Columna de Felipe Bianchi: Ok, se fue Cagigao, ¿y ahora?

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Por El Ágora
Actualizado el 27 de diciembre de 2022 - 11:22 am

La apuesta de darle un rol de peso a alguien que nunca había cumplido esas funciones con anterioridad (el español siempre trabajó como scouting) era una gran apuesta. Y se perdió.

Por FELIPE BIANCHI LEITON / Foto: ARCHIVO

¿Hizo un buen trabajo Francis Cagigao? ¿Era la persona indicada para ejercer el nuevo cargo de gerente deportivo que recién hace poco más de un año aparecía, a modo de prueba, en la pirámide de poder de la ANFP? Todo indica que no. Que mucho no va a quedar de esta aventura. Las peleas con la prensa, quizá, a niveles impúdicos y casi payasescos. Con salidas de madre e intentos, en algún caso exitosos, de sacar gente del camino y del aire (es graciosa y algo ridícula, y acaso entendible por la vileza y la incultura habitual de los dirigentes del fútbol, esa preocupación casi enfermiza por silenciar periodistas….en un medio donde casi no existe la crítica y sí, y mucho, las voces y los medios coaptados a punta de amenazas, «notas exclusivas» siempre inútiles y fomísimas y al parecer estipendios).

La apuesta de darle un rol de peso a alguien que nunca había cumplido esas funciones con anterioridad (el español siempre trabajó como scouting) era una gran apuesta. Y se perdió. Los aires de grandeza de un tipo que se sentía a ratos como Napoleón en las Indias será, seguramente, lo que más recordaremos. O las acusaciones de plagio… porque hasta el día de hoy se dice que su famoso “plan de captación” para las selecciones nacionales era apenas el copy paste de otro anterior.

¿Que quedó entonces? Poco. Nada. Chile fuera del Mundial. Chile haciendo del ridículo, siendo más odiado que nunca por alcahuete y gastando como país rico en abogados carísimos, en su lucha por sacar a Ecuador de Qatar. Chile, llamando a un gringo a la Selección que duró apenas unos días y se volvió a su verdadera patria. El nuevo Pinto Durán, una vez más, como una promesa falsa y sin fondo.

No es mucho. En rigor es muy poco. ¿Le faltó tiempo? A lo mejor. Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos, con feroz certeza, es que, más que una queja del Consejo de Clubes a su trabajo, pendía desde el primer día sobre el cargo, más que sobre el propio Cagigao, una espada de Damocles, un reloj de arena que al final tenía una frase escrita: si es caro, no conviene.

Y Cagigao era caro. Casi 30 millones de pesos mensuales, sólo en sueldo. Una fortuna en estos tiempos donde la mala gestión de los dirigentes peloteros no permite anchuras de ningún tipo. Ya habíamos botado plata a montones con la fracasada llegada de Castrilli, en otro proceso que pretendía cambiar todo y, a punta de errores e incomprensiones, finalizó frustrado.

Ya habíamos llenado la alcancía de un abogado brasileño que vio en la torpeza nacional un río de oro -o al menos unos estupendos socios- para llevar a cabo el trabajo de esquilme más elegante y sabroso de los últimos tiempos.

¿Qué le iban a decir al Consejo, famoso por lo errático y miserable? La estaban dando: era el momento para transformar la inversión en gasto y echar a patadas a Cagigao. Puede que hasta tuvieras razón esta vez, pero el punto de fondo, el que debiera importarnos, es otro: su cargo, que evidentemente es necesario, probablemente, como fue pensado, dormirá ahora el sueño de los justos

¿Aprovecharán los nefandos de siempre de cerrar por dentro y hacer ver que, en realidad, la Federación no necesita un director deportivo? ¿Sepultarán el sueño de un trabajo a largo plazo, bien armado y bien pensado, encabezado por un profesional y no por los dueños de clubes, como ocurre en toda Federación que se precie de moderna? ¿Borrarán de una plumada lo avanzado? Probablemente. Y ahí entonces, una vez más, pagarán justos por pecadores al enredarse como siempre los conceptos: que Cagigao haya sido un fracaso no implica, de manera alguna, que haya que terminar con su cargo. El cargo es necesario, importante. Y hay que volver a llenarlo. Ojalá con alguien que, esta vez sí, se maneje en sus requerimientos y tenga la experiencia. Porque si aprovechan de traer a un amigo de tal o cual técnico o representante, baratito, que no haga ruido y agache la cabeza, estamos fritos. Tan fritos como estos últimos años cargados de penurias y fracasos.

El 2016 Chile le ganó, por segundo año consecutivo, una Copa América a Argentina. Ellos cambiaron, entendieron, aprendieron del golpe, mejoraron. Y hoy son campeones del mundo. Nosotros, en cambio, sólo despilfarramos lo conseguido. No trabajamos, no pensamos, no hicimos nada útil. Botamos la plata. O se la robaron, directamente. Y así estamos. Dos mundiales seguidos fuera de la elite. Dos Copa América sin cosecha alguna. Bajando en picada en el ranking FIFA. Nos creímos vivos. Y nos mataron. Porque, más que afuera, el enemigo estaba adentro.