Boxeo: “Pancora” Velásquez va en busca del sueño jamás alcanzado
Al más “mexicano” de los boxeadores chilenos combatir por una corona del mundo prácticamente le cayó del cielo. Con apenas una semana de plazo debió viajar a Miami para enfrentar este viernes al uzbeko Morodjon Akhmadaliev, por el título planetario de los supergallos que reconocen la AMB y la FIB. Se las verá frente a un monarca invicto y que como amateur luce también un impresionante palmarés.
Por EDUARDO BRUNA
Se enfrentará con un campeón del mundo invicto y contra el peso de la historia. Deberá luchar contra una preparación lejana al ideal y a un viaje apresurado, con todo lo que ello implica. Pero nada de eso parece amilanar a este José Luis Velásquez, conocido popularmente como “Pancora”. Proveniente de un medio tan escasamente competitivo, como el nuestro, el peleador quellonino se ha hecho en la adversidad, se ha nutrido del desprecio y la indiferencia y, frente a la gran oportunidad de su vida, prefiere ver el inmenso botín que tiene por delante antes que pensar y lamentarse de todo lo que ha tenido que bregar para estar donde ahora está: nada menos que en la víspera de combatir por una corona mundial de boxeo.
La historia ya se conoce. Velásquez se preparaba en Santiago, más concretamente en el Gimnasio México, para viajar a Puerto Rico y enfrentar allí, el 8 de diciembre, al peleador local Jonathan López Marcano. En la ocasión, pondría en juego si título estadounidense de peso gallo, ganado frente al invicto mexicano Ariel “Kuman” López el 22 de mayo pasado en Rock Hill, Carolina del Sur.
Sin embargo, un inesperado llamado desde el país del norte trastocó todos sus planes. ¡Y de qué manera! El campeón del mundo de los supergallos, reconocido por la Federación Internacional de Boxeo (FIB) y la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), el uzbeko Murodjon Akhmadaliev, se había quedado a última hora sin rival y se necesitaba con urgencia un peleador que lo reemplazara. Y no era fácil. La mayoría de los eventuales oponentes o tenían ya otros compromisos o, simplemente, se negaron frente a la abusiva urgencia de un combate que, por todo lo que está en juego, se equilibra entre una victoria épica o el más rotundo de los contrastes. Y es que nadie, o muy pocos, son los que aceptan protagonizar una pelea por un título mundial en juego cuando sólo queda una semana para tal compromiso.
Pero en el “Pancora” Velásquez encontraron a ese peleador que no lo teme a nada, y que producto de su desparpajo y de su “hambre” pronunció un rotundo “sí” que sonó a música en el oído de los organizadores. No sólo en ellos. Seguramente, y más allá de las sonadas victorias que Velásquez se ha anotado en el último tiempo, viendo su procedencia, examinando su record, el equipo de Akhmadaliev debe haber quedado más que satisfecho y hasta tranquilo. Un boxeador chileno implica un medio muy poco competitivo, un boxeo que nunca ha estado a la altura de tales desafíos desde el “Tany” Loayza hasta ahora y, por último, un record que, para estas instancias, no puede impresionar a nadie: de 37 peleas, el “Pancora” ha ganado 29, empatadas dos y perdidas seis.
“Pan comido”, debe pensar el equipo gringo tras este peleador uzbeko residente en Indio, California, y que, como aficionado, exhibe un palmarés más que interesante: medalla de plata en el Mundial de 2015 y medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 2016, en Río de Janeiro.
Definido como uno de los pugilistas emergentes más brillante de los últimos tiempos, Akhmadaliev es campeón del mundo desde el 3 de abril de este año, cuando en la Humo Arena de Tashkent, Uzbekistan, venció por nocaut técnico al japonés Ryosuke Iwasa. Y se recalca lo de “emergente” porque el uzbeko sólo suma nueve combates desde su debut como profesional, el 10 de marzo de 2018, cuando en Brooklyn le propinó un nocáut técnico a su rival, David Michel Paz.
De los nueve combates que hasta ahora suma como profesional, Akhamadaliev siete de ellos los ha ganado antes del límite. Sólo han terminado en pie Luis Fernando Molina (argentino), y Daniel Román (estadounidense).
Técnicamente muy completo, y dueño de una velocidad llamativa, incluso para una categoría baja como esta de los supergallos (122 libras o 55.338 kilos), Akhmadaliev subirá este viernes al ring montado en Miami como amplio favorito. Nada nuevo para el “Pancora”, acostumbrado ya a estas alturas de que lo lleven como víctima propicia para nutrir el record de su adversario.
