El baile de los que sobran: Chile y Perú en el clásico más triste y absurdo
Tras el fracaso premundialista, La Roja vuelve a la cancha en un partido forzado e innecesario, que se juega en pleno desarrollo del Mundial sub 20 y en la fase culminante del matratado torneo local. Para cumplir con la TV y disfrute de los masoquistas.
En el peor momento institucional del fútbol chileno, el Mundial sub 20 asoma apenas como el sedante suministrado por la Fifa para calmar las aflicciones de una actividad que, hace mucho, está siempre al borde del colapso.
Mientras los caudillos y grupos asociados de la Federación y la ANFP disfrazan la crisis con los fulgores de un torneo planetario solventado fundamentalmente con recursos del organismo de Zurich y del Estado, las finanzas caseras flaquean por los fracasos en la gestión de los campeonatos locales y –en especial- la estanpida de los consorcios y empresas que antes pugnaban por financiar a La Roja en sus ya lejanos momentos de gloria.
En rigor, más allá de sus carencias técnicas, en los campeonatos chilenos se juegan pocos partidos y el calendario competitivo no sobrepasa treinta de las 52 semanas del calendario, entre las pausas por recesos, vacaciones y suspensiones circunstanciales frecuentes.
Si ese factor de la deficiente planificación de torneos conspira contra una competitividad mayor, su impacto resiente aún más el aspecto financiero porque la “fábrica” de Quilín no genera partidos suficientes para solventar la parrilla de la televisión. Y es tanto que, desde 2026, los campeonatos deberán aumentar en número de copas y encuentros para responder a los 35 millones de dólares de deuda pendiente por pagar al canal TNT.
De paso, la eliminación de La Roja de la próxima Copa del Mundo en Estados Unidos, Canadá y México deja abierto otro flanco deficitario que toca gravemente la caja fuerte de Quilín: menos derrochadores y confiados que antes, los sponsors bajaron considerablemente sus ofertas para un período venidero en que la Selección deberá adecuarse en sus recursos de acuerdo a las restricciones propias de su realidad como penúltimo equipo de Sudamérica.
Los peores de Sudamérica
En ese contexto, el partido amistoso de Chile con Perú constituye un esfuerzo burdo y extemporáneo por hacer caja apostando acaso la incondicionalidad –o ingenuidad- del hincha.
La Selección del técnico interino Sebastián Miranda jugará este viernes 10 ante los peruanos, a las 20:00 horas, en el estadio Bicentenario de La Florida. Con capacidad para 12 mil espectadores, “la localía en La Florida dará la posibilidad de acercar a La Roja a su hinchada capitalina, en un estadio más reducido pero con gran ambiente”, según plantean desde la Federación.
No sólo se trata de un clásico del Pacífico revenido –ambos son los peores en la tabla sudamericana-, sino que se programa en simultáneo al desarrollo del Mundial sub 20, que culmina el 19 de octubre, y a la par de la recta final del campeonato nacional. Es decir, peor imposible.
Por cierto, el juego responde a contratos convenidos previamente con la televisión y a la relevancia de esos ingresos para amortizar las deudas y acreencias de la gestión directiva encabezada –a menudo desde Asunción- por Pablo Milad.
Aún así, el amistoso no tiene justificación argumental, por razones evidentes: no marca ni con mucho el inicio de un nuevo proceso que recién despuntará el próximo año; la ocasión resulta inapropiada en plena marcha del Mundial sub 20 y, en definitiva, tras el desastre provocado por la rotativa nefasta de Rueda, Lasarte, Berizzo y Gareca, el público de La Roja ya no confía ni come vidrio…
