Emparejemos la cancha para el técnico chileno

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Por Gerardo Silva
Actualizado el 23 de agosto de 2020 - 11:57 am

Entrenadores chilenos

Todos y cada uno de los futbolistas que han pasado a la historia del fútbol chileno fueron captados, formados y entrenados por técnicos chilenos, preparados convenientemente para intervenir en cada etapa de su formación, con esfuerzos máximos para afrontar la actividad, con los pies puestos en la tierra y respetando nuestra realidad.

Por GERARDO SILVA

El fútbol es un deporte transversal a la sociedad, su popularidad permite que todos se sientan con derechos a la práctica, la observación, el comentario y su análisis. Mucha gente se involucra desde sectores diversos con empoderamiento, lastimosamente para los chilenos nuestra historia de éxitos es pequeña, amplificada por un par de títulos sudamericanos de nuestra selección nacional, algunas clasificaciones a los mundiales, una copa libertadores y una sudamericana de clubes, la nada misma comparada con logros alcanzados por vecinos como Argentina, Brasil y Uruguay, por ejemplo.

La estadística histórica a nivel de selección dice que somos el sexto en Sudamérica, ni hablar de un atisbo de comparación con selecciones europeas, quizás sea esta distancia histórica y los últimos resultados también históricos, lo que nos confunde y no permite que seamos más racionales en la evaluación y análisis y así dejar que nuestras vísceras se tranquilicen.

Los últimos triunfos conseguidos por nuestra mejor generación de futbolistas nos tienen demasiado hiperventilados y ya nos creemos los mejores del mundo, fantaseamos y perdemos el sentido de la realidad con demasiada facilidad. Sin lugar a dudas que el trabajo de Marcelo Bielsa, Jorge Sampaoli y en menor medida el de Juan Antonio Pizzi, fue exitoso; no obstante, el costo de esto es ver desfilar una legión de técnicos extranjeros que han fracasado en nuestro fútbol sin aportar nada. Somos tan apasionados que le dimos sólo el crédito a los técnicos mencionados. Yo me pregunto: ¿De dónde sacaron a estos futbolistas? ¿Dónde estaban jugando? ¿Qué nacionalidad tenían los técnicos que los estaban dirigiendo? ¿Acaso José Sulantay, técnico nacional ya no había demostrado que esos jugadores tenían características distintas, que poseían mayor determinación para enfrentar los desafíos? 

Todos y cada uno de los futbolistas que han pasado a la historia del fútbol chileno fueron captados, formados y entrenados por técnicos chilenos, preparados convenientemente para intervenir en cada etapa de su formación, con esfuerzos máximos para afrontar la actividad, con los pies puestos en la tierra y respetando nuestra realidad. Debemos convivir con un entorno aficionado, amateur y poco conocedor, que escucha el verso y compra el humo, situación que complica aún más las cosas.

¿Hay periodismo especializado? muy poco, quizás el suficiente para un medio tan empobrecido. Los pocos abnegados, transparentes y veraces, también sufren para poner un poco de cordura y equilibrio, sin embargo, hay que sufrir y pagar las consecuencias. 

He tenido la oportunidad de leer declaraciones realizadas por un exitoso técnico nacional donde dice no tener temor a su actual desafío, porque su pasado le genera confianza, títulos y ascensos lo avalan, todo esto seguramente por el acoso negativo del que se siente víctima de un medio tan argentinizado. Él es un hombre de bajo perfil, que jamás ha hecho aspavientos de sus logros teniéndolos de sobra, como para haber sido considerado para un proyecto en un club grande de nuestro país. Su gran pecado es ser técnico chileno y heredero de fracasos añejos y triunfos morales y como segundo gran elemento pareciera ser que este tipo de proyectos están hechos a la medida para técnicos extranjeros sin currículum, primerizos e inexpertos que con rendimientos paupérrimos en el corto plazo abandonan, muchas veces pasan desapercibidos porque sin darnos cuenta, en su lugar ya asumió otro extranjero. Así funcionamos, así actuamos y así decidimos, ante la mirada indolente de muchos con autoridad y poder, que lejos de corregir permiten que «la industria» -como dicen ellos-, siga funcionando. 

Con esta reflexión seguro no conseguiré nada o quizás alguna crítica despiadada, pero en mi calidad de técnico de fútbol nacional es mi deber, a lo menos susurrar tímidamente una verdad gigantesca. Quizás un oído agudo puede iniciar el cambio, a trabajar, a prepararse, a investigar, a analizar, a reflexionar todos juntos por el bien de nuestro fútbol y por supuesto, cada uno desde su lugar, por el respeto que también cada uno se merece, por la necesidad de dignificar al técnico nacional y emparejar la cancha y que a lo menos tenga igualdad de condiciones para trabajar en este país.