Columna de José Antonio Lizana: Natalia Duco y la ausencia de códigos

En una nueva demostración de lejanía de la realidad, la ministra del Deporte mostró su verdadera cara de frivolidad y su carencia de sentido común faltándole el respeto a los atletas paralímpicos.

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Por José Antonio Lizana
Actualizado el 22 de abril de 2026 - 11:33 am

La ministra del Deporte les faltó públicamente el respeto a los deportistas paralímpicos / Foto: INSTAGRAM

Lo que estamos presenciando con Natalia Duco al mando del Ministerio del Deporte no es sólo una preocupante falta de prolijidad, es el síntoma de un gobierno que no se conecta con las verdaderas necesidades de las personas.

Su aterrizaje en la cartera fue, por decir lo menos, un insulto a la ética, dados sus antecedentes de doping y posteriores sanciones.

Asimismo, inaugurar su gestión validando el maltrato animal, bajo la careta de «tradición», no es un error de novata, es un retroceso a épocas de barbarie que el deporte nacional ya debería haber superado.

​Duco declaró que su gran aporte al alto rendimiento sería ejercer de asesora de imagen. En una muestra de frivolidad sin precedentes, declaró que su prioridad es «vestir bien» a los atletas.

Mientras los deportistas de regiones mendigan infraestructura y los clubes formativos agonizan por falta de presupuesto, la ministra parece creer que el podio se alcanza con una pasarela. Políticas de artificio «que le traen» mucha foto y mucha marca, pero muy poco de visión estratégica para el desarrollo del deporte base.

​Sin embargo, el verdadero abismo lo cruzó al intentar «arreglar» su desastrosa intervención sobre la moda del Team Chile. Y continuando con la comedia de absurdos, justificó su obsesión con la ropa utilizando a los deportistas paralímpicos como escudo humano.

​¿Una autoridad ministerial considera «necesario» ventilar la intimidad fisiológica de los atletas para justificar un ítem presupuestario?

​Al mencionar explícitamente el uso de pañales o condiciones médicas específicas del Team ParaChile, Duco no sólo rompió cualquier código de respeto y dignidad, despojó a los atletas de su condición de competidores de élite para reducirlos a objetos de caridad.

Eso no es «lenguaje inclusivo», es violencia discursiva. Es la exposición gratuita de la vulnerabilidad ajena para tapar la propia incompetencia.

​Duco llegó al cargo en lo que parece haber sido un sorteo o un «cachipún» político, premiando el rostro conocido por sobre la preparación mínima en gestión. Su absoluta falta de empatía y su incapacidad para distinguir entre una conversación de camarín y un discurso de Estado, la dejan tambaleando a tan sólo un mes y algo de recibir el cargo .

​Si el estándar de este gobierno para liderar el deporte es la imprudencia y la exposición de sus propios representados, entonces tenemos a la ministra perfecta. Para el resto del país, es una vergüenza que nos cuesta caro.