Columna de Sergio Gilbert: Eliminatorias a la vista, ¿sólo se requiere jugar bien?
Al igual que en cualquier instancia donde están en juego intereses y aspiraciones de un grupo determinado, este calendario pudo ser “negociado” . Pero para eso se necesita “muñeca”, capacidad de gestión y, fundamentalmente, generosidad para hacer renuncias a aspiraciones personales en favor de objetivos colectivos.
Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO PHOTOSPORT
En definitiva, y tras varias dudas, la Conmebol liberó el calendario de las eliminatorias con miras al Mundial 2026 que, por primer vez, se jugará en tres países: México, Estados Unidos y Canadá.
Y si bien la principal preocupación parecía ser el inicio de este minitorneo -que será en septiembre de este año- al final lo que queda como asunto a discutir es el fixture mismo, es decir, la distribución de los partidos.
La Conmebol no se hizo mayor drama y repitió el mismo fixture que utilizó en las anteriores eliminatorias. ¿Importa eso? ¿No da igual porque, al fin y al cabo, todos deben jugar contra todos?
Pareciera que no. Pero sí. Importa.
En especial lo que tiene que ver con la forma cómo se distribuyen las últimas fechas de las eliminatorias que, obviamente, son las decisivas en una competición que se define siempre en esas instancias (al menos en la lucha que está hoy una selección como la chilena, es decir, esa por rasguñar los últimos carros del tren que lleva al Mundial).
¿Cómo quedó el calendario para Chile para esos tramos decisivos?
Desfavorable.
Sólo tomando como referencia los partidos que deberá jugar la Roja en 2025, es decir, el último año de las eliminatorias, será visitante antes tres rivales teóricamente directos: Perú, Paraguay y Bolivia. Y será local ante los venezolanos, ecuatorianos, argentinos (seguramente eso no ameritará favoritismo) y uruguayos, aunque con estos será en la última fecha cuando, se sabe, no sólo importa ganar sino que esperar que en otros partidos se produzcan resultados específicos.
Además, no parece favorable para nada tener que ir a Brasil a jugar en la penúltima fecha porque aunque los pentacampeones ya estén clasificados a esas alturas al Mundial (lo que es probable) sería un hecho extraño que Chile gane puntos.
El tema es que a pesar de que muchos piensen que este fixture es una imposición y que no hay o hubo nada que hacer, es un hecho que estamos en presencia de un nuevo fracaso de la casta dirigencial chilena.
Claro porque al igual que en cualquier instancia donde están en juego intereses y aspiraciones de un grupo determinado, este calendario pudo ser “negociado” . Pero para eso se necesita “muñeca”, capacidad de gestión y, fundamentalmente, generosidad para hacer renuncias a aspiraciones personales en favor de objetivos colectivos.
Pablo Milad, el presidente de la Federación de Fútbol de Chile, carece de todas esas cualidades.
El licenciado en Educación Física y ex lanzador de bala, aparte de su doble presidencia en el fútbol nacional (ANFP y Federación) es, desde 2022, el tercer vicepresidente de la Conmebol. Es decir, tiene intereses propios y poco margen para desafiar criterios impuestos por el organismo que es su empleador.
Milad, para que quede claro, es un funcionario de la Conmebol aunque se vista de dirigente con capacidad de decisión.
Quizá si no fuera así, Chile habría tenido mayores posibilidades de gestionar un mejor fixture.
No, no es hablar sobre supuestos. Porque ha pasado.
De cara a las eliminatorias al Mundial 1982, el presidente de la Asociación Central de Fútbol de esa época, Abel Alonso, hizo uso de esa capacidad de gestión que hoy parece imposible de lograr con un dirigente como Pablo Milad. Alonso condicionó el apoyo de Chile a la candidatura del paraguayo Nicolás Leoz a la presidencia de la Conmebol, a cambio de que éste le asegurara que Chile jugaría sus dos últimos partidos de las eliminatorias como local (en ese tiempo se disputaba en grupos de tres países). Leoz accedió -pese a que, paradojalmente, Paraguay era uno de los rivales de la Roja- y así Chile terminó clasificándose al Mundial de España y Leoz en la testera de la Conmebol.
No es el único ejemplo.
De cara al Mundial de Francia 1998, cuando por primera vez se jugó una eliminatoria de “todos contra todos” (sin la presencia de Brasil, en ese momento, por ser campeón del mundo vigente), el presidente de la Federación chilena, Ricardo Abumohor, consiguió que Chile jugara sus últimos dos partidos eliminatorios como local (frente a Perú y Bolivia).
¿Cómo lo logró? Renunciando a la posibilidad de tener un puesto en la FIFA y convertirse así en un serio aspirante a disputarle la presidencia de la Conmebol al sempiterno Nicolás Leoz.
Chile así llegó al Mundial por diferencia de goles. Justamente dejando fuera a los peruanos.
La historia lo sentencia. El archivo no muerde.
Aunque para los dirigentes chilenos de hoy pareciera que sí…
