Para vivir en Marte hay que empezar por un puñado de alfalfa
Según científicos de la Universidad Estatal de Iowa, semillas de esa planta podrían cultivarse en el planeta rojo. Claro, si es que se confirma que hay agua en su superficie o debajo de ella.
Foto: The Martian
Elizabeth Swanner, biogeoquímica de la Universidad Estatal de Iowa y una de las autoras del estudio, afirma que si alguien pretende vivir en Marte, una buena idea sería llevar semillas de alfalfa, que son capaces de crecer en un suelo que imita la tierra marciana.
La alfalfa es altamente nutritiva, pero la planta germinada se puede convertir en abono para fertilizar el suelo y estimular el crecimiento de verduras como nabos, rábanos y lechugas.
No tan lejos del personaje interpretado por Matt Damon en “The Martian” (“Misión rescate”), la película de 2015 de Ridley Scott, en la que el astronauta Mark Watney queda abandonado en Marte y para sobrevivir usa desechos humanos para cultivar papas.
“Creo que es importante tener estudios como el nuestro, que nos ayuden a darnos una idea de la viabilidad de poder sobrevivir en esas condiciones. Creo que más difícil que conseguir cultivos, si es que realmente hay agua en Marte, es cubrir las necesidades calóricas y nutricionales de los astronautas. Y aunque estamos lejos de llevar misiones humanas a Marte, debemos prepararnos para lo imposible”, dice Swanner.
El suelo marciano real es difícil de conseguir. Los únicos ejemplos en la Tierra provienen de meteoritos. Pero los investigadores pudieron simular ese suelo triturando rocas volcánicas.
La alfalfa creció bastante bien en el suelo simulado sin fertilizantes ni nutrientes adicionales. Y cuando se usó la alfalfa descompuesta, crecieron mucho mejor los nabos, la lechuga y los rábanos.
Para Swanner, “las plantas cultivadas no eran particularmente densas en calorías, y para sobrevivir en un planeta tan hostil como Marte sería crucial contar con suficientes calorías a diario. Pero creemos que los frijoles también podrían cultivarse en las mismas condiciones”.
La inquietud no es nueva, y ya hace varios años que la empresa holandesa Groen Agro Control comenzó a investigar cuál sería la mejor forma de cultivar y fertilizar plantas en el espacio.
Como explica el portavoz Lex de Boer, “aunque las plantas sólo pueden fertilizarse con los minerales transportados hasta el espacio, queremos obtener cosechas de la máxima calidad. Lo ideal sería aprovechar el agua que se evapora de las plantas y convertirla en potable con una purificación mínima. Así habrá que aplicar cada mineral en una dosis cuidadosamente calculada para que quede el menor resto posible en el agua de drenaje”.
El proyecto Sistema Alternativo de Soporte Microecológico para la Vida (Melissa, por sus siglas en inglés) desarrolla un sistema de soporte vital “cerrado”, en el que todos los recursos se reutilizan y reciclan para satisfacer las futuras necesidades de los humanos en largas misiones previstas, o no, a la Luna y Marte. De este modo, por ejemplo, la totalidad de los residuos orgánicos y el dióxido de carbono obtenido como subproducto debería convertirse en oxígeno, agua y alimentos.
Los astronautas necesitarán cultivar sus propios alimentos con recursos limitados, y reciclar la mayor cantidad de agua posible de ese ciclo de cultivo. Por lo tanto, es vital que se desarrolle un esquema que les diga exactamente la cantidad correcta de fertilizante para aplicar en cada etapa del crecimiento de las plantas.
Ya la empresa construyó un sistema cerrado en el que las plantas de tomate y pimiento recibirían dosis de 16 minerales y empezó a estudiar la correlación entre el consumo de cada mineral y su crecimiento.
A partir de estos experimentos y de los resultados obtenidos al cultivar verduras en entornos cerrados y controlados como si se tratara del espacio exterior, la empresa desarrolló un plan para horticultores con el objetivo de maximizar el crecimiento y rendimiento mediante el uso riguroso de fertilizantes. Como pepinos, berenjenas, rosas o alfalfa.
