Marcelo Bielsa y una generación dorada
El “Mago” Valdivia comentó que para él, el técnico argentino le cambió la mentalidad y la forma de jugar a la selección chilena y que si no se hubiese ido lo más probable es que ya tendríamos una segunda y tercera generaciones en pleno proceso de consolidación.
Por GERARDO SILVA
Casualmente leí una publicación en las redes sociales de un destacado comunicador deportivo de la Sexta Región. En su publicación don Gabriel Aros Manzor replicaba dichos de Jorge “Mago” Valdivia, qué decía: “Digan lo que digan, Marcelo Bielsa cambió la mentalidad y la forma de jugar de nuestra Selección, le entregó fundamentos tácticos importantes para conseguir los mejores resultados, seguramente si él hubiese continuado a cargo de la cabina técnica de la Selección, tendríamos una segunda y una tercera generación en proceso”.
Ante esta opinión no puedo quedar indolente, porque la verdad me hizo mucho sentido. Quizá lo que le faltó decir al “Mago” Valdivia es que seguramente muchos de estos futbolistas ya estarían retirados y galardonados como corresponde. Esta opinión es mucho más razonable que aseverar que el rosarino le cambio la mentalidad al fútbol chileno. Esto último nunca fue, seguimos siendo los mismos chacoteros e irresponsable de siempre.
Claramente la frase del “Mago”, que comparte con nosotros él siempre locuaz y amigable reportero de Doñihue, es algo que sí podemos imaginar. Claramente, con la continuidad de Bielsa estaríamos viviendo un proceso de recambio natural, de eso no hay dudas. El argentino sí ofreció una impronta distinta a lo que acostumbraba nuestro combinado nacional hasta su llegada, mucha dinámica, desdoblamientos, rápidas transiciones, muchísimo volumen ofensivo, juego construido y agresivo, mirando siempre el arco de enfrente sin descuidar el propio. A eso le agregó fortaleza mental y un gran sentido de compromiso. De verdad, Chile durante su estadía sorprendió gratamente al fútbol mundial, en tiempos que poco y nada se esperaba del equipo de todos.
Con rigurosidad, compromiso y profesionalismo, Marcelo se ganó el cariño y el respeto del aficionado, pero principalmente, y quizá lo más importante, se ganó la credibilidad del futbolista, situación que no ocurre habitualmente, por cuanto lo mencionado por el «Mago» Valdivia me parece absolutamente ajustado a un positivo razonamiento y análisis.
Recordemos que aquellos que se transformaron en ídolos abruptamente se quedaron sin su mentor, convengamos que con el envión impulsado por Bielsa, alcanzó para escribir hitos históricos y sin parangón, sin embargo todo lo que sube tiene que bajar. Y es en ese preciso momento donde los futbolistas advirtieron que el puesto de entrenador estaba cubierto, pero el de líder estaba vacante y fue ahí donde, apoyados en el entorno triunfalista y embriagador, fueron los propios seleccionados los que se adueñaron de la Selección y se quedaron para siempre. Triste realidad, pasaron buenos entrenadores, que quedaron para siempre en la historia dorada de nuestro fútbol, pero nos quedamos sin líder. La renovación debió ser permanente, pero no hubo nunca más quien se sentara en el banco con autoridad para hacerlo cómo lo hizo el trasandino.
De todas formas, el camino está marcado, por la misma razón no logro entender cómo es que los directivos en nuestro alicaído fútbol chileno, habiendo sido testigos de cómo se luchó y se trabajó para posicionar en el fútbol mundial a este grupo de jóvenes, no tengan la capacidad de volver a realizarlo. Tenemos claro que no se preparó ni una segunda ni una tercera generación, sino que quedamos cautivos de una que nos hizo felices y a la que le rendimos tributo cada vez que entra a la cancha y nos negamos, con una tremenda pasión, terquedad y negación, a que se extinga.
Ya recorrimos el camino, no hay nada más que hacer, me pregunto qué nos hace pensar qué los históricos lograrán una clasificación al Mundial si ya hace cuatro años no pudieron asistir porque el rendimiento no fue bueno. No son superhéroes, sólo son buenos futbolistas que ya están en decadencia.
¿Podrán los mismos futbolistas, con todo el desgaste que han tenido en su largo caminar, rendir mejor que hace cuatro años? ¡Imposible! Yo definitivamente creo que no. De lo que sí estoy seguro es que llegó el momento para empezar de nuevo y entregarle todos los fundamentos a una nueva generación, con un técnico que tenga la jerarquía, la pasión y frescura para repetir los años dorados de nuestro fútbol y que los que se transformaron en ídolos y ganaron tanto se despidan con dignidad. Es lo mínimo que merecen.
