El alma rebelde de La Roja
Ante México, Joaquín Montecinos, Marcelino Núñez, Clemente Montes y luego Christian Zavala exhibieron esos rayitos rebeldes que pueden provocar molestia entre los teóricos del fútbol “moderno” pero que, sin duda, llenan la vista y regocijan al fanático más primitivo.
Por SERGIO GILBERT J.
Es un hecho de la causa y es algo que se ha discutido mucho en el último tiempo a nivel técnico: los entrenadores de las divisiones menores en Chile han teorizado en forma máxima la práctica del fútbol y, con ello, han reducido a su mínima expresión la inspiración natural del futbolista joven. Los DT, en buenas cuentas, se preocupan más de la enseñanza de conceptos e ideas táctico-estratégicas que de diseñar un plan para canalizar la rebeldía y el desparpajo.
Que no se entienda mal. Obviamente es importante que los jugadores que tienen aspiraciones de jugar en el ámbito profesional manejen no solo principios, sino que el argot del fútbol que se juega en estos tiempos. Pero también deben saber que la inspiración es un elemento relevante en la práctica porque así se hace la diferencia. Es como si los periodistas al ser formados tuvieran solo clases de redacción u ortografía, pero no de literatura o estética. Quizás todos escribiríamos bien pero nunca habría existido un cronista de la talla de Gabriel García Márquez.
El tema surge tras los partidos amistosos internacionales jugados en las últimas horas por las selecciones chilenas Sub-20 y adulta.
En ambos casos, más allá de los resultados obtenidos ante Uruguay (1-1) y México (2-2) llamó la atención cierta sana rebeldía de algunos jugadores que, de alguna manera, puede ser el punto de partida de la esperada transformación esencial de la identidad del futbol chileno.
El equipo que se proyecta para jugar el Sudamericano que se realizarás en 2023 y que es clasificatorio para el Mundial de Indonesia proyectó en muchos pasajes del partido a ante los celestes -en especial en el primer tiempo- desapego a la formalidad estratégica. Los muchachos dirigidos por Patricio Ormazábal encararon, abrieron la cancha, remataron desde fuera del área, aun cuando perdieron más que ganaron con esas intentonas.
Lo curioso es que en el segundo tiempo se cambió el switch y fue Uruguay el que se rebeló más y mejor. Y aunque una inspiración -de Joan Cruz- fue el origen del tanto de Vicente Conelli, la llamita se fue extinguiendo y Chile volvió a ser un equipo “bien portado” desde el punto de vista dogmático.
Horas después, el equipo adulto “rejuvenecido” de Martín Lasarte dio otra muestra de esa necesaria desfachatez para jugar. El delantero Joaquín Montecinos, muy bien conectado con el lateral Jeyson Rojas, no tuvo frenos para sus impetuosas corridas que sorprendieron y molestaron a los defensores mexicanos.
Un escalón más abajo, Marcelino Núñez, Clemente Montes y luego Christian Zavala exhibieron también esos rayitos rebeldes que pueden provocar molestia entre los teóricos del fútbol “moderno” pero que, sin duda, llenan la vista y regocijan al fanático más primitivo.
Es cierto. El súper profesionalismo actual impone que los jugadores no sean pelusitas, pibes o garotos que solo jueguen simplemente a buscar la “cachaña”, el “túnel” o la “bicicleta”. Pero tampoco restringe aquello que se aprendió en el barrio, en el colegio, en la playa o en el potrero mismo.
A no olvidar. Esto sigue siendo fútbol.
