(EDITORIAL) El sospechoso error de Alejandro Zambra: ¿Matar al padre? Nada más alejado de la verdad
Durante la última campaña presidencial, el escritor chileno, actualmente radicado en México, escribió que «la generación de Gabriel Boric, la de nuestros hermanos menores, sí mató al padre…». Claramente su diagnóstico estaba equivocado, porque el actual gobierno jamás ha roto el cordón umbilical con los sectores más duros de la ex Concertación.
Por EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO PRESIDENCIA
Alejandro Zambra, poeta y prosista chileno («Bahía inútil», «La vida privada de los árboles», «Poeta chileno», entre varios títulos) mostró también su veta de analista político, justo antes de los comicios entre Gabriel Boric y José Antonio Kast.
Lo hizo, obvio, apelando a imágenes y metáforas. Una de ellas fue la que da vida a esta editorial: «Matar al padre», conocida expresión freudiana que apunta, como dice la sicóloga española Marisol Cortés, «a esa etapa en la que los adolescentes necesitan dejar de lado la dependencia sicológica, moral y emocional de sus padres».
Pero Zambra fue más allá. Escribió sobre los líderes del Frente Amplio: «Formaron sus propios partidos y se negaron a asumir nuestros traumas. Se merecen nuestra admiración, nuestro cariño y nuestra gratitud».
Desconcertante, proviniendo de un importante protagonista del mundo de la cultura y de las artes (Ernesto Sábato: «Es un imperativo moral que el artista tome distancia de los grandes centros de poder…»), pero más extraño todavía dada su errónea conclusión: esa de que el actual gobierno ha querido romper con sus predecesores, que anhelase, en definitiva, «matar al padre».
Desconocemos las motivaciones (o prebendas) que impulsaron a Zambra a elucubrar dicha hipótesis y ofrendar tantos elogios, pero lo que sí tenemos claro es que el actual gobierno no ha dejado de depender, nunca, de algunos de los decadentes partidos concertacionistas. Sobre todo del PS.
El respaldo explícito de Michelle Bachelet respecto de la gestión de Boric, entregado hace algunos días, no es sino otro eslabón del vínculo entre el actual mandatario y la ex Presidenta, nexo que tiene demasiados capítulos y demasiados nombres propios.
¿Matar al padre, incluyendo en el gabinete o en el segundo piso de La Moneda a Álvaro Elizalde, Carlos Montes, Maya Fernández, Mario Marcel, Carolina Tohá (PPD) y un largo etcétera de ex jerarcas y operadores de la vieja Concertación?
¿Matar al padre, siguiendo la misma política tibia de sus predecesores (y mentores) en materia de derechos humanos, como es, por ejemplo, mantener operativo el penal de Punta Peuco?
¿Matar al padre, militarizando La Araucanía, el viejo anhelo de Aleuy, Schilling y Dammert?
¿Matar al padre, obedeciendo la orden de apoyar a la militante PS Ramona Reyes para la presidencia de la primera Convención Constitucional? Reyes tenía un prontuario tan copioso, que el Frente Amplio tuvo que bajar su respaldo dada la presión social que gatilló el caso, no por convicción…
Pese a que el ex ministro Giorgio Jackson dijo, en una oportunidad que “nuestra escala de valores y principios en torno de la política no sólo dista del gobierno anterior, sino que frente a una generación que nos antecedió”, dicha sentencia no tiene -aún- visos de realidad, porque los casos de corrupción siguen copando la agenda mediática y el descrédito de la clase política llega a niveles intolerables.
Y una de las razones por las cuales este gobierno está entrampado en un severo cuestionamiento ciudadano por las fundaciones truchas y otros escándalos es, precisamente, porque -a diferencia de lo que señala la sicóloga Cortés- los líderes frenteamplistas jamás han dejado de lado la dependencia sicológica, moral y emocional de sus «padres».
No pudieron o no quisieron destetarse. Nunca mataron al padre.
