Debió ganar Colo Colo, pero también pudo lograrlo Universidad Católica: 0-0
Por juego, dominio, búsqueda y ambición, el Cacique hizo todos los méritos para quedarse con la victoria y los puntos. Sin embargo, como al frente tuvo un equipo que no tiene cojos precisamente, perfectamente pudo salir del Monumental derrotado. La pregunta alcanza mucho sentido tras el espectáculo brindado: ¿por qué, muchachos, no juegan siempre así?
Por EDUARDO BRUNA / Fotos: AGENCIAUNO
Debió ganar Colo Colo, pero también pudo ganarlo Universidad Católica. Es la frase que mejor resume lo que fue el 0-0 entre albos y cruzados en el Monumental, y lo cierto es que no esconde ningún contrasentido, ninguna paradoja. Y es que si bien el Cacique lo buscó muchísimo más, y fue mejor que su rival, en sus ansias por quedarse con la victoria y los tres puntos, más de una vez caminó por la cornisa, porque al frente tuvo un cuadro que, a pesar de ser claramente sometido, también juega y prácticamente no tiene cojos en sus alineaciones.
Digamos, de partida, que más allá de la ausencia de goles, fue uno de esos pocos partidos en que no hace falta una conquista para que al espectáculo exhibido por ambos elencos se les levante el pulgar en señal de aprobación. No es habitual, pero se da, como en este choque. Porque se trató de un duelo intenso de principio a fin y, sobre todo en los últimos minutos, incluso hasta trepidante. Porque buscando con denuedo el gol Colo Colo, en cada contragolpe Universidad Católica dejó en claro que no por nada ha dominado sin contrapeso el fútbol nacional las últimas cuatro temporadas.
Mucho tuvo que ver, en el ritmo y la intensidad que alcanzó el juego, la conducción de Roberto Tobar. Porque desde el minuto uno dejó en claro que quien mandaba en la cancha era él, que no iba a dejarse manejar por nadie, y que de buenas a primeras no iba a cobrar esas “faltitas” que en nuestro fútbol habitualmente se cobran. Frente a algo así, tan desusado para nuestro medio, se corre el riesgo de que el partido se degenere, que los jugadores piensen -entonces- que tienen carta blanca para pegar y foulear. Pero eso no pasó, lo que viene a demostrar que los jugadores de nuestro medio tienen más que claro cómo se juega, sólo que, ante cualquier otro juez, sin los galones de Tobar, tienden a pasarse de vivos y simular como el más consumado actor.
A esta altura, y visto el duelo de alto voltaje que animaron albos y cruzados, la pregunta es inevitable: ¿y por qué, muchachos, no juegan siempre así? No sólo tendríamos mejores espectáculos, sino que hasta, en una de esas, a nivel internacional dejaríamos de ser los incorregibles partiquinos que venimos siendo en los últimos tiempos.
Dijimos ya que, por ambición y búsqueda, Colo Colo le sacó varios cuerpos de ventaja a Universidad Católica. Dicho con toda claridad, no se puede comparar lo mucho que buscó el Cacique mejor suerte con la que mostró su rival. Apretado contra sus últimas líneas, al cuadro de Holan le costaba mucho salir y desarrollar su juego habitual. Lo que hizo esta vez el elenco de Quinteros, pero recargado, demostró que la mejor forma de afrontar un partido es no dejar jugar al rival y recuperar la pelota lo más cerca del área contraria que sea posible. Porque eso, además de privar de acción a Cortés durante toda la primera etapa, le significó procurarse dos o tres oportunidades nítidas de anotar, siendo la más clara la registrada en el minuto 29, cuando Lucero recuperó una pelota en la salida cruzada, Gil la metió profunda a Pavez y éste, en lugar de rematar, la devolvió al centro para Lucero, quien solo frente a Dituro perdió pie y no pudo empalmarla cuando el gol se aclamaba. Lo peor para Colo Colo es que, al tocar de todos modos el balón Lucero, la desvió de la entrada de Costa, que aparecía destapado para anotar.
Pero a pesar del escaso trabajo de Cortés, no se crea que se la pasó de vacaciones. Tuvo que sufrir, y bastante, ante un cabezazo de Zampedri tras un tiro libre de Aued y ante otro cabezazo desviado de Montes, tras centro de Fuenzalida.
Si el primer tiempo ya había sido interesante, el segundo fue aún mejor. Colo Colo cargó incluso con más persistencia sobre la portería de Dituro. Tanto, que se pensaba que la resistencia del fondo cruzado en algún momento iba a claudicar, porque el balón quedó picando varias veces en el área grande o se paseó por el área chica. No ocurrió, porque los jugadores albos carecieron de esa cuota de frialdad, lucidez y precisión que se requiere para doblegar a una defensa cerrada, y cuando eso llegó a ocurrir fue un hombre de Universidad Católica el que evitó el incendio, como Ampuero, que tras un rebote que dio Dituro ante violento remate de Falcón, llegó la precisa décima de segundo antes para anticiparse a Lucero casi sobre la línea misma.
Pero el fútbol tiene estas cosas que lo hacen tan atractivo y, como dijo alguien, lo convierten en el deporte más hermoso del mundo. Esporádico, aislado y todo, Universidad Católica se dio maña para llevar zozobra a la portería de Cortés. Un tiro de esquina peinado por Tapia, que sacaron de apuro casi sobre la línea, dos tapadones seguidos del meta albo arrojándose a los pies de Assad primero y del mismo Tapia después, demostraron que, superado y todo, el rival nunca fue pan comido.
Incluso, en el último minuto adicional, una comedia de equivocaciones en la zaga alba frustró un triunfo cruzado que habría constituido un verdadero balde de agua fría para los 40 mil espectadores y los miles que lo presenciaban a través de la televisión. En el último contragolpe, resbaló Suazo y, a partir de ese momento, en el área alba se produjo toda una “zafacoca”, como decía el recordado “Sapo” Livingstone. Porque Fuenzalida empalmó de cabeza el rebote que se produjo, la pelota dio en Amor, rozó el brazo de Cortés y se fue a estrellar contra el vertical, retornando a las manos del arquero.
¿Habría sido injusto? Para nada. El fútbol se gana con goles y, de haberlo conseguido la Católica en ese último suspiro, nada habría que argumentar o alegar.
Más allá de esos detalles, albos y cruzados animaron un extraordinario y trepidante partido. Por eso, vale la pena reiterar la pregunta que ya antes hicimos: ¿por qué no juegan siempre así, muchachos?
PORMENORES
Campeonato Nacional, fecha 26.
Estadio: Monumental.
Público: 38.190 espectadores.
Arbitro: Roberto Tobar.
Colo Colo (0): B. Cortés; O. Opazo, M. Falcón, E. Amor, G. Suazo; L. Gil, V. Pizarro, E. Pavez; A. Bauzat, J. M. Lucero, G. Costa. DT: Gustavo Quinteros. Cambios: 57’, M. Bolados por Bauzat; 79’, M. Rojas por Costa; 87’, A. Oroz por Pizarro.
Universidad Católica (0): M. Dituro; M. Isla, B. Ampuero, G. Kagelmacher, A. Parot; J. P. Fuenzaliza, I. Saavedra, L. Aued; F. Orellana, F. Zampedri y C. Montes. DT: Ariel Holan. Cambios: 46’, G. Tapia por Montes; 64’, J. Leiva por Aued; 70’, Y. Assad por Orellana; 82’, T. Asta-Buruaga por Isla.
Goles: No hubo.
Tarjetas amarillas: Lucero (CC); Ampuero, Saavedra y Montes (UC).
