¿Es Salas el culpable del pésimo momento de Colo Colo?
Por cierto que el técnico tiene mucha responsabilidad en el momento patético que atraviesa el “Cacique”. Entre otras cosas, por alzarle el pulgar a jugadores que jamás debieron llegar al Monumental. Pero en ningún caso es el culpable exclusivo. Blanco y Negro siempre ha preferido comprar en el Persa a meterse la mano al bolsillo, aparte de que, desde que usurparon el club, han invertido la nada misma en las series menores.
La inapelable derrota frente a Cobresal ya estaba sentenciada cuando la hinchada alba, que había acudido en masa al Monumental a presenciar un triunfo y una fiesta, y no para ver, en cambio, una nueva derrota tras una actuación horrenda del equipo, se fue contra quien suele ser el chivo expiatorio de toda mala campaña: el director técnico. En este caso, Mario Salas.
El “Ohhh, Salas ya se va, ya se va, ya se va… Salas ya se va…” atronó por los cuatro costados del recinto albo que, ante la perspectiva de que Esteban Paredes rompiera el registro de “Chamaco”, presentaba una afluencia récord de público. Un público que, dicho sea de paso, está harto de un equipo zarrapastroso y que no es capaz de dar el tono ni siquiera en nuestra mediocre competencia casera.
Pero, ¿es Mario Salas el exclusivo culpable de un Colo Colo que juega cada vez peor, al punto de constituirse en este momento en uno de los cuadros más malos de los 16 que protagonizan la competencia?
Por cierto, es culpable. Pero no el único culpable.
Desde que asumió pareció no tener muy claras las cosas. En otras palabras, saber lo que necesitaba para conformar un equipo competitivo.
Partió por pedir o por aceptar la llegada de Juan Carlos Gaete, delantero de Cobresal, quien careció de la más mínima personalidad para asumir que sería jugador del más popular de los equipos. El muchacho, también carente por completo de ambición, se sintió tan achatado en el Monumental que a los pocos días se fugaba del plantel, dando lugar a todo tipo de especulaciones.
Antes de interesarse en un jugador, ¿no sería conveniente primero informarse acerca de si se motiva en jugar por Colo Colo o, por el contrario, va a sentir la mochila muy pesada? ¿Alguien -por ejemplo, el gerente deportivo Marcelo Espina-, se preocupó de datearse acerca del carácter del «crack» que podía ser incorporado? ¿Si lo tenía para exhibir toda su supuesta capacidad y no achatarse ante el primer signo de reprobación de un compañero o de la tribuna?
Queda claro que no. Que ni Salas ni Espina se preocuparon de ese aspecto vital, porque en Colo Colo no juega cualquiera. En teoría, claro, porque en lo que respecta al equipo actual, la vara quedó tan baja que ahora es titular albo cualquier patadura.
¿Qué explica, además, que Salas haya querido recuperar a Andrés Vilches y a Marcos Bolados? Ambos fueron un fiasco en Colo Colo, con el agravante de que el año que estuvieron en San Carlos de Apoquindo nunca dio motivos para pensar que Universidad Católica había tenido el mérito de rescatar del limbo a dos extraordinarios jugadores.
Puede entenderse que su primer refuerzo solicitado hubiera sido el peruano-uruguayo Gabriel Costa. Después de todo, lo dirigió en el Sporting Cristal y el muchacho le había respondido. Pero seguir insistiendo tozudamente con él, cuando ya van partidos y partidos sin dar el ancho, no tiene explicación posible. Porque Costa no sólo produce nada, sino que constituye todo un monumento a la ineficacia y a la torpeza.
Futbolísticamente, ¿cómo puede explicar Salas que, frente a Cobresal, teniendo a Mouche, haya insistido en ubicar a Costa sobre la banda izquierda? Aclaremos: Mouche está jugando tan mal como el resto, pero al menos no se marca solo ni se hace un nudo cada vez que le llega la pelota, sacando de quicio hasta al más paciente y comprensivo de los hinchas.
Para ser justos, digamos que Salas mucho material humano no tiene.
Los pocos jugadores de calidad -como Jorge Valdivia, Esteban Paredes y el “Pajarito” Valdés- vienen hace rato de vuelta. No sólo eso: al “Mago” y a Valdés se les sale ligerito la cadena, ganándose expulsiones absurdas sólo por el pésimo manejo de la frustración y de la ira de las que frecuentemente hacen gala.
El problema es que lo que viene detrás es tan poquita cosa, tan intrascendente, que sus respectivas ausencias se notan demasiado. Jugando 25 o 30 minutos, que es lo que dan a estas alturas de sus carreras, Valdivia y Valdés siguen estando varios escalones más arriba que los muchachos llamados a reemplazarlos.
