Los jóvenes sí pueden esperar
Holan y Quinteros piden y exigen refuerzos porque saben que la competencia es dura y que es necesario armarse. Ojalá con hombres avezados o, al menos, con cierto nivel de capacidad probada.
Por SERGIO GILBERT J. / Foto: PHOTOSPORT
Universidad Católica se rearma para el segundo semestre y la urgencia por volver a la pelea por el título -y conseguir un inédito pentacampeonato- los obliga a tomar decisiones drásticas: reforzarse de la mejor manera posible y por eso la dirigencia de Cruzados apunta a llenar el cupo permitido de contrataciones con el lateral Mauricio Isla, el defensor central Daniel González (quienes ya están en San Carlos de Apoquindo) y el volante César Pinares (a punto de confirmarse).
Los tres, sin duda, llegan para ponerse la camiseta y ser titulares de inmediato. Los tres tienen posibilidades de escribir una historia feliz en la UC. Pocos dudan de eso. Y nadie lo cuestiona, aunque la llegada de esos tres jugadores, a la larga, atenta contra uno de los principios más enarbolado por los cruzados: la promoción de lo valores jóvenes venidos de su siempre fructífera y orgullosa cantera.
Sí, claro. Isla fue formado en San Carlos. Vivió todo su proceso de crecimiento ahí. Pero convengamos que el Huaso no llega hoy a la UC por eso sino, más bien, por todo el carrete adquirido durante su carrera… fuera de la Católica.
González y Pinares, en tanto, son más ajenos aún a las divisiones menores cruzadas. El primero fue formado en Santiago Wanderers y el segundo, en Colo Colo. O sea, por rivales.
La pregunta obvia es la siguiente: si Universidad Católica tiene un trabajo de series menores que es un lujo a nivel incluso sudamericano ¿no tiene hoy un lateral, un zaguero central y un volante que sea capaz de cubrir los puestos que requiere la UC para potenciarse?
No contestemos, por ahora. Sigamos con el tema.
Colo Colo mostró en los últimos dos años, por diferentes motivos, un grupo interesante de jugadores jóvenes en su primer equipo. Algunos, como Jeyson Rojas, Vicente Pizarro y Joan Cruz, hasta se quedaron con la camiseta de titular por un lapso de tiempo interesante. Un orgullo para los albos. Un futuro esplendoroso, se dijo…
Sin embargo, llega la hora de los refuerzos tras lesiones y bajas de rendimiento de algunos y el DT Gustavo Quinteros fija la mirada en el mercado internacional. Los chicos, los que apuntaban para ser el famoso recambio del equipo albo, en verdad solo están para la emergencia o para cumplir con la regla de los Sub 21. Esa es la realidad.
Entonces surge una nueva pregunta: ¿es verdad que se trabaja bien a nivel de series menores albas o en verdad es solo un eslogan?
Puede que sea parte de uno y de otro.
Porque Colo Colo, al igual que Universidad Católica, sí invierte sumas interesantes en la labor de las inferiores. Pero eso no significa que la producción de jugadores satisfaga la demanda del primer equipo de ambos.
Esa es una realidad que parece indesmentible.
Porque a pesar de que el discurso populista señala que en ambos existe material joven al cual echar mano, la verdad es que no. O al menos no en la cantidad y calidad que alguna vez ellos mismos pregonan.
Los entrenadores Holan y Quinteros piden y exigen refuerzos porque saben que la competencia es dura y que es necesario armarse. Ojalá con hombres avezados o, al menos, con cierto nivel de capacidad probada.
No se les puede criticar por eso si, de hecho, a esos DT se les evaluará no por la cantidad de jóvenes de la cantera que colocan sino que por los resultados obtenidos en cada torneo que enfrentan.
Es la realidad. La cruda verdad.
Los jóvenes pueden esperar. Y no es un pecado.
