Panamericanos 2023: ¿estamos preparados?

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Por Sergio Gilbert
Actualizado el 28 de julio de 2022 - 7:14 pm

Ser organizador de un Panamericano y de un Parapanamericano debería tenernos locos, motivados al máximo, contando las horas para que empiecen. Debería ser tema de conversación, de debate en los medios, de foco de interés turístico. En definitiva, tendría que ser un orgullo y una responsabilidad. Un tema-país, como le gusta decir tanto a los políticos.

 

No hay muchas estadísticas a las cuales recurrir porque todas las empresas encargadas de hacerlas -las serias y las no tanto- tienen hoy todos sus esfuerzos humanos y recursos monetarios puestos en el Plebiscito de salida que aprobará o rechazará la nueva Constitución el 4 de septiembre próximo.

Está bien, hay prioridades.

Pero si alguna de estas empresas consultoras se diera un tiempo para hacer una pregunta deportiva (¿sabe usted cuándo se realizarán los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos en Santiago?) no hay que ser brujo ni mago para anticipar que un bajo porcentaje de esos teóricos consultados daría la respuesta correcta sin consultar Google (N. de la R.: La respuesta correcta es entre el 20 de octubre y el 5 de noviembre de 2023, la primera de las competiciones, y entre el 17 y 25 de noviembre, la segunda).

Es una realidad dolorosa. A poco más de un año de las fiestas más importantes de la historia deportiva de Chile (sí, superior incluso al Mundial de fútbol de 1962 por cantidad de participantes) no solo no hay ambiente, sino que, derechamente, hay ignorancia de la ciudadanía.

Claro, Chile, como sabemos, no es un país deportivo, sino que uno que, ante ciertas situaciones específicas, se motiva con alguna disciplina o exponente. Y eso pasa porque lo que hay en el ambiente nacional es un deseo de ganar y no una cultura de competencia, como nos legó el Barón Pierre de Coubartain.

De cara a cualquier torneo o campeonato, el chileno medio se pregunta con quién jugamos y qué posibilidades tenemos de ganar títulos, copas o medallas y no de enfocarse en la belleza de que uno (s) o una (s) de los nuestros tenga la opción de medirse con otros en alguna disciplina.

Somos poquita cosa desde el punto de vista deportivo y, cada tanto, queda claro que no nos interesa salir de esa zona de mediocridad.

Ser organizador de un Panamericano y de un Parapanamericano debería tenernos locos, motivados al máximo, contando las horas para que empiecen. Debería ser tema de conversación, de debate en los medios, de foco de interés turístico. En definitiva, tendría que ser un orgullo y una responsabilidad. Un tema-país, como le gusta decir tanto a los políticos.

Pero no es así. Es al contrario. Porque nadie pesca los Juegos. Ni la prensa, ni el gobierno, ni la población. Al menos de la forma en que debería pescarse.

De hecho, a poco más de un año de los Juegos, hay retraso en las licitaciones de obras en varios recintos (por ejemplo, dos piscinas en el Estadio Nacional y el gimnasio para la lucha y el boxeo del Centro Elige Vivir Sano de La Reina, entre otros) que, mientras más demoren, encarecerán exponencialmente el costo de los Juegos que ya subieron de 300 a 500 millones de dólares, lo que redunda, como efecto, en menos apoyo a los deportistas nacionales para su preparación competitiva y en su desarrollo futuro.

Sí, estamos en la B y ahora que nos dieron la opción de salir del foso, estamos más cerca de irnos al descenso directo.

Ya está bueno. Córtenla de una buena vez.