos y giras incluidas.

Bien por eso. Pero eso es el mínimo exigible para cualquiera que se supone es el jefe técnico de un equipo o, en este caso, de una federación.

Cagigao, al menos que se sepa públicamente, no ha expuesto su plan de desarrollo en forma detallada. No ha dado plazos ni metas. Tampoco ha contado cómo piensa hacer lo que supuestamente quiere hacer. No a los periodistas, a los entrenadores, a los jugadores, a los que toman las decisiones en los clubes.

Nada de nada. Sólo deslizó la creación de centros de captación de jugadores en las zonas norte, centro y sur del país. Una idea más vieja que el hilo negro…

Así las cosas, hay poco argumento para justificar su continuidad. Pareciera que da lo mismo. O que se pierde poco con su partida.

Y eso no habla bien de su trabajo.