Claudia Cardinale: muere la actriz de las 150 vidas
La actriz, de belleza cautivante y sorprendente talento, murió en París este martes a los 87 años. Tuvo una carrera de más de seis décadas en la que sobresalió por su versatilidad.
“He vivido más de 150 vidas: prostituta, santa, romántica, aventurera… Cada tipo de mujer. Es maravilloso tener la oportunidad de transformarse. Y trabajé con los directores más importantes. Ellos me lo dieron todo”, expresó hace unos años Claudia Cardinale.
La actriz, de belleza cautivante y sorprendente talento, murió este martes a los 87 años tras una carrera de seis décadas.
Nació en Túnez, en abril 15 de 1938, y al bautizarla, sus padres le dieron el sello de una familia siciliana: Claudia Giuseppina Rose Cardinale.
A los 19 años ganó un concurso de belleza en Túnez y eso le permitió asistir al Festival de Cine de Venecia. El viaje dio inicio a una carrera que la convirtió en una de las actrices más famosas del mundo.

Pero su debut no sería fácil. Su voz debían doblarla porque ella hablaba un dialecto siciliano en casa y estudiaba en un colegio francés (Túnez era por entonces protectorado francés). Pero, como dice el dicho, todo podría ir peor… En 1958 dio a luz a su hijo Patrick, fruto de una violación de un productor cinematográfico. Durante años lo presentó públicamente como su hermano menor y sus padres se hicieron cargo de su crianza.
Resentimiento y daño
Tras varios papeles secundarios, llegó la consagración en 1963, y con dos clásicos del cine italiano. “El gatopardo”, de Luchino Visconti y, paralelamente, “8 y ½” (“Otto e mezzo”) de Federico Fellini. Allí compartió créditos con grandes de la actuación, como Marcello Mastroianni, Anouk Aimée, Burt Lancaster y Alain Delon.
En una entrevista de 2013, la artista comparó los estilos de los dos directores: “Fellini no podía filmar sin ruido. Pero Visconti era todo lo contrario. Era como hacer teatro: no podíamos decir una palabra. Muy serio”.
Con el impulso llegó a Hollywood: “La Pantera Rosa”, de Blake Edwards y con Peter Sellers. Y luego con el que para muchos es el mejor western jamás filmado: “Érase una vez en el Oeste”, de Sergio Leone (1968).
Sin embargo, tras separarse del productor Franco Cristaldi para iniciar una relación con el cineasta Pasquale Squitieri, quedó marginada de la industria.
Cristaldi, resentido y celoso, pidió a colegas y amigos que la excluyeran de proyectos. “Fue un momento muy delicado. Descubrí que no tenía dinero en mi cuenta bancaria”, relató la actriz.
Papeles cada vez más complejos
Franco Zeffirelli le devolvió la visibilidad, al convocarla para la miniserie “Jesús de Nazaret” (1977). A partir de entonces retomó el trabajo con cineastas europeos, como Werner Herzog (“Fitzcarraldo”) y Marco Bellocchio (“Enrique IV”). Así se mantuvo activa en una cinematografía diversa, entre papeles dramáticos y melancólicos, pero también muy capaz de grandes comedias.
Y fue reconocida siempre como una mujer muy independiente. En una ocasión desafió a El Vaticano en una audiencia con el papa Pablo VI: llegó con minifalda, lo que alimentó su reputación de irreverente.
Cardinale falleció en su casa de Nemours, cerca de París, según anunció su agente, Laurent Savry, a la noche del martes.
Deja atrás su gloria, películas impecables y elogios de grandes directores que confiaron en ella para papeles cada vez más complejos. En esos títulos dejó su huella indeleble.
