Diógenes y la decadencia del fútbol chileno (*)

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Por Marco Sotomayor
Actualizado el 17 de septiembre de 2018 - 12:05 am

Restan pocos días para que Colo Colo abra la llave de su posible clasificación a semifinales de la Copa Libertadores, frente al Palmeiras brasileño. Algo que no ocurría desde 1997. De hecho, nuestros equipos suelen pasar inadvertidos en los campeonatos internacionales durante las últimas décadas, excepto por lo que hizo el propio equipo albo en la Sudamericana 2006, y la U que ganó invicta ese torneo en 2011. Parte de la explicación de tantos fracasos sucesivos la encontré desempolvando un material escrito en Argentina hace más de un año.

«Papá, sufres del mal de Diógenes», suele repetir mi hija, cuando ve la cantidad de papeles, cuadernos y algunos recuerdos de mis anteriores jornadas como periodista. Tal vez tiene razón: cuesta deshacerme de apuntes, libretas y hasta de los boletos o acreditaciones para los partidos importantes. Por momentos, mi habitación suele parecer una vieja librería de San Diego, esas que visitaba de niño, esperando encontrar algún volumen de Julio Verne que encantara mi niñez o adolescencia durante varias semanas.

Pero mi hija no sabe que los Diógenes tenemos una ventaja: de pronto, muy de tarde en tarde, cuando decidimos hincarle el diente al orden de un escritorio o de un librero, encontramos joyitas como ésta:

El año pasado, radio Bío Bío me envío para cubrir el Argentina-Chile, válido por las Clasificatorias Rusia 2018. Como recuerdan, la Roja cayó por la mínima, aunque superó abiertamente a su rival durante la segunda etapa, sobre todo después del ingreso de Jorge Valdivia. Incluso, le anularon un gol a José Pedro Fuenzalida por un dudosísimo fuera de juego. Fue tanto el malestar que provocó ese duelo en el medio trasandino, que para el entonces técnico Edgardo «Patón» Bauza la victoria fue literalmente pírrica: lo echaron tras ese controversial 1-0.

Un día antes de juego en el Estadio Munumental de Núñez (es decir, el 22 de marzo de 2017), leí el diario La Nación y me topé con esta columna del colega Ezequiel Fernández Moores, cuyo título fue: «El modelo chileno de los clubes SA», y que conservé como buen Diógenes que soy.

Aunque Ezquiel comete algunos errores formales (como confundir a la Universidad de Chile con la Católica), su texto apunta a la sospechosa celeridad con la que nuestros clubes se convirtieron en Sociedades Anónimas Deportivas. En la nota resaltan tres nombres como impulsores de esta metamorfosis kafkiana: Ricardo Lagos, entonces Presidente de la República; el actual mandatario, Sebastián Piñera, y Arturo Salah, director de Chiledeportes en el gobierno de Lagos.

Recogiendo testimonios de periodistas chilenos, Fernández Moores confecciona un buen resumen con la historia de aquella transformación. Escribe, por ejemplo, que los motivos del cambio no eran, precisamente, altruistas: «Carlos Soto (presidente del Sindicato de Futbolistas Profesionales) suele jactarse de haberle dicho en 2005 a Piñera, en plena campaña presidencial, que, para ganar popularidad, debía comprar Colo Colo…

«En 2006, Piñera, hincha reconocido de la Universidad Católica, se convirtió en accionista mayoritario de Blanco y Negro, la sociedad dueña de Colo Colo hasta 2035. Asumió con plenos poderes…

«La ANFP tiene hoy de presidente a Salah, el director de Chiledeportes. Hay informes que dicen que la propia ANFP podría convertirse en una SADP…

«Las SADP impusieron un orden y un reglamento, coincide en decirme casi diez colegas y dirigentes chilenos. Pero los controles fallan, las sanciones suelen caer sobre los más débiles y muchas SADP sobreviven con préstamos polémicos y presionan por la venta del Canal del Fútbol (CDF) parar repartirse un queso de 1200 millones de dólares. Un viejo defensor de la ley SADP graficó hace poco: «En un 85 por ciento los clubes hoy están ‘quebrados’; los grandes deben el doble que antes y gran parte de la deuda al fisco sigue impaga».

La venta del CDF ya se efectuó, aunque el dinero aún no llegan a las instituciones. La Fiscalía Nacional Económica sospecha de algunos procedimientos y los millones recién se liberarían en noviembre. Como sea, la actual ANFP quiso paliar el impasse y, siguiendo el modus operandi de Sergio Jadue, consiguió un jugoso préstamo de la banca privada para calmar las estridentes voces de los siempre famélicos dirigentes.

El advenimiento de las SADP instaló en la testera de muchos clubes a empresarios, políticos y «connotados» profesionales (abogados en su mayoría), quienes han demostrado públicamente, sin ninguna pudicia, ser verdaderos depredadores del mercado. Tipos que suelen aparecer involucrados en escándalos financieros, colusiones, evasiones tributarias y hasta robo de bancos. Por eso hablé más arriba de una metamorfosis estilo Kafka: de una existencia triste bajo el antiguo régimen, el fútbol chileno se convirtió en un extraño bicho, cuyo único sentido parece ser el llenar los bolsillos de los regentes de turno.

Así, el desarrollo de los equipos (en sus niveles adulto y juvenil/infantil), el fortalecimiento en la infraestructura y la seguridad en los estadios no son temas que ocupen la lista de prioridades. ¿Por qué, entonces, esperar éxitos en la alta competencia?

Tras eliminar en octavos de final al Corinthians, muchos (as) hinchas albos (as) pretendieron salir a celebrar a Plaza Italia y la frase «clasificación histórica» llenó los comentarios y debates sobre el tema. Quizás hubiera sido más recomendable reflexionar en torno del escaso protagonismo internacional de nuestros representantes. Darnos cuenta dónde debemos encontrar la raíz, el origen, la madre del cordero de esta crítica involución y apuntar hacia los grandes responsables.

(* La imagen que acompaña a este texto también fue extraída del diario La Nación, Argentina, en la edición ya reseñada en la nota).