Copa Centenario, la fiesta de América en el duelo de Estados Unidos: el show debe continuar…
El Tío Sam puso la casa para una celebración que hoy la parece ajena tras la tragedia de Orlando. Con la convicción tradicional de que «the show must be go on», su embajador en Chile asegura que la matanza de 50 personas no afectará el desarrollo de un torneo ya marcado por el luto.
La Copa América Centenario nació con un guiño de cierto desprecio hacia la falta de historia futbolera del país organizador, y a medida que Estados Unidos fue sumando millones de dólares al aporte económico comprometido para los participantes la “fiesta” se completó incluso con el concurso de los máximos astros mundiales -Lio Messi y Luis Suárez-, exceptuano a Neymar, inscrito previamente por Brasil en los Juegos Olímpicos de Río.
Igual que en el guión de las peores películas de terror, nada hacía presagiar que un acontecimiento fatídico podía marcar el curso de los acontecimientos. Y, por cierto, no era la previsible eliminación de un mediocre y pendenciero Uruguay ni la debacle de Brasil a manos -literalmente- de un arbitraje desastroso ante Perú.
Mucho más que eso, fue la masacre de 50 jóvenes en una discoteca latina de Orlando lo que puso de nuevo los ojos y el estupor del mundo en la violencia que impera en los territorios civilizados del Tío Sam. En plena campaña electoral monopolizada por Clinton y Trump, la masacre reactivó la viejísima controversia sobre el racismo y la xenofobia enquistada en una sociedad tan avanzada como la de los egocéntricos estadounidenses, que se hacen llamar norteamericanos -pese a que no lo son de manera excluyente- e, incluso, americanos…
«Los barristas de la Copa Centenario ni siquiera amagan violentar los estadios o desafiar a la policía de los distintos estados. Y es que más allá de algún grito insultante contra los rivales, allí entienden que la violencia tiene otra dramática connotación en el país donde las armas las carga el diablo»…
«Estados Unidos es un país seguro y en alerta, de modo que esta tragedia no creo que vaya a incidir en la Copa América”, opina desde Miami en un contacto radial el embajador de EE.UU. En Chile, Michael Hammer. “Todos lamentamos y nos duele profundamente lo ocurrido, pero la Copa es una fiesta de América y debe seguir su desarrollo normal”, puntualiza, parafraseando la clásica convicción yanqui de que -pase lo que pase- “the show must go on” (el show debe continuar).
Hammer espera que “Estados Unidos y Chile disputen la final de la Copa” y se lamenta que algunos aspectos organizativos hayan empañado la pulcritud de los espectáculos montados de su país: “A todos nos gusta el himno chileno, que es muy bonito, pero no queremos que se toque cuando está jugando Uruguay”, comenta con ironía.
Con la vigilancia redoblada en torno a los lugares de concentración de las selecciones, y los mexicanos convertidos en la fuerza multitudinaria del evento, la Copa prosigue su curso a despecho de los imprevistos. Pocas horas después de la noche de terror en la disco Pulse, un caimán mató a un niño en los linderos de Disneyworl, también en la fatídica geografía de Orlando.
Como contrapunto, mientras en Europa la UEFA amenaza a Rusia e Inglaterra por los vandalismo de sus hinchadas en las calles de Francia, los barristas de la Copa Centenario ni siquiera amagan violentar los estadios o desafiar a la policía de los distintos estados. Y es que más allá de algún grito insultante contra los rivales, allí entienden que la violencia tiene otra dramática connotación en el país donde las armas las carga el diablo…
Al fin, a despecho de los muertos y la tragedia que de nuevo conmueve a USA, la Copa sigue adelante con una alegría extraña de carnaval ajeno. Y es que, como ellos pregonan, the show must go on, folks…
