Las otras cifras del Superclásico
Completo y revelador balance sicoestadístico del cometido de la U en el desastre de Talca.
Universidad de Chile se encamina a un nuevo antirrécor en su añosa (ya no digamos enconada) rivalidad con Colo Colo: va a enterar una década sin ganarle. El agónico gol de Charles Aránguiz a Eduardo Lobos en el arco sur del Nacional, en mayo del 2013, marcó la última vez que los azules celebraron ante los albos al término de los 90 minutos.
El asunto ya excede todo análisis futbolístico. Ergo, habrá que recurrir al estudio y seguimiento de otro tipo de dimensiones, más emparentadas con la sicología deportiva y a argumentos que, más que aquellos tácticos o técnicos, pasen por factores como fortaleza mental, “el peso de la historia” y todos esos parámetros que los puristas han considerado hasta ahora patrañas que sacan a los jugadores de lo que consideran el foco principal y único: la pelota y qué hacen con ella.
En este jueguito la mente gravita más de lo que se cree. Le pongo un solo ejemplo y a propósito de otra paternidad, la que por 13 años ejerció la misma “U” sobre Católica. La racha negativa de los de la franja ante los chunchos fue hecha añicos un 21 de octubre de 1984 y adivine por quién. Por el menos dotado futbolísticamente del plantel cruzado de entonces: Gino Valentini, quien anotó el postrero 3-2 a favor de la UC.
El que torció el destino y se llenó de gloria no fue ni “el mortero” Aravena ni Juvenal Olmos ni “Arica” Hurtado ni Miguel Ángel Neira, que estaban en la cancha esa noche. Nada más y nada menos que un patadura le sacó esa dolorosa espina a su equipo.
Por todo lo anterior, le he pedido a mi equipo de estadistas un exhaustivo barrido de todos aquellos elementos que grafican el peso de un temple alicaído, una moral corroída y un espíritu dubitativo e inseguro en el resultado de un partido de fútbol, en este caso, del U. de Chile 1 – Colo Colo 3, que tuvo lugar en Talca este domingo.
Por razones impresionantemente obvias, les pedí centrarse solamente en los jugadores, hinchas, dirigentes y cuerpo técnico de la “U”. Vamos a ello.
Tiritones de pera: 15.609. El más notorio correspondió al del “Chorri” Palacios al momento de pararse frente a la pelota en el penal y notar que ningún compañero le peleaba el lanzamiento. Lo marró.
Retorcijones estomacales: 271.260. Por ejemplo, los experimentados por Seymour y Junior al darse cuenta de que pisaron el palito en la jugada de laboratorio que ensayaron exitosamente los albos en este entrenamiento con público. Tiro libre de Gil, la pantalla de Pavez engañó al cándido volante y el indolente brasileño nacionalizado soltó la marca de Lucero. Fue el 3-1.
Despejes sin intención de enhebrar un contragolpe: 78, casi todos de esa aceitada máquina para atraer detractores, Ignacio Tapia.
Pases sin convicción: 190. Hubo uno bueno, de Assadi a su rival, el “torta” Opazo. Sí, fue bueno porque el lateral de Colo Colo iba a servir un lateral y el juvenil universitario se la dio, amablemente, con el pie, haciendo gala de una precisión admirable.
Actos fallidos: 25. Dos ejemplos: el primero, el del entrenador Diego López al hacer ingresar a Seymour por Poblete (guardando las proporciones, algo parecido a que en su época hubiera entrado Chiqui Chavarría por David Pizarro). Inconscientemente quiso decir “cuidemos el 1-2. No quiero que nos goleen”. El segundo, cuando el uruguayo metió al imberbe Cordero y sacó del campo al talentoso Osorio. Su otro yo había cambiado de opinión y su subliminal raciocinio fue “¿y si nos golean no más? Así les echo la culpa a los jugadores y zafo”.
Cuadros músculofaciales de alivio registrados en el estadio al terminar el partido: 6.736. Desglose: 6.695 personas (hinchas presentes) + 10 (cuerpo técnico de la U) + 18 (jugadores azules convocados) + 13 (jugadores azules no convocados). No se detectaron estas sensaciones entre los dirigentes que acudieron a Talca. De hecho, entre ellos se constató más bien la adrenalina típica de cuando alguien está a punto de salir de vacaciones. Extrañísimo.
Pesadillas sufridas por los jugadores esa noche: no hubo ningún caso. Fue una jornada absolutamente normal (ganó Colo Colo, como siempre), lo que propicia las condiciones para que el subconsciente no sienta desasosiego ni se sobresalte en paralelo al descanso del organismo.
Síntomas de miedo institucional: aún mis asesores están calculando la cifra, que está en permanente expansión.
Posibilidades de contratar más jugadores de Huachipato para sacar a flote esto: se incrementaron, de 82 a 94%.
