Copa América: el “último baile” de una “generación dorada” que se extingue
La calidad y categoría de los “viejos estandartes”, hoy por hoy, nos da apenas para triunfos laboriosos, empates sufridos o derrotas dignas, como la experimentada frente a Brasil. Está claro que, ofensivamente, padecemos de una anemia que espanta. Como los que probaste no dieron el ancho, Lasarte, obligatoriamente vas a tener que optar por la audacia.
Por EDUARDO BRUNA
En cuanto sospechamos que, producto de un solo partido ganado, el puntaje no nos daría para eludir a Brasil en la fase de cuartos de la Copa América, supimos que hacerse ilusiones de seguir avanzando para intentar repetir esos logros de 2015 y 2016 iba a ser poco menos que imposible. Por la jerarquía del rival, obviamente, que además jugaba en su casa; pero por sobre todo porque, ausente Alexis, contamos con muy poco poder de fuego para aspirar a algo más que un partido estrecho o una derrota digna, como fue la observada en el Estadio Nilston Santos, de Río de Janeiro.
Queda claro que sin Alexis, o un Alexis a medias, como fue esta vez, la Roja cuenta con muy pocos recursos como para vulnerar defensas rivales y llegar al gol. La pobre producción ofensiva en este torneo, además, es la misma que veníamos observando dramáticamente en los partidos clasificatorios, y que nos llevó a decir, sin ninguna pretensión de ser agoreros o fatalistas, que las posibilidades de llegar al Mundial de Qatar eran ínfimas, por mucho que de camino todavía quede bastante.
Cualquiera de las selecciones en disputa posee más “punch” que nosotros.
Una selección que pierde en Venezuela, cuando la costumbre era ganar, y que se muestra incapaz de derrotar a Bolivia en su propia casa, en realidad no tiene mucho derecho a soñar. Con mayor razón cuando, a la vista del calendario de partidos, esos seis puntos se daban por casi asegurados. Porque, además, es una mentira tan flagrante como machacona aquella de que “esos puntos se pueden recuperar más adelante”. No es así. Excepto que vayas a ganarle en su propia casa a brasileños, argentinos y colombianos, por ejemplo.
La cruda realidad es que nuestra denominada “generación dorada se extingue” y el fútbol chileno actual ha sido incapaz de producir jugadores de un nivel parecido. La mayor prueba de ello es que seguimos echando mano a Eduardo Vargas, uno al que se le nota más el tiempo transcurrido y que, a pesar de todo, cumplió incluso más allá de las propias expectativas que a estas alturas de su recorrido podría generarnos. Anotó dos goles y echó al resto para a ratos aproblemar a ratos solito a la defensa brasileña, pero está claro que del “Turboman” de hace diez años es poco lo que va quedando. La velocidad y la explosión de antes está claro que ya no existen, pero no es su culpa que todavía no aparezca el jugador llamado a desplazarlo.
Tampoco hemos producido otro Bravo, otro Medel, otro Vidal, otro Aránguiz, otro “Mago” Valdivia ni otro Sánchez. Y como los clubes nuestros han sido incapaces de producir jugadores de su talla, la “generación dorada” se nos extingue irremediablemente, por más que los muchachos sigan prodigándose y entregándose enteros, queriendo ser siempre protagonistas de ese “Ultimo baile”, que inspiraron Michael Jordan y los Chicago Bulls.
Desde esa Roja gloriosa hemos ido perdiendo mucho con el paso de los años, partiendo por la intensidad con que la Selección jugó con Bielsa, con Sampaoli e incluso buena parte del tiempo con Pizzi. La juventud y la ambición por ser diferentes hacían que esos jugadores en la cancha volaran, imprimiendo una marca y un ritmo que descomponía a cualquiera, y que llevó incluso a que la prensa extranjera calificara al equipo como el de “Los Perros Salvajes”. Eso, por razones también naturales, ya no existe. Las células de nuestros muchachos siguen siendo nobles, sólo que el físico ya no responde como el corazón y el cerebro mandan.
Como en toda Copa América, hubo por cierto aspectos destacables. La consolidación, por ejemplo, de Sierralta como un zaguero central confiable. Estamos claros de que no es un nuevo Elías, pero tampoco es torpe con el balón en los pies y su estatura y buen juego aéreo de todas formas se agradecen. No cabe duda que, como en el caso de Maripán, jugar al lado de un crack, como Medel, le ha servido mucho más que las indicaciones de cualquier técnico.
