O’Higgins: una vez más jugando con fuego

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Por Gerardo Silva
Actualizado el 24 de septiembre de 2021 - 11:23 am

Lo pensé mucho antes de escribir esta columna. Primero, porque en algún momento fui el entrenador de esta institución; segundo, porque a la gente le cuesta comprender que se puede dar una opinión objetiva y desinteresada. Sin embargo, si no hablamos los que alguna vez vivimos y sentimos lo que significa defender a la celeste, ¿quién lo podría hacer?

Por GERARDO SILVA

Me entristece muchísimo lo que está sucediendo con el autodenominado “Capo de Provincia”. Es verdad: O’Higgins de Rancagua no es un equipo grande; pero tampoco tan pequeño como para estar siempre enfrentando el fantasma del descenso. Y ya son muchas temporadas las que el equipo rancagüino fracasa en sus objetivos.

El club es dirigido por una sociedad anónima seria, que cumple sus compromisos, que invierte en la mejor infraestructura para que sus deportistas posean las mejores herramientas para desarrollar su trabajo profesional; sin embargo, no logra despegar. 

La actual administración llegó el 2006. Muchas cosas mejoraron, incluso hasta un título nacional se obtuvo de la mano del “Toto” Berizzo. De ahí en más, solo tristezas, penas y angustias. Pasaron un montón de entrenadores y la mayoría de ellos fracasaron: algunos no llegaron al 33% de rendimiento y tuvieron que partir.

Claramente algo no se está haciendo bien en la institución celeste. No puede ser que un club que se reestructura con estándares internacionales no logre implementar sus convicciones en un proceso de largo aliento y no pueda sostener el plan el tiempo que sea necesario hasta cumplir sus objetivos. ¿Cómo puede ser que haya más técnicos que años de administración?  

Jugadores se promueven al primer equipo, de aquello no hay duda, pero nada nuevo bajo el sol: O’Higgins siempre fue productor de futbolistas, de grandes futbolistas. 

Algunos nombres: Gabriel «Coca» Mendoza, Luis «El Flaco» Medina, Fernando Cornejo (que en paz descanse), Jorge «Choche» Gómez, Jaime «El Liebre» Riveros, Aníbal «Tunga» González, Rodrigo Pérez, Nelson Tapia, Clarence Acuña, el propio Mario Núñez… 

Hay una lista enorme de figuras que salieron de la cantera y que aportaron en los combinados nacionales. Por eso digo que no cabe duda de que a la institución llegó la modernidad, también mejoras ostensibles en sus instalaciones, pero la producción no es la esperada. Y cuando hablo de producción, me refiero a la obtención de buenos resultados y a la proyección de grandes jugadores. En este último ítem, sin ir más lejos, solo tres futbolistas canteranos estuvieron en la última formación, y uno de ellos para cumplir con el sub-20 en cancha.

En los últimos 15 años, en estos aspectos O’Higgins está muy al debe. Es verdad que cuando llegó la sociedad anónima a Rancagua, la institución se caía a pedazos. Eso nadie lo puede negar. Por la misma razón se llegó a pensar que la familia Abumohor, y especialmente la presencia de don Ricardo Abumohor, le permitiría al club más importante de la región convertirse en uno de los tres más grandes del país. Nada de eso ha sucedido.

Con el cariño, respeto y gratitud que le tengo a la institución, creo que algo se está haciendo mal. Es imposible que se pueda fallar tanto, es poco creíble qué más de una decena de entrenadores no puedan encontrar un buen rendimiento; tampoco es creíble que los futbolistas bajen sus rendimientos de la noche a la mañana en la tienda celeste.

Por favor pongamos atención, reaccionemos. Por ahora seguimos caminando por la cornisa: estamos en la parte baja de la tabla y corriendo el riesgo de caer en la zona de descenso directo. Con una agenda difícil, y con cada vez menos partidos, la presión aumenta. 

Ojalá el “Ohi – Ohi”, en la parte final del torneo, logre una vez más zafar y mantener la categoría. Y luego, y de una vez por todas, a pensar con la cabeza y no con el corazón. No todo tiene que ver con dinero. Por supuesto que ayuda, pero he visto equipos con poca inversión obtener grandes resultados.

Hay que mejorar la gestión, optimizar las decisiones y preguntarse definitivamente  si estamos los que somos, o sólo somos los que estamos. Lo importante es que llegó el momento de estabilizar deportivamente al Capo de Provincia.