Solsticio de verano: rituales ancestrales marcan el cambio de ciclo

Con ceremonias y ofrendas, los pueblos originarios de Chile conmemoran el día más largo del año, dando inicio a una etapa asociada a la abundancia, la renovación y las cosechas.

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Por Cristián Carrión
Actualizado el 21 de diciembre de 2025 - 1:56 pm

El pueblo mapuche celebra el Wiñon Antü / Foto: ARCHIVO

El solsticio de verano vuelve a reunir a los pueblos originarios de Chile en torno a ceremonias ancestrales que se desarrollan desde el norte andino hasta la Patagonia.

La fecha, que marca el momento en que el sol alcanza su mayor altura en el cielo y se vive la jornada con más horas de luz del año, simboliza un cambio de ciclo profundamente ligado a la naturaleza.

Sabiduría ancestral y vínculo con la tierra

En la zona centro-sur, el pueblo mapuche celebra el Wiñon Antü, período que representa el florecimiento de la vida, la fuerza de la tierra y el cuidado de los bosques. Son días de rogativas, agradecimientos y encuentros comunitarios donde se refuerza la relación espiritual con el sol, el agua, los vientos y el entorno natural.

A diferencia del calendario occidental, el pueblo mapuche no asocia este momento con el inicio de un nuevo año, ya que ese hito se celebra durante el solsticio de invierno, cuando el sol “regresa” y comienza un nuevo ciclo vital.

Celebraciones en el norte y el extremo sur

En el norte del país, los pueblos andinos conmemoran el Qhapaq Inti Raymi, o Gran Fiesta del Sol, que representa el apogeo del astro rey. Según su cosmovisión, desde este punto el sol inicia un tránsito más lento, preparando su posterior debilitamiento y renacimiento en invierno.

En la Patagonia, las tradiciones del pueblo selknam recuerdan este período como un tiempo de abundancia y conexión espiritual, cuando los ancestros acompañaban simbólicamente a la comunidad en la renovación del mundo natural. Aunque se creyó extintos por décadas, hoy existen descendientes que mantienen vivas estas prácticas culturales.

Inicio oficial del verano

Desde el punto de vista astronómico, el verano comenzó oficialmente este domingo 21 a las 12:03 horas, extendiéndose por casi 89 días. A partir de ahora, la luz diurna comenzará a disminuir de forma gradual hasta el equinoccio de otoño, previsto para marzo de 2026.

El inicio del verano también trae consigo altas temperaturas, especialmente en la zona central del país. Especialistas advierten que durante esta época aumenta la exposición a la radiación solar, el cloro y la salinidad, factores que pueden afectar la piel.

“El uso de protector solar no debe limitarse a la playa. La radiación solar impacta en cualquier actividad al aire libre”, explican desde el ámbito de la dermatología, recomendando filtros solares altos, hidratación constante y el uso de ropa adecuada para reducir riesgos.

Así, el solsticio de verano no sólo marca un hito astronómico, sino también un encuentro entre tradición, naturaleza y vida cotidiana, donde el conocimiento ancestral dialoga con los desafíos actuales del clima y la salud.