Al fútbol chileno le está faltando mayor inteligencia emocional
Los que piensan que el fútbol se juega con los pies son los mismos que creen que el ajedrez se juega con las manos.
Por GERARDO SILVA / Foto: JONNATHAN OYARZUN/PHOTOSPORT
¿Qué está pasando con la cabeza de nuestros futbolistas?
Los últimos acontecimientos acaecidos en el fútbol chileno nos dan muestra de lo poco y nada que se entrena la inteligencia emocional. Los futbolistas dejan al descubierto que no entienden el juego desde lo mental, su individualismo los supera, no tienen cabeza, están convencidos de que el fútbol se juega de manera individual y no advierten que son una pieza más del equipo y que el juego tiene un propósito institucional y colectivo.
Cuesta entender cómo es posible que exterioricen sentimientos de frustración y se comporten iracundos cuando su jefe directo, de acuerdo a sus facultades, toma la decisión de reemplazarlos, pensando justamente en este propósito y dando por hecho que todos y cada uno de sus jugadores entienden perfectamente de qué se trata. No obstante, las reacciones no se dejan esperar, y es así como algunos futbolistas, Fernando Zampedri en la Universidad Católica, Camilo Moya en la Universidad de Chile, Leonardo Gil y el propio Maximiliano Falcón en Colo Colo, dejan en evidencia con sus berrinches infantiles y conductas poco amigables que este aspecto tan importante es poco considerado por el equipo técnico.
Incluso algunos integrantes de estos equipos también manifiestan conductas descontroladas, situación que agudiza aún más el problema.
Pero, ¿la inteligencia emocional es entrenable?
Conversamos al respecto con Gilson dos Santos, destacado psicólogo brasileño que trabajó con la Generación Dorada para el Mundial de Canadá 2007, luego con Nicolás Massú, con Carlo de Gavardo, con el plantel profesional y las divisiones menores del club O’Higgins de Rancagua, lo propio con Everton de Viña del Mar y muchos deportistas de élite. Esto fue lo que nos dijo al respecto:
“Exteriorizar las frustraciones es la conducta habitual en los futbolistas. No encuentran nada mejor que responsabilizar a su entorno de sus pequeños fracasos, se sienten incomprendidos, poco valorados, huérfanos de apoyo y afecto. Todo esto genera trastornos en la personalidad y el autoestima, lo que claramente se puede trabajar. Más bien se debe trabajar, entendiendo que es un aspecto absolutamente entrenable y medible”.
Continuó: “Se mide con la perspectiva de su realidad, generando trabajos situacionales en el preciso momento en que se manifiestan estas conductas fuera de normas. La tarea de los líderes es saber canalizar las emociones, ser asertivos y manejar los equilibrios entre la pasividad y la agresividad, el egocentrismo, el personalismo. El yo por sobre el nosotros genera caos en los equipos de trabajo, es necesario generar instancias de entrenamiento mental antes, durante y después de un proceso, con la intención de mantener los equilibrios necesarios para que siempre ´el nosotros supere al yo´. Cuando eso se consigue se evitan un montón de berrinches innecesarios que solamente distraen la atención y generan preocupación en un entorno competitivo que de por sí ofrece muchos momentos de tensión”.

Semana a semana podemos observar una cantidad importante de episodios que nuestros deportistas vienen ofreciendo: falta de respeto hacia los árbitros y entre los propios compañeros de profesión, pero principalmente cuestionamientos a las decisiones técnicas.
Es cuestión de observar alguna sustitución en cualquier partido, indiferente de la categoría, para advertir actitudes poco empáticas y poco decorosas. El no saber canalizar la frustración para mantener una buena conducta va generando una mala imagen y se entra en un círculo vicioso del cual resulta difícil salir.
Hace unos días fuimos testigos de un encontrón poco amigable entre el entrenador del Inter de Milán, Antonio Conte, y su goleador Lautaro Martínez. El técnico hace ingresar a Lautaro Martínez en reemplazo de Alexis Sánchez en el minuto 35 del primer tiempo y luego, en una segunda decisión, reemplaza al propio Lautaro Martínez a los 22 minutos del complemento. Sólo 32 minutos alcanzó a estar en cancha el goleador argentino y este sólo hecho, que pudo tener distintas motivaciones, desató la furia del jugador, manifestando su molestia. El técnico lo advirtió, le llamó la atención y de ahí en más se dijeron de todo. Discutieron iracundos a viva voz, ofreciendo un triste espectáculo.

Sin embargo, en el primer entrenamiento post partido ofrecieron una parodia de sus conductas, quedando todo en el buen sentido del humor. Esto sucede en un ambiente absolutamente distinto al que viven los futbolistas en nuestro torneo local. Recordemos que el Inter de Milán se encuentra viviendo momentos felices, son campeones de liga y los desencuentros pueden transformarse en un momento jocoso con cierta facilidad.
Lo cierto es que, más allá de cualquier comparación, los cuerpos técnicos multidisciplinarios deben ahondar muchísimo más en el entrenamiento mental y procurar tener desde la jefatura muchísima inteligencia emocional, para pregonar con el ejemplo. No sea que le pidamos a los jugadores estabilidad emocional mientras los técnicos salimos reiteradamente expulsados desde el banco, situación que se está haciendo muy habitual en nuestro fútbol.
Somos testigos que los berrinches son a nivel mundial lo que no significa que debemos aceptar esto como una conducta normal. Particularmente, me parece que acá algo falta. Por la misma razón me entrevisté con este destacado profesional, con la idea de adquirir mayor conocimiento al respecto y entender el por qué las conductas erradas de los futbolistas de nuestro medio.
Gilson dos Santos aduce y agrega que “el futbolista enfrenta esta actividad con un montón de expectativas personales, y en un permanente estado de estrés debe resolver situaciones y no sólo para cumplir los objetivos colectivos sino que también debe ver favorecido su desarrollo personal y profesional. Muchas veces ambas cosas no se hacen compatibles, es ahí donde se sienten incomprendidos, poco valorados y responsabilizados por su jefe directo en el momento en que éste decide sustituirlo, momentos para los que no están mentalmente entrenados”.
Al concluir esta conversación con Gilson, nos deja el siguiente mensaje: “Para controlar las emociones se recomienda reformular las convicciones y pensamientos, no permitiendo que las situaciones te dominen emocionalmente. Reinterpretando las situaciones el jugador podrá manejar mejor sus emociones y hará que el rendimiento aumente. Eso marca la diferencia entre un jugador estable emocionalmente comparado con aquellos que se dejan dominar por las mismas situaciones. A esto llamamos inteligencia emocional. Este aprendizaje es progresivo, y por ende se puede lograr mejorías sustantivas con el debido entrenamiento”.
