Crónicas de Sergio Ried: Batalla de los sexos II
La historia de un enfrentamiento entre un tenista alemán y las hermanas Williams, que no tuvo publicidad, pero que escenificó un nuevo episodio de los enfrentamientos entre varones y mujeres en el court.
Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO
Desde que Billie Jean King, de 30 años y número uno del mundo, derrotó en una publicitada pantomima al ex campeón de Wimbledon Bobby Riggs de 55, en septiembre de 1973, ha sido una verdadera obsesión de las chicas de la WTA (Women Tennis Association), demostrar que son capaces de competir con los varones de la ATP.
Y muchas han llegado a desafiar a jugadores de mejor ranking que ellas.
El mismo Riggs, unos meses antes de caer con Billie Jean, había aceptado jugar con la australiana Margaret Court, una de las mejores jugadoras de la historia, a la que venció con holgura en dos sets. Se sucedieron los desafios de las tenistas mujeres a sus colegas del sexo opuesto, con partidos de mixtos y singles frustrados. Como el de Martina Navratilova, que quiso desafiar al sudafricano Derek Tarr, número 100 del mundo, cuando su amiga Chris Evert, le aconsejó que no lo hiciera, contándole que su hermano Jimmy, que era el número tres de su universidad, le ganaba a ella por paliza. Gracias a ese consejo, Martina desistió de sus propósitos. Y tal vez se liberó de un bochorno.
EL “PROFESOR” BRAASCH
El tenista alemán Karsten Braasch, ex número 38 del ranking ATP, llamado el “Profesor» por sus gruesos lentes y su aspecto de intelectual, era un fumador empedernido, aficionado al alcohol y las juergas y en el ocaso de su carrera, ese año 1998, tenía un ranking de 203.

Esa tarde en el Abierto de Australia, donde ya había sido eliminado en singles y dobles, pasaba por el comedor de jugadores del Melbourne Park, cuando escuchó una conversación entre Serena y Venus Williams en la que decían que ellas les ganarían a cualquier varón ranqueado más allá de los top 100. El germano, famoso por su servicio tan poco ortodoxo, que causaba risas hasta de él mismo, que bebía cerveza y fumaba media cajetilla de cigarrillos durante los partidos, se les acercó y les dijo que él era el 203 del mundo y aceptaría el reto.
Al día siguiente y luego de una noche de copas y una ronda de golf por la mañana, Braasch se presentó, bien provisto de cerveza y cigarrillos. La primera en saltar a la cancha fue Serena, que se llevó un rotundo 6-1. Luego vino Venus, que tuvo una presentación algo mejor que su hermana menor, perdiendo la etapa por 6-2.
Un desafío sin parafernalia, ni premio en dinero, que sólo fue visto por un par de periodistas y fotógrafos bien informados, los padres de las Williams y unos pocos curiosos.
Todos testigos de la enorme diferencia entre el tenis femenino y el masculino. Que como dijo el «tío» Tony Nadal, «son dos deportes totalmente diferentes».
