La U penquista sacó la tarea frente a un inexistente Colo Colo
Si quien se supone es el protagonista principal de un espectáculo defrauda una vez más, y se muestra incapaz de superar su abismante mediocridad, un mínimo de lógica y de justicia aconseja decir esta vez que la Universidad de Concepción fue el partiquino que asumió el rol principal y que, fruto de ello, no sólo venció por 2 a 0 a Colo Colo en el Monumental, sino que con los tres puntos cosechados se aseguró el subcampeonato y, con ello, el inscribirse en la fase de grupos de la Copa Libertadores del próximo año.
Premio nada de desdeñable para el cuadro dirigido técnicamente por Francisco Bozán, porque el entrar en forma directa supone una suma más que importante para las arcas penquistas: algo así como 1,8 millón de dólares, a lo que hay que sumar tres recaudaciones en condición de dueño de casa.
Fue, sin lugar a dudas, justo. La U de Concepción fue el equipo que más victorias sumó al cabo de las 30 fechas disputadas y, en una cancha que se suponía difícil para el logro de sus objetivos (jugar una eventual final frente a Universidad Católica, superar a la U en el puntaje final), se impuso sin mucho brillo, pero con sí con autoridad a un Colo Colo que lo único que quería era que esta tortura de campeonato acabara de una buena vez.
Ganando a Huachipato la fecha pasada, tras sumar diez partidos sin saber de victorias, el cuadro popular había conseguido un cupo en la Copa Sudamericana, un premio menor pero en todo caso acorde con sus méritos como equipo. El problema es que, si el Cacique no se refuerza convenientemente, y no se despoja del lastre que significan una serie de jugadores que jamás han dado el tono, perfectamente su paso por este torneo puede transformarse en debut y despedida.
¿A qué puede aspirar un equipo que, como Colo Colo, fue incapaz de procurarse siquiera una oportunidad de gol en este encuentro frente a la U penquista? Por cierto, a nada. A lo más a un empate sin goles que, para el exigente hincha popular, siempre tendrá un insoportable sabor a derrota.
Lo de Colo Colo volvió a ser penoso. Deambuló los 90 minutos sin saber qué hacer.
Cada vez con más bajas, volvió a dejar en claro que, como sea, su equipo estelar de veteranos para el plano local era suficiente. Al menos para presentaciones dignas. Con suplentes y juveniles, en cambio, desmintió de forma tajante la monserga de la prensa a comienzos de año, cuando los “expertos”, “entendidos” y “especialistas”, juraban que el Cacique contaba con un plantel poderoso, numeroso y fuera de serie.
Ni fuera de serie ni poderoso. Numeroso, sí, pero está visto que cantidad no tiene que ver con calidad, al punto que, cuando llegó a faltar Valdivia -e incluso el Pajarito- no hubo nadie capaz de asumir el rol de conductor y echarse el equipo al hombro.
Cuenta el “Cacique” con jugadores que jamás dieron el ancho, como Pinares, Maturana y Véjar. Y juveniles tan desprovistos de condiciones que cualquiera que los vea jugar tiene necesariamente que preguntarse cómo fue que fueron acogidos en sus series menores, primero, y quién tuvo, luego, la peregrina idea de que podían transformarse en solución para un equipo que, además, se fue cayendo a pedazos conforme avanzaba la competencia.
Las lesiones, los castigos, obligaron a Héctor Tapia a echar mano a tres juveniles que, para variar, nada aportaron. Nadie que haya visto la irrupción de un “Chamaco”, de un Caszely, de un Valdivia, un Vidal o un “Mati” Fernández, por nombrar sólo a unos pocos surgidos de la siempre generosa cantera alba, puede explicarse qué hacen en Colo Colo jugadores como Provoste, Morales y el ecuatoriano Bolaños.
Es verdad: nadie puede exigirle a un juvenil que arregle problemas que los viejos nunca pudieron solucionar, pero sí cabe exigirles, al menos, que muestren atisbos de calidad, una gotita al menos de talento. Con estos chicos, y otros que han aparecido en el primer equipo albo en los últimos años, sólo cabe recordar a Eduardo Galeano, el escritor uruguayo, cuando decía que -futbolero él, como todo “charrúa” que se precie- iba por la vida mendigando “una buena jugadita, por amor de Dios”.
Lo concreto es que, frente a ese equipo insulso, absolutamente impotente e incapaz, el “Tigre” Muñoz, arquero de la U penquista, perfectamente pudo ponerse a leer el diario para matar el aburrimiento. Porque no le llegaron nunca con peligro, y el único tiro directo a portería lo consignamos en el minuto 77, cuando Opazo se atrevió con un zurdazo.
Sin tener mucho que digamos, sobre todo pensando en el compromiso que significa afrontar una Copa Libertadores, la Universidad de Concepción se impuso merecidamente, relegando con su triunfo a la U a intentar suerte en la fase copera previa. Obstáculo que, para nuestros equipos, se ha transformado en casi insalvable en las últimas versiones del torneo de clubes más importante de Sudamérica.
Con goles de Figueroa y Riveros, el equipo de Bozán hizo suyo un partido chato y mediocre, como suelen serlo la mayoría que presenta semana a semana nuestra competencia.
El público albo, que en buen número acudió al Monumental para ver un partido que no quitaba ni ponía nada, ni siquiera mostró mucha molestia por este adiós con derrota. Al parecer, lo único que esperaban es que esta pesadilla vivida con Tapia terminara.
PORMENORES
Torneo Nacional. Fecha trigésima y final.
Estadio: Monumental.
Público: 18.030 espectadores.
Arbitro: Christian Rojas.
COLO COLO: Orión; Opazo, Zaldivia, Insaurralde, Suazo; Provoste (75’ Fierro), Pavez (84’ Alarcón)n, Baeza; Bolaños (59’ Véjar), Barrios, Morales.
U. DE CONCEPCION: C. Muñoz; Berríos, Vittor, Mencia, de la Fuente; Manríquez, Camargo, Droguett; Huentelaf (65’ Figueroa), Pineda (46’ Riveros) y Benítez (84’ N. Muñoz).
GOLES: Figueroa a los 68’ y Riveros a los 82’.
Tarjetas amarillas: en Colo Colo, Bolaños; en Universidad de Concepción, Huentelaf y Riveros.