Caso también notable fue el de Mena, parejito y rendidor, lo que irremediablemente llega a preguntarse en qué mundo vivía Reinaldo Rueda, que nunca lo tuvo considerado. ¿Nadie te mencionó nunca a Mena, colombiano? ¿Nunca viste un partido de Racing a través del cable para enterarte de que el muchacho no sólo era chileno, sino integrante habitual de otros seleccionados?
Ciertamente, no se puede dejar de mencionar a Ben Brereton, este inglés-chileno que llegó como toda una incógnita pero que, sin embargo, en lo que alcanzó a jugar demostró que es una carta más que confiable para al menos intentar combatir la aguda anemia ofensiva que padecemos. De buena estatura, zancada larga y para nada un tronco con el balón en los pies, no cabe duda de que, para la pobreza de nuestro fútbol, Brereton fue todo un hallazgo. Y eso que no pudo sentirse cómodo en un equipo que, buscando al máximo no arriesgar, hace excesivamente lenta la salida. ¡Todo lo contrario a lo que el muchacho está acostumbrado en Inglaterra…! Porque hubo muchas veces que el gringo picaba y picaba buscando los espacios, sólo que no tenía quien le diera un pase con ventaja.
No sólo eso: hubo incidencias en que claramente sus compañeros lo ignoraron olímpicamente, incluso viéndolo excelentemente bien ubicado. Me niego a pensar que haya sido a propósito, pero tanto Meneses como Palacios, que prefirieron rematar ellos, me dejaron con la bala muy pasada. Es mejor pensar que, como todavía lo conocen poco, confían más en otro compañero o en ellos mismos antes que en el gringo.
Como siempre, también, hubo jugadores que no estuvieron a la altura de lo que de ellos se esperaba, al menos por parte de Martín Lasarte. Me refiero a César Pinares y a Carlos Palacios, en ese orden.
El ex Unión Española, hoy suplente en el Inter de Porto Alegre, no aprovechó los minutos que le dio el técnico. Enredado, poco claro, nunca supo qué hacer con la pelota en sus pies, salvo tocarla hacia atrás o hacia el lado. Su pretendida habilidad, que en el fútbol nuestro destacaba, nunca se pudo apreciar vistiendo la Roja. No es para fusilarlo, ni mucho menos, pero sin duda que todavía le falta mucho para ser jugador de selección. Ahora, si sigue desaprovechando oportunidades, quedará una vez más en claro que entre un buen jugador de club y un buen elemento para la Roja hay un mundo de diferencia.
El caso más serio o grave es el de Pinares. Viene teniendo hace tiempo la ocasión de mostrarse y justificar sus nominaciones sin que las haya aprovechado. Se decía que porque no tenía los minutos adecuados, pero frente a Paraguay ingresó como titular y, pese a eso, no logró superar la opacidad de otras actuaciones viniendo desde el banco. Como gustan de decir hoy los comentaristas de radio y de TV, “después de esta Copa América, Pinares devolvió la camiseta”.
Nos parece que, a estas alturas de lo que es nuestra absoluta mediocridad como selección, ofensivamente hablando, quedando fuera de Copa América y con una interrogante inmensa acerca de lo que será nuestro transitar futuro rumbo a Qatar, Lasarte tendrá sí o sí que patear el tablero y jugársela por la audacia. Que le dé más minutos a Diego Valencia, que desde un principio tenía más credenciales que Arriagada, el promisorio chico de Colo Colo. Que pruebe de una buena vez con Montes, que en ningún caso es menos que Meneses. Que vea a Marcelino Núñez, que tampoco –creemos- podría hacerlo peor de lo que hasta aquí lo ha hecho Pinares.
¿Qué son muy nuevos, muy inexpertos? Claro, pero la única forma de medirlos para saber cuánto valen es tirándolos a los leones. Y los tres muchachos de Universidad Católica han demostrado, al menos en Copa Libertadores, que no es poco decir cuando se habla de confrontación internacional, que tienen capacidad, ganas y atrevimiento.
Ni los tiempos de pandemia ni el sobrecargado calendario de competencias permiten, hoy por hoy, la realización de partidos internacionales amistosos, para ir fogueando a los muchachos y ver cuánto son capaces de dar.
Juégatela, Lasarte. Porque se entiende perfectamente que, a pesar del recorrido y de los años, sigas teniendo como base de tu equipo a los “viejos estandartes”. Pero como está más que comprobado que de media cancha en adelante no le hacemos un gol ni al arco iris, ya es hora de dejar de insistir con los mismos de siempre. Así como Pulgar se impuso en ese grupo de “mamitas” que tenemos, ¿por qué no podrían hacer lo mismo esos cabros que vienen pidiendo cancha hace rato?