El trabajo de Blanco y Negro con las series menores albas tiene que ser muy malo, o con una inversión pobrísima, para que Villanueva, Alarcón y Provoste hayan llegado a formar parte del primer equipo. ¿Cómo se explica de otra manera, cuando la inmensa mayoría de los niños de este país sueñan con vestir la camiseta del “Cacique”?
¿Cómo puede ser que a quince años de haber usurpado el club a sus socios y a sus hinchas hayan sido incapaces no digamos ya de producir un Jorge Toro, un Francisco Valdés o un Arturo Vidal, sino un “simple” Jaime Vera o un “simple” Raúl Ormeño?
Aunque suene duro, hasta desalmado, ninguno de los tres muchachos de que dispone Salas para suplir las constantes ausencia del “Mago” o del “Pajarito” han mostrado tener dedos para el piano. Al menos, no para el piano de cola al que por tradición e historia está obligado a tocar Colo Colo.
En este «Cacique», al que incluso el calificativo de mediocre le está quedando grande, sin duda que Blanco y Negro y Mario Salas tienen culpas compartidas.
El técnico, por no exigir durante el receso de Copa América, la llegada de tres refuerzos de nivel que le permitía el reglamento. Porque a esas alturas, y más allá de que Colo Colo todavía tenía a tiro a la Universidad Católica, ya era evidente de que el plantel albo -siendo generosos- se componía de sólo 13 o 14 jugadores de un nivel adecuado que permitiera competir con posibilidades.
A cuatro puntos del líder, en ese momento, Colo Colo jugaba poquito y hasta se había llevado el chasco de haber sido eliminado sin pena ni gloria de la Copa Sudamericana. Y, para colmo, frente a una Universidad Católica ecuatoriana que no conocía nadie.
Pero salvo Iván Rossi, no llegó nadie más. Y este sólo por la partida de Esteban Pavez. En otras palabras, Colo Colo cambiaba pan por charqui.
Blanco y Negro, de plácemes con esta más que comprensiva “austeridad” de Salas, que explicó la ausencia de contrataciones con un “formamos un plantel para todo el año a comienzos de temporada”. Acostumbrados desde hace años a comprar en el Persa, salvo una que otra excepción, los regentes de la concesionaria quedaron ciertamente felices de que el técnico no les pidiera nada.
En otras palabras, ni Blanco y Negro ni Mario Salas captaron las preocupantes señales que daba un equipo que apenas balbuceaba en la cancha. Un cuadro que era frecuentemente superado y que si sumaba puntos lo hacía sufriendo lo indecible o sacando a última hora un conejo de la galera.
Para ser más claros aún: Colo Colo nunca mostró mucha jerarquía que digamos.
Colo Colo, hoy, se cae a pedazos. No sólo juega mal, horriblemente mal, sino que su impotencia e inoperancia es tanta, que ni siquiera se crea oportunidades de gol. Y al “hombre récord” no se le puede pedir más tampoco. Aparte de que Paredes quema claramente sus últimos cartuchos, tampoco cuenta con compañeros que lo surtan y lo dejen en posición de ventaja.
¿O pretenden exigirle que, con 39 años a cuestas, pique y eluda tipos como en sus tiempos mozos?
Cinco puntos en seis fechas disputadas es cosecha digna de un colista. Pero es la que exhibe el Colo Colo de Salas tras el prolongado receso, y eso explica que, de cuatro puntos de diferencia respecto del líder hasta antes de la Copa América, hoy esté a trece. Cifra irremontable para lo que resta, por mucho que Salas y los jugadores -como no podía ser de otra manera-, sigan apelando a una remontada épica que de producirse tendría que calificarse como un increíble “milagro”. Y en este caso sí vale la redundancia.
A estas alturas, y viendo su fútbol de pacotilla, los hinchas de Colo Colo sólo pueden aspirar a que su máximo ídolo de la última década supere por fin a “Chamaco”. Y que, por supuesto, la U no pueda romper la paternidad de 18 años del “Cacique” en el Monumental.
De acuerdo a lo que están mostrando ambos cuadros, en este momento al menos, si la U no gana ahora en Macul, corre el riego de no ganar nunca.
Y es que si, como producto de la mediocridad de nuestro torneo, Colo Colo llegara igual a clasificar a la Copa Libertadores, sería bueno aconsejar a los hinchas albos que vayan desde ya partiendo a rezar a alguna iglesia.
El nuevo papelón estaría a la vuelta de la esquina.
