Columna de Sergio Gilbert: Los francotiradores
Johnny Herrera, sin darse cuenta (espero) se convirtió en el promotor de una anticipable guerrilla de consecuencias incalculables.
Por SERGIO GILBERT J. / Foto: TWITTER
Matías Zaldivia fue presentado como el cuarto refuerzo de Universidad de Chile y pareciera que a muchos eso fuera como una declaración de guerra.
Claro, el zaguero central de 31 años y que llegó como argentino, pero que hoy ya tiene su ciudadanía chilena, tiene un “pecado de origen” según muchos: viene de Colo Colo, el archirrival de los azules, equipo en el cual estuvo siete años y del que incluso fue capitán en contadas ocasiones. Incluso tiene su haber (es cosa de buscar en YouTube) algunas expresiones en contra del equipo que hoy lo alberga. Cánticos, no más que eso, en todo caso.
Pero eso es terrible, acabo de mundo, según los cabezas calientes.
Está claro que Zaldivia tomó una decisión complicada, porque sabía que ella conllevaba una especie de fuego cruzado. Los hinchas de su ex club lo verán ahora como “traidor” y los de su nuevo equipo como una especie de “entrometido”. Ganarse el respeto de unos y el cariño de otros será una tarea complicada para el defensor.
Lo malo -o lo despreciable- es que esta lucha no sólo tiene componentes de emotividad. Puede generar una injustificada violencia porque, se sabe, entre el grupo de seguidores de Colo Colo y de la U hay enquistados piños delincuenciales que podrían transformar un simple cambio de colores o de trabajo en una verdadera guerra.
¿Se puede parar eso?
Está complicado, porque está más que comprobado que aquellos que son responsables de la seguridad en los estadios (los clubes) y fuera de ellos (el Estado) han demostrado incapacidad y hasta falta de interés por detener la violencia que generan estos grupos delincuenciales.
Pero hay algo que profundiza el peligro y que sí tiene solución rápida: la presencia de verdaderos “francotiradores” que, con micrófono en mano y nula direccionalidad editorial, se han erigido como verdaderos líderes de la reyerta que se anuncia.
Johnny Herrera, por ejemplo, en el canal que se supone es de los “fanáticos” del fútbol, dijo muy suelto de cuerpo que la contratación del ex jugador de Colo Colo “es un problema innecesario que se está llevando Azul Azul”, concesionaria que, según el retirado futbolista “de una u otra forma, se está pasando por la raja el 99 por ciento del pensar del hincha”.
Herrera, por cierto, sin ningún problema, asume con ello no la labor de comentarista (que es la que se supone lo llevo al medio) sino que la del ídolo del club que se siente el representante de la hinchada. No sólo eso. Tiene el espacio y el beneplácito para cobrarse revancha sin contrapesos ni debate de la gente que determinó su salida de Universidad de Chile.
No, no es algo menor.
Johnny Herrera, sin darse cuenta (espero) se convirtió en el promotor de una anticipable guerrilla de consecuencias incalculables.
Zaldivia no lo merece. El fútbol no lo merece. Nadie merece un francotirador disparando desde un medio como si fuera Rambo.
