Columna de José Antonio Lizana: Esto no da para más

Estamos viviendo la peor crisis de seguridad social, espiritual y cultural de todos los tiempos. Y, por lo mismo, la violencia que vemos en todas partes es la misma que se traslada al estadio. No son fenómenos apartados.

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Por José Antonio Lizana
Actualizado el 12 de abril de 2025 - 6:46 pm

Con dos fallecidos, este partido nunca debió jugarse... Foto: ARCHIVO

En octubre de 2015, presenté el libro “Violencia en el fútbol. Investigaciones sociales y fracasos políticos”, del compilador argentino José Garriga Ducal. Fue en la Feria Internacional del Libro de Santiago, y la editorial, el Fondo de Cultura Económico. Entonces, algo conozco del tema.

También fui testigo y víctima de violencia en los estadios. Como hincha, cuando íbamos con Ferroviarios a jugar de visita y como espectador en los partidos de Colo Colo contra las universidades. O cuando salía del Monumental casi a la medianoche por algún partido de Copa Libertadores: sufrí agresiones y asaltos en el Metro y la micro.

Desde una perspectiva social, se puede afirmar que la violencia del estadio es la misma que se suscita en la calle o en la sociedad. No es un fenómeno exclusivo de un recinto deportivo y hoy, con mayor razón, cuando vivimos una de las peores crisis de seguridad social, espiritual y cultural.

No obstante, en esta coyuntura, estamos hablando de un espectáculo deportivo organizado por privados y actualmente vigilado por empresas particulares. Aquí la culpa no la tiene el chancho, si no el que le da el afrecho. Y los excesos tampoco son posibles si no existe una autoridad contemplativa y complaciente que no refuerza las medidas en un partido de alto riesgo. Asimismo, la Conmebol también tendría responsabilidad, porque es quien rige este torneo.

La mayor responsabilidad

Los niños que fallecieron, ¿tenían entradas? ¿Se pueden evitar las avalanchas organizadas? Sí, totalmente. ¿Se acuerda de los anillos de seguridad para entrar a los clásicos o conciertos? Si no tiene entrada, no puede acercarse al estadio. Es así de sencillo.

Así como están las cosas, no se puede dejar el cuidado de un niño de 12 años en manos de otros cuando va al estadio.

Pero, para mí, los organizadores del evento son los mayores responsables de esta tragedia.

Tristemente, los clubes se desentienden de los barristas, porque ellos no les pertenecen. No los tienen en ningún registro y sólo los utilizan para llenar los estadios o abonarse al canal que transmite los partidos. Las entradas deben llevar el registro de quienes las compran y de ahí para adelante, se deberían cumplir varios protocolos. Es fácil, sale la responsable de Estadio Seguro, pero después sigue todo igual.

La estructura es débil y hoy nadie nos garantiza salir vivos de un estadio. Esto es gravísimo y ya no da para más.

Estamos viviendo la peor crisis de seguridad social, espiritual y cultural de todos los tiempos. Y, por lo mismo, la violencia que vemos en todas partes es la misma que se traslada al estadio. No son fenómenos apartados.

¿De quién es la culpa?

Sin embargo, acá hay una responsabilidad de los organizadores, es decir los concesionarios del club popular, que no garantizan un espectáculo seguro. Es brutal ver imágenes de hinchas tratando de saltar las rejas y los alambres de púas.

En el Santiago Bernabéu o en el Nou Camp, ¿así ingresan los hinchas? ¿Qué nos está pasando? ¿Quién está educando? ¿Quién le pone el cascabel al gato y se hace cargo?

El Estadio Monumental de Colo Colo, hace muchos años, no tiene estándar internacional. No nos engañemos. Lo digo porque voy a este recinto continuamente.

Asimismo, su historial de accidentes es extenso desde aquel partido con Real Madrid, en 1993. Desde entonces, debe ser el estadio chileno donde -por uno u otro motivo- hay más pérdidas humanas.

En este país hace muchos años se le perdió el sentido a la vida y este partido, con dos fallecidos, nunca debió jugarse. Carabineros de Chile también tiene que dar una explicación por esto. ¿De quién es la culpa?