Felipe Berríos renuncia a los jesuitas con duros reproches
El sacerdote, absuelto por la Justicia y el Vaticano de denuncias de abusos sexuales, decidió dejar la Compañía de Jesús, a la que atribuye alimentar el morbo y avalar el escarnio público que debió enfrentar.
El sacerdote Felipe Berríos renunció a la Compañía de Jesús, a la que criticó duramente por la forma en que trató su caso. “No tengo rencor ni rabia, solo una profunda tristeza”, dijo Berríos.
Al religioso se le acusó que en el año 2000 abusó sexualmente de ocho mujeres, algunas menores de edad. Sin embargo, la Corte de Apelaciones de Santiago lo absolvió de todos los cargos el 5 diciembre pasado. Asimismo, el 9 del mismo mes, el Vaticano anuló todas las sanciones contra Berríos.
En una extensa carta, Berríos critica a la Compañía de Jesús chilena, congregación que dejó en 2023 y que también lo expulsó. No obstante, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe determinó dejar sin efecto su expulsión por falta de antecedentes.
“Hace tres años y nueve meses, como es de público conocimiento, comenzó uno de los momentos más duros de mi vida. Una persecución y un escarnio públicos que no le deseo a nadie. Y esto no podemos olvidarlo, pues antes de que yo conociera de qué se me acusaba y por quiénes. Y aún choqueado por lo que muy vagamente me comunicaba el provincial por teléfono, la Compañía de Jesús -a la que también pertenezco- hizo público un comunicado de prensa indicando con dureza que yo estaba suspendido de mi sacerdocio por acusaciones de índole sexual en mi contra”.
Alimentar el morbo
Recuerda que “fue difícil para mí poder decir algo. Recién tres días después de esa declaración pública, me leyeron parcialmente los hechos y relatos que había en mi contra”.
Agrega que “siendo un sacerdote conocido y con relevancia pública, que dio retiros a más de 15 mil adolescentes de distintos colegios y a miles de jóvenes que enseñaban en Infocap y/o trabajaban en ‘Un Techo Para Chile’, esta denuncia generó un gran revuelo mediático. Algo que hoy entiendo era lo que se buscaba”.
“Escarnio público apoyado y amplificado por la hoy cuestionada Fundación para La Confianza. Y avalado por el gobierno de la Compañía de Jesús”.
Asimismo, “en esos momentos de dolor y de bastante soledad, sin saber mucho de qué se me acusaba, se publicaron entrevistas y declaraciones. Y se emitieron programas en los medios de comunicación diciendo cosas tremendas sobre mí, las cuales dañaron profundamente mi alma. Se podrán imaginar el estado anímico, psicológico y espiritual en el que me encontraba”.
Añade que “lo noble, justo y misericordioso es que la Compañía especificara los hechos en vez de alimentar el morbo con sus omisiones. Que, aunque hubieran sido involuntarias, me dañaron irreparablemente a mí y a mis cercanos”.
Restricciones sacerdotales
“Para la Compañía, soy igualmente responsable de hechos que no cometí. El 22 de octubre de 2025 (…), el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, después de un riguroso análisis de todo el material investigativo (…), concluyó definitivamente que ‘no resulta la certeza moral sobre la comisión de los delitos imputados’. Pero la decisión del Vaticano no dejó conformes a algunos de mis hermanos. El 24 de noviembre de 2025, el Presbítero General, reconociendo su sorpresa ante el fallo del Dicasterio, afirmó que acataba y respetaba la decisión (…), pero, acto seguido ordenó, una vez más con publicidad, ‘atender a las personas que de alguna manera han sido vulneradas’” por las conductas que se me acusaron”.
“He reflexionado mucho respecto a las últimas comunicaciones emitidas por la Compañía sobre este caso. Debo confesar que he pasado de la sorpresa a la resignación y del dolor a la molestia. Y así un sinfín de sentimientos encontrados. Finalmente, esta carta es una respuesta formal al presbítero provincial, quien al notificarme del Decreto del Dicasterio -sin manifestar alegría o al menos alivio por el resultado a mi favor-, me comunica siete medidas disciplinarias, entre ellas restricciones a mi ministerio sacerdotal”, denunció Berrios.
Se autodenunció
“No tengo rencor ni rabia. Solo una profunda tristeza por el comportamiento de algunos hermanos jesuitas. Aunque seguiré fiel al evangelio y al sacerdocio (…), ante la actitud del gobierno de la Compañía de Jesús, no me queda otra decisión, en conciencia y delante de Dios, que solicitar la salida”, añade.
“No puedo aceptar el ultimátum que me dio la Compañía, tanto por lo desproporcionado de las medidas que me impone, como porque es evidente que se rompió la hermandad que existía entre nosotros. Les mando un abrazo afectuoso a todos mis hermanos jesuitas, y reitero lo que dije el día en que conocí la resolución final del Dicasterio: siento profundamente que la verdad me hizo libre”, finalizó Berríos.
Aunque corresponden al año 2000, las denuncias salieron a la luz en mayo de 2022. La respuesta de Berríos fue autodenunciarse en la Fiscalía.
