La inefable Ministra del Deporte, Natalia Riffo
En lugar de renunciar, ya que no es sacada por la Presidenta por inepta y desidiosa, la titular de la cartera hizo otra vez maletas para asistir ahora a los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro. Conclusión: nuestra clase política no se aburre nunca de vernos impunemente las canillas.
Quien por estos días haya querido informarse de cómo va la cosa en el ámbito de las políticas deportivas a nivel gubernamental, tener una impresión oficial más acabada y reposada de lo que fue la actuación chilena en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, o insistir majaderamente acerca de los Centros Deportivos Integrales que no han sido construidos, a pesar de la promesa del Gobierno, seguramente se llevaron un chasco de aquellos si, ingenuamente, llamaron al Ministerio del Deporte para concertar una entrevista con la titular de la cartera, Natalia Riffo.
Se habrían enterado de que la ministra no está en Chile. Que con una cara de palo que ya se la quisiera cualquier jugador de póker, Natalia Riffo vuelve a disfrutar de las paradisiacas playas cariocas, esta vez para engalanar con su presencia los Juegos Paralímpicos, que como viene siendo tradición se disputan inmediatamente después de concluida la cita mayor del deporte mundial.
Dicho claramente, la peor ministra del gabinete de Bachelet, lo que no es poco, al igual que en esa pretérita promoción de una famosa marca de helados, sacó un “vale otro”. Es decir, el palito venía premiado, traía impreso el derecho a repetición. Natalia Riffo al parecer ni siquiera deshizo sus maletas tras sus merecidas vacaciones en la “ciudad maravillosa” con motivos de los Juegos, porque he aquí que, con apenas un lapso de pocos días de agobiante trabajo en su oficina, la titular de la cartera ya viajaba nuevamente a Brasil, para seguir sacrificándose por el país y el deporte nacional.
¿Hasta cuándo la clase política de este país se ríe de nosotros? ¿Es que no se aburren nunca de meternos una y otra vez el dedo en la boca? ¿Es que piensan que el pueblo tiene un aguante ilimitado respecto de la frescura y la sinvergüenzura?
La verdad es que estas nuevas vacaciones de Riffo resultan indignantes. Una bofetada para los ciudadanos de este país. La ministra, que como venimos repitiendo majaderamente, hasta la contumacia incluso, es todo un monumento a la ineptitud y a la desidia, en lugar de ser sacada de su cargo por la Presidenta Bachelet es premiada con un nuevo viaje al cual seguramente se sumaron otros que bien bailan a la hora de esquilmar sin el más mínimo pudor las arcas fiscales.
Venimos desde hace meses denunciando a esta ministra.
Primero, por mirar para el cielo y hacerse la lesa cuando los funcionarios le advirtieron que lo más probable es que su predecesor, Gabriel Ruiz Tagle, hubiera hecho un pésimo uso del dinero que el Estado aportó para la realización en el país de los Juegos Sudamericanos de 2014. Ella, que tenía el deber y la obligación de investigar, nunca hizo nada. Tuvo que salir la Contraloría a descubrir que a Gabito se le habían perdido algo así como 4 mil millones de pesos cuyo gasto no tenían ninguna justificación ni respaldo.
No sólo eso: que esos dineros estatales habían sido puestos a interés en un banco y que habían entregado la bonita suma de 132 millones de pesos, cuyo destino también sigue en la más densa de las nebulosas. ¡Con esta y con la colusión del papel tissue te pasaste Ruiz Tagle…!
¿Valdrá la pena que sigamos recordando otras perlas de la inefable gestión de Natalia Riffo? A estas alturas ya constituye toda una lata, porque pareciera que los interesados en que las cosas funcionen somos una manga de giles. ¿Qué podemos hacer nosotros si ni a la Presidenta Bachelet pareciera darle ni frío ni calor el que uno de sus ministros se haya pasado por buena parte sus compromisos de campaña?
En otros tiempos, antes que este país se transformara en una chacota en el que al parecer todos se dedican con entusiasmo a hacer lo que quieren, una ministra como Natalia Riffo tendría que haber cerrado la puerta por fuera ya en la recta final del año pasado, cuando ya estaba claro que la cuota de 10 Centros Deportivos Integrales prometidos por Michelle Bachelet en su programa de gobierno, para estar listos a fines de 2015, ni siquiera estaban licitados.
En otras palabras, no había ni la más mínima expectativa de cumplir siquiera con el ritual de la colocación de la primera piedra de ninguno de esos dichosos centros.
