Crónicas de Sergio Ried: Andrés Hammersley, el “Huaso de Oro”
Pocas veces se da el hecho de que alguien que admira a un deportista de élite en su infancia y adolescencia, con el transcurso de los años llegue a ser su amigo.
Por SERGIO RIED / Fotos: ARCHIVO
Me pasó con mi querido Sergio Livingstone y también con el gran tenista Andrés Hammersley. Los más de 20 años de diferencia de edad se fueron reduciendo a la medida que pasaban los años, hasta llegar a desaparecer. Gracias a ello pude conocerlo, jugar con él y perder con él por paliza en mi debut en escalafón nacional en 1953. Yo, con 18 años, y él, bordeando los 40. Pero esa es otra historia.
Andrés Hammersley Núñez y su hermano Arturo fueron eximios campeones de tenis y esquí, respectivamente, pese a no haber contado con el beneplácito de su padre Rodolfo, que, paradojalmente, había sido un destacado atleta.
Andrés ganó su primer Campeonato de Chile en 1941 con 21 años, reeditando su título consecutivamente hasta 1946. Entre tanto conquistaba también el título de campeón sudamericano en 1943 y 1946.

Fue el primer tenista chileno en competir en el US Open en Forest Hills, donde fue el segundo clasificado, debido a que en esa época se clasificaba de acuerdo al ranking de los tenistas en su continente y él era el número uno de Sudamérica.
Jugó Copa Davis por Chile junto a Luis Ayala, Ricardo Balbiers, Marcelo Taverne y Carlos Sanhueza entre 1954 y 1957, alcanzando los cuartos de final de la Zona Europea contra Suecia, junto a Ayala en 1955. En la foto principal aparece (primero a la izquierda) con Balbiers, Sanhueza y Ayala.
Paralelamente, Andrés estudiaba Contactología en Alemania, siendo el primer contactólogo chileno y precursor de la especialidad óptica en el país.

MATRIMONIOS Y CHASCARROS
La vida de Andrés Hammersley estuvo plagada de situaciones y hechos novelescos. Fue un notable gimnasta, que incluso demostró sus habilidades en circos europeos. Se casó tres veces, la primera, con Carla Timmerman, una de las más bellas del país, en un matrimonio arreglado por las familias, que duró apenas tres años.
Hasta que en su tercer y definitivo intento encontró en Miguelina Rojas, la ansiada paz y felicidad que necesitaba. Tuvo cuatro hijos maravillosos que lo acompañaron en el campo y lo apoyaron en su hobby, la pintura.
Aunque jamás abandonó su raqueta y no era raro encontrarlo caminando por las calles en shorts y polera. Jugaba en todos los clubes de Santiago, con quien se lo pidiera, siendo asiduo visitante del Club Montserrat en la Avenida Perú, junto al cerro San Cristóbal.
Siempre afectado por una extraña enfermedad, que explotó tras perder en primera ronda de Wimbledon 1945 con el británico Dinny Pauls, que lo tuvo alejado de las canchas por dos años. Dolencia que lo acompañaría por el resto de su vida y que algunos tacharon como «confusión mental». Confusión que lo hacía perder la noción de la realidad y actuar de manera errática, lo que conducía a que sus graciosas anécdotas fueran el comidillo de la «familia del tenis».
CON LUIS AYALA
Sus duelos con Lucho Ayala están en la historia de nuestro tenis, tanto por su rivalidad, como por sus espectaculares enfrentamientos en muchas finales de torneos nacionales.
Icónicos fueron sus partidos en el Club International, junto al río Mapocho, donde se formaban largas filas de camiones que se detenían en plena calle junto al puente de Loreto, para avivar al «Huaso» o a Lucho.
Otras confrontaciones, como una final del torneo Zona Central en el Stade Francais, donde promediando el tercer set, Hammersley se sacó las zapatillas y siguió jugando descalzo, ante el estupor de su rival y del público.
Antes había arrojado su valioso reloj a un pelotero, porque le molestaba.
Lo certifico, porque yo era juez de línea en ese partido.
Andrés Hammersley falleció el 10 de enero de 2002 y sus restos fueron despedidos, ante un pequeño grupo de amigos, en el Templo Bíblico Bautista de Avenida Ossa, que lo acogió en vida.
Ante la negativa de los asistentes de tomar la palabra, el único orador fue el autor de estas líneas.
Con gran orgullo.
