Indignos
Estamos hablando, sin duda, de una tormenta perfecta que tiene hoy a Colo Colo, el club más ganador y popular del fútbol chileno, colista del torneo nacional y, por cierto, candidato serio a descender de categoría.
Por SERGIO GILBERT J.
¿Es la actual situación la más grave por la cual ha pasado Colo Colo en su historia? Es posible. Porque si bien desde 1925 cuando fue fundado el club, ha tenido muchos momentos difíciles -desde la trágica muerte de su líder hasta un proceso de quiebra que amenazó con su existencia- nunca se había dado que tantas cosas fueran un desastre al mismo tiempo: el trabajo de quienes toman las decisiones institucionales (los accionistas de esa empresa concesionaria llamada Blanco y Negro), la labor en las divisiones menores (que parece no haber generado material de calidad), la acción de la plana administrativa (con gerentes amateurs) y, por cierto, el rendimiento del plantel (formado por un DT que no soportó la carga que significaba dirigir a Colo Colo).
Estamos hablando, sin duda, de una tormenta perfecta que tiene hoy a Colo Colo, el club más ganador y popular del fútbol chileno, colista del torneo nacional y, por cierto, candidato serio a descender de categoría.
Pero de todos los males que aquejan a los albos y también de todos los responsables que finalmente deberán poner sus caras al fin de la dolorosa travesía que se está viviendo en Colo Colo, es necesario poner el foco en lo único que tiene en sus manos hoy un cambio radical en la tortuosa travesía: la capacidad del plantel que los albos tienen para lograr el salvataje.
Y claro, el análisis no puede ser más que uno: pese al alto costo de la plantilla y de los méritos que individualmente puedan exhibir algunos, es un hecho que no existe un grupo de jugadores que se muestre capaz de -colectivamente- enderezar el pésimo andar actual.
Derechamente hay que señalarlo. Hay varios componentes del plantel albo que han demostrado a las claras que son indignos de ponerse la camiseta de Colo Colo y entrar con ella a una cancha.
Veamos.
El arquero Bryan Cortés no ha demostrado estar para atajar en un equipo grande. El lateral Ronald de la Fuente da muestras de un terror inmenso a equivocarse y termina equivocándose. El zaguero Juan Manuel Insaurralde tiene como único recurso la guapeza, que, en su caso, es solo una forma de disimular su escaso dominio técnico. Carlos Carmona es un ex futbolista, ya no juega, solo intenta pegar. El volante Gabriel Suazo debe ser el jugador chileno que peor entrega la pelota y que menos poder de definición tiene. El volante Branco Provoste no marca, no pasa, no hace paredes, no filtra…nada. Leonardo Valencia carece de ganas, le da lo mismo todo. Javier Parraguez es atacante lauchero, sin conexión. Y se puede seguir, sin considerar incluso el nulo aporte hasta ahora de los que han vivido lesionados como Matías Fernández y Nicolás Blandi.
Así, es bien poco a lo que puede aspirar Colo Colo. Cuando todo termine en este torneo -para bien o para mal- y comience la inevitable caza de brujas, los despidos y las huidas despavoridas, habrá que sentarse a buscar a los responsables de haber conformado el peor plantel posible y evaluar, por cierto, sus capacidades para seguir tomando sus decisiones.
Por el momento, los colocolinos tendrán que confiar en la mano de su entrenador, en la suerte, en la iluminación divina…y en que alguno de los indignos que hoy viste la camiseta de Colo Colo tape bocas como tanto les gusta.