Si pensábamos que este 2016 Natalia Riffo se pondría por fin las pilas, y se dignaba a hacer su trabajo, nos llevamos un menudo chasco. La inacción de su ministerio y del IND es tanta, que en vista de que pasa y pasa el tiempo sin que nadie haga nada, la Dipres (Dirección de Presupuesto), le quitó al servicio más de 19 mil millones de pesos que estaban destinados a la concreción de los centros.
Un papelón desde luego monumental. Desidia inexcusable que, sin embargo, no ha merecido ningún reproche ni ha provocado el más mínimo remezón.
Al contrario de ser sacada merecidamente de su puesto, la ministra no sólo mantiene incólume su pega, sino que hasta le sobra tiempo para el turismo. ¿Será que en su anterior viaje sólo alcanzó a recorrer Ipanema y Leblon, y que ahora quería conocer Copacabana, Botafogo y Barra de Tijuca?
Consultando por este incomprensible viaje-premio no faltó al interior del ministerio aquel funcionario que lo justificó: “Es un viaje de Estado. Ella (la ministra) va en representación de la Presidenta Bachelet”.
Menudo argumento. ¿Una ministra tan inútil como Natalia Riffo va representando a la más alta autoridad política del país?
No sólo eso: las “razones de Estado” que de tanto en tanto se esgrimen en este país ya nos tienen chatos.
¿No fue por “razones de Estado” que Eduardo Frei Ruiz Tagle le ordenó al Consejo de Defensa del Estado cerrar el caso de los Pinocheques? Recuerdo que el dictador y su hijo tonto-pillo estaban hasta las masas luego que PSP, empresa propiedad de Augustito, comprara Valvomal, administrada porel Ejército y que se había declarado en quiebra. Y que, apenas dos años después, el Ejército le recompró al primogénito la empresa, recibiendo de su padre tres chequecitos que, juntitos, hacían un monto cercano a los 3 millones de dólares.
Nada mal para un gañán al que nunca se le conoció profesión ni oficio.
¿No fue por razones de Estado que el mismo Frei y su canciller, el “Pánzer” Insulza, hicieron hasta lo imposible por evitar que el dictador, preso en Londres desde septiembre de 1998, fuera extraditado a países europeos, como España, Francia y Suiza, aduciendo que tenía inmunidad diplomática y que sólo aquí se le podía juzgar y condenar?
Que el Poder Judicial efectivamente lo juzgara, como ocurrió al menos en apariencias, era lo de menos. A Pinochet ya lo había juzgado el mundo, y quedó muy mal parado. Pero, ¿condenado? No nos hagan reír.
Aquellos políticos que fueron siempre sus hinchas y sus alcahuetes, coincidían con aquellos que, para la galería, se ubicaban en las antípodas. Había que proteger antes que todo esa entelequia de la “Transición”. La democracia chilena era aún muy débil –señalaban- y no fuera cosa que un ladrido del dictador, como el “ejercicio de enlace” o el “boinazo”, la echara abajo.
¿Por qué no dijeron mejor que, ya que se habían acomodado de lo más bien en el Parlamento o en el aparato público, era de zopencos hacer olitas que pudieran poner en peligro esos privilegios recuperados después de 17 años de ayuno en que los muertos,los desaparecidos y los torturados los pusieron otros?
¿Quieren hacernos creer que un dictador ya senil, además de inculto, y desprestigiado mundialmente, iba a encabezar otro Golpe de Estado? ¿Quién iba a ser tan delirante o imbécil para seguirlo en tamaña aventura, cuando hasta el país que lo había puesto en el cargo ya lo había desechado, al igual como antes había desechado a Fulgencio Batista o a Rafael Leonidas Trujillo?
“Razones de Estado”, nos dicen. A otro perro con ese hueso.
Los chilenos estamos ya hartos ya que se sigan riendo de nosotros apelando a supuestos poderosos.
Estamos hartos ya de comprarles pomadas que, al contrario de curar, enferman.
Estamos chatos ya que nuestras autoridades nos miren eternamente como una tropa de imbéciles, mansos corderitos listos para ni siquiera balar ante el degüello que se viene.
La pregunta que le hicimos a Natalia Riffo la semana pasada sigue estando vigente:¿Cuándo va a mostrar un poquito de dignidad, ministra, y deja de una vez por todas ese cargo que le quedó como poncho?
