Columna de Leonardo Véliz: El dulce de las mafias

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Por El Ágora
Actualizado el 16 de septiembre de 2023 - 8:58 am

Si de apuestas se trata, en Chile se cierne un grave peligro: las casas que se dedican a eso y que auspician el fútbol chileno.

Por LEONARDO VÉLIZ / Foto: ARCHIVO

Un entrenador argentino me deslizó este comentario en un simposio de entrenadores: “Los jugadores de fútbol, en general, apuestan a las mujeres rápidas y a los caballos lentos”. Y tiene razón. Sucede en Argentina, no solamente en Chile, proliferan en todo el mundo. Más en nuestro continente por la pírrica educación de sus protagonistas. En Chile abundan los ejemplos. Se casan con las hormonas por los cielos con exuberantes féminas, para en un breve lapso, separarse y reincidir con porfía. Y la prensa farandulera y seria, se hace un picnic con estas aventuras.

Recuerdo esta historia para el Mundial de Japón 1993 con la selección sub-17, en Hiroshima. Me informan que un personaje oscuro y sospechoso deambulaba por los pisos de los jugadores. Era de apellido Arriola con una fisonomía oriental, además.

Di orden de prohibirle subir a las habitaciones y relacionarse con los jugadores. No sin antes, decirle en su cara, que se retirara del hotel.

Después supe que estaba coludido con las apuestas de “empresas” filipinas. Estas mafias, como hienas buscan la carne tierna y nada mejor que entronizarse en jugadores jóvenes para tentarlos con el mal habido dinero. Siempre trabajan a futuro. Preparan el terreno.

Supe que estas apuestas se hacen en teatros llenos de hinchas del fútbol y desmenuzan las posibilidades de apostar por un resultado del primer tiempo, qué jugador hará el primer gol, quién sufrirá un penal, etc. Allí todo esto es legal como los casinos clandestinos que existen como callampas en esos países orientales.

Felizmente no hubo nada que lamentar con la aparición de ese siniestro personaje.

Pero llegó el Mundial de Catar y clasificamos con la Sub-20 el año 1995, integrada un 50% con jugadores de la anterior Sub-17. El hotel albergaba a todas las delegaciones. Parecía la Torre de Babel. Descubro que visitaba ese país el mentado Washington Arriola. Lo divisé en el aeropuerto. Activamos las alarmas. En el hotel no apareció jamás. Pero se las arregló para citar a ciertos jugadores a un restaurant frente al hotel. Harold Mayne Nicholls, el coordinador me dice que hay sospechas de jugadores coludidos con el mafioso de Arriola y arreglo de partidos. De inmediato fuimos a las oficinas de la FIFA en el fastuoso Hotel Sheraton. Expusimos los antecedentes. Portugal también era uno de los países sospechosos.

No logramos clasificar a la segunda fase. Ante el escándalo, las investigaciones se realizaron en Chile. Hubo culpables. Confesiones. Esa ha sido la mayor decepción que he sufrido en el fútbol. La codicia es apabullante ante los esfuerzos de quienes entregamos valores en el desarrollo de jugadores jóvenes. Las mafias no descansan para trasgredir la ley, la ética y buenas costumbres.

El enemigo, las casas de apuestas, cabalgan a galope tendido. ¿Hasta cuándo? La Corte Suprema lo determinará. Alrededor de toda felicidad pululan insectos infecciosos. Lo feliz es preparar carne fresca para la maldad. Un dulce que este mundo procurará corromper día a día.