Y es que Velásquez nunca buscó excusas para explicar esas seis derrotas que exhibe su palmarés, algunas de ellas ante peleadores que no mostraban, precisamente, una trayectoria muy interesante que digamos. Sólo ha dicho que “hubo un tiempo en que el boxeo fue para mí sólo lo que se dice un pituto. Tenía que ganarme la vida en otra cosa y, si por ahí salía una pelea, sólo podía entrenarme en la medida de mis posibilidades”.
Pero Velásquez también recuerda que, desde 2017 que no sabe de derrotas. Es más: de entonces y hasta ahora se ha anotado tres triunfos tan espectaculares como inesperados. Primero en Sao Paulo, Brasil, frente a Antonio Paulo Soares, un invicto brasileño que iba para ranqueado mundial. Luego, noqueando en Miami al nicaragüense Melvin López, también invicto en 24 peleas, de las cuales 19 habían sido por la vía del K.O. López, que estaba ya ranqueado entre los mejores del mundo de su categoría, cometió el error de pensar que el “Pancora” se iría al suelo al primer impacto. Finalmente, el 22 de mayo de este año, José Luis Velásquez vio cómo le levantaban la mano tras superar al invicto mexicano Ariel “Kuman” López en Rock Hill, Carolina del Sur, y lo consagraban como campeón estadounidense de peso gallo.
Pero así también el “Pancora” entiende que la pelea de este viernes constituye palabras mayores. Un campeón del mundo, habitante del Olimpo del boxeo, es otra cosa. Lo experimentaron dolorosamente Estanislao Loayza, Arturo Godoy, Godfrey Stevens, Martín Vargas, Cardenio Ulloa y Benedicto Villablanca, entre otros.
¿En qué basa su ilusión el “Pancora” Velásquez? En que, como “el más mexicano de los boxeadores chilenos”, posee esa estirpe que no se compra en botica y unas células capaces de rebelarse ante la adversidad, para ir siempre para adelante por más calidad, capacidad y pergaminos que posea el oponente. Ello, por cierto, no asegura la victoria, pero constituye un tremendo plus respecto de otros pugilistas nuestros que -por diversos factores-, fracasaron en el intento.
Martín Vargas, por ejemplo, aparte de pelear contra verdaderos “monstruos”, como Miguel Canto y Betulio González, confió siempre excesivamente en los estragos de su pegada. Cardenio Ulloa, que tuvo nocaut de pie a Richie Sandoval, no asestó nunca el golpe que faltaba para abrazar la gloria. Carlos Ariel Uribe, que en el 6° round tiró contra las cuerdas a Luis “Chicanero” Mendoza tras un “uppercut” tan violento como espectacular, al parecer pensó que el colombiano sólo estaba fingiendo y no fue nunca por su presa como habría ido otro peleador con más “hambre” y determinación que la que él tenía.
Naturalmente, estamos hablando de aquellos que pudieron cambiar la historia. Porque otros, como Juvenal Ordenes, Benedicto Villablanca, Benito Badilla, Bernardo Mendoza, Allí Gálvez y Miguel González, de antemano se sabía que tenían escasas posibilidades, más allá de que la opción no se las regalara nadie. ¿Arturo Godoy? Hizo una primera pelea memorable frente al inmenso Joe Louis, pero sólo le alcanzó para que uno de los tres jurados lo viera ganador y hacerse acreedor a una histórica y millonaria revancha.
Queremos decir que, si alguien puede dar una sorpresa, es este José Luis Velásquez. Peleador sanguíneo como el que más, el “Pancora” de seguro no se va a guardar nada. Como Carlos Monzón, el quellonino es de aquellos que ve al rival de turno como el que le va a quitar el pan, y pelea en consecuencia. En otras palabras, puede que no le alcancen sus recursos técnicos, su velocidad o su pegada, pero de lo que sí estamos seguros es de que sobre el ring expondrá guapeza para regalar.
“Akhmadaliev es muy bueno, pero él jamás ha peleado con uno tan fuerte como yo, y que tenga tanta hambre como yo”, dijo el “Pancora” en la conferencia de prensa habitual a la víspera de una pelea de este calibre. Y nos gustó. Porque no apeló a la fanfarronería que generalmente esconde una tremenda inseguridad y sólo se limitó a recalcar algo que constituye un secreto a voces: un triunfo le cambiaría la vida al “Pancora”.
Y, de paso, cambiaría la historia del boxeo chileno.
