Rueda busca lo que no existe
La doble fecha clasificatoria, por sobre el modesto punto conseguido, dejó para Chile un par de conclusiones. La más relevante pareciera ser que Reinaldo Rueda, en el comienzo de la competición que lleva a Qatar, logró perfilar una idea de juego en el equipo y que, nombres más o nombres menos, logró lo que parecía imposible hace un par de meses: conformar un plantel que pudiese amalgamar una mezcla entre “históricos” y “recambios”.
Por SERGIO GILBERT J.
El mérito no es menor si se considera que de cara a los partidos frente a Uruguay y a Colombia se fueron restando jugadores por problemas físicos, imponiendo con ello cambios de última hora y, por lo tanto, la conformación de oncenas inéditas que debieron armarse con urgencia en Pinto Durán.
Buena noticia fue, así, que jugadores como Francisco Sierralta, Sebastián Vegas, los hermanos Paulo y Nicolás Díaz, Claudio Baeza, Víctor Dávila y Brayan Cortés hayan entrado a la cancha y asumido responsabilidades mayores. Si bien no todos impresionaron y en algunos casos hasta cometieron errores que costaron goles dolorosos, sí quedó claro que la vieja base liderada en esta ocasión por Vidal, Sánchez, Aránguiz, Vargas, Fuenzalida e Isla tiene posibilidades de ser reemplazada en el mediano plazo. No ahora, pero sí en un par de años. No es mucho como ilusión, aunque es más de lo que se pensaba antes del inicio del proceso clasificatorio.
En todo este panorama -algo más alentador que pareciera que tenemos hoy-, sí existen ciertas contradicciones que Reinaldo Rueda aún no resuelve. Y eso tiene que ver con su insistente búsqueda de jugadores que él considera claves: el principal, el “9” de área, el centrodelantero, el artillero. El que se supone debe ser el goleador.
Está claro que Rueda llamó a Eduardo Vargas y le dio la titularidad en los dos encuentros sin pleno convencimiento. Sea porque efectivamente cometió alguna indisciplina al inicio del proceso o porque derechamente siente que ya no es el delantero letal que era hace un par de años, es un hecho que Rueda está abocado de modo obsesivo en encontrar quien haga olvidar a Edu (tal como Pulgar hizo lo propio con Marcelo Díaz). El problema para Rueda es que no ha logrado encontrar ese reemplazo. El DT colombiano tenía todas sus fichas puestas en Nicolás Castillo, pero su irregular campaña tanto en Europa como en México, más la grave lesión en el muslo que derivó en trombosis tras la operación, lo dejó al margen y, casi con certeza, descartado a futuro. El otro que apuntaba en el radar de Rueda era Felipe Mora, pero en verdad nunca llegó en su mejor momento a La Roja. Entonces, comenzaron los “palos de ciego” de Rueda para ver si le apuntaba a alguno, lo que produjo situaciones insólitas como probar ahí a Junior Fernandes, llamar a “observación” a un limitadísimo Stefan Pino o buscar algún joven con algo de sangre o pasaporte chileno que quisiera actuar por Chile (Sebastián Soto). Ello, sumado a la irracional propuesta de algunos de llamar a Paredes, Pinilla o Suazo que hoy están lejos, lejísimos, de estar al nivel físico que exige una eliminatoria.
La frenética e inconducente búsqueda de Rueda lleva, por cierto, a pensar que ya no puede perderse el tiempo esperando encontrar lo que hoy no existe. Al menos en el corto plazo. Por ello, pareciera más lógico que el DT colombiano se aboque a buscar alternativas de tipo táctico-estratégicas para suplir -o al menos, disimular- la carencia de un “9” clásico. Es decir, conformar un circuito para que, por ejemplo, Alexis Sánchez tenga mejor perspectiva de encarar en los metros finales o uno que le dé a Arturo Vidal la opción de llegar con potencia desde atrás para finiquitar.
Para eso sí hay material. Se puede armar un engranaje colectivo que permita que Chile no dependa de un jugador que no existe.
Ahí tiene tarea, don Reinaldo.
Revisa el análisis del Chile 2-2 Colombia, en ElÁgoraTV:
