Columna de José Antonio Lizana: colistas
Los números son contundentes y la realidad es cruel: somos últimos en las Clasificatorias Sudamericanas.
Por JOSÉ ANTONIO LIZANA / Foto: ARCHIVO
Estamos firmando la peor campaña del formato de todos contra todos desde que participamos por primera vez rumbo al Mundial de Francia 1998. ¿Por qué? Porque las cosas se han hecho mal desde la actual cabeza de nuestro balompié y desde hace mucho tiempo.
Tras la salida de Reinaldo Rueda, Pablo Milad hipotecó la clasificación al Mundial de Qatar 2022 al contratar a Martín Lasarte, un técnico claramente de clubes y no de selecciones.
Luego del estrepitoso fracaso del entrenador uruguayo, la ANFP trajo a Eduardo Berizzo para que se hiciera cargo del proceso al Mundial 2026. Pero el adiestrador argentino venía precedido de una muy mala campaña en Paraguay. En algún momento, el “Toto” pudo ser técnico de la Roja, quizás cuando dirigió a O’Higgins o en su paso por el Celta de Vigo.
En el fútbol chileno la materia prima no es abundante, por el negocio que tienen instaladas las sociedades anónimas y los representantes. Por lo mismo, Berizzo siguió echando mano de una Generación Dorada que ya estaba fundida. Y tampoco estábamos en presencia del heredero natural del estilo ofensivo de Marcelo Bielsa: su esquema era más bien mezquino y sin variantes tácticas. El ex Newell’s hizo lo que podía con lo que tenía, como lo han hecho todos desde Rueda para adelante.
¿Qué hubiera pasado si en vez de Berizzo llegaba Ricardo Gareca? Porque si te roban en la Copa América en todos los partidos y después de ese trauma te toca en las Clasificatorias con Argentina y Brasil en menos de un mes, ¿no es para quedar en shock y confundido? Y, confundido, Berizzo trabajó sin presión en los primeros meses de su mandato. Nadie le exigió el oro en los Juegos Panamericanos 2023 (le regaló el oro a Brasil en la final) y ganar los partidos de local. Finalmente, la vergonzosa derrota ante Venezuela de visita, sentenció su ciclo.
Es decir, le entregamos una estructura de mierda a Gareca.
Los resultados mandan y si Chile cae este martes ante Colombia, seguramente el “Tigre” se tendrá que ir. Yo, particularmente, le vi muy buenos encuentros amistosos iniciales, un buen partido ante Argentina en Copa América. Y un esperanzador segundo tiempo ante Brasil, con Palacios, Tapia y Alarcón como banderas de la nueva generación.
Si Gareca lee bien esos minutos en que los jugadores levantaron al público del Estadio Nacional, debe quedarse ante cualquier resultado con los cafetaleros. Porque la derrota ante los pentacampeones del mundo fue igualmente dolorosa que las anteriores, pero ahora al final del túnel se vio una ínfima luz.
En su trabajo y en el mío, cuando usted no cumple sus metas, le pegan una soberana patada en el traste. ¿Por qué en este caso no pasa lo mismo con Pablo Milad, quien lideró el frustrado proceso clasificatorio a Qatar y tiene al fútbol chileno en la peor de las miserias? ¿Por qué no renuncia? Sus bastiones mediáticos encuentran el campeonato maravilloso y de infarto.
El tipo debe tener mucho poder y por eso no sale. Además, como buen político (de derecha) posee un magnetismo engatusador casi hipnotizante. Lo pude comprobar el año pasado, en el teatro municipal de Vitacura, cuando participó en el lanzamiento del libro biográfico de Elías Figueroa. El tipo está en el fútbol para obtener beneficios propios y no por el bien de esta disciplina. Esa es la cuestión.
