El caso Djokovic
Lo que no debió pasar de ser un episodio deportivo, se ha transformado en un incidente político internacional y un boom periodistico abismal. El hecho de que el tenista profesional Novak Djokovic haya sido detenido en el aeropuerto internacional de Melbourne, Australia, por las autoridades de Inmigración y recluido en un hotel bajo vigilancia policial, a la espera de su deportación, ha causado conmoción mundial.
Por SERGIO RIED
Pero vayamos a la génesis del asunto. El tenista número uno del mundo Novak Djokovic es uno de los antivacuna que se niega a inocularse contra el Covid19 y a sabiendas de que sin estar vacunado no podría ingresar a Australia, insistió en su porfiada posición y se embarcó a defender su título de campeón del AO (Abierto de Australia).
Con el resultado previsto: fue arrestado en el aeropuerto de Tullamarine por la policía fronteriza por no estar vacunado, algo que en la isla es muy delicado, sobre todo por las penurias que ha debido soportar el pueblo australiano y en especial la provincia de Victoria que aguantó 270 días de reclusión por el maldito virus.
Esto no lo entendieron ni el tenista ni su madre y menos el ogro Srdjan Djokovic, su padre, que armó una batahola llena de amenazas e insultos contra el gobierno australiano, elevando a su hijo a la categoría de Cristo y el gladiador Espartaco, trasladando un tema deportivo al terreno político.
El equipo de juristas que defiende al tenista se basa en que Tennis Australia, el ente rector de este deporte en la isla, lo dejaría jugar en el primer Grand Slam del año si presentaba documentos médicos que acreditarán que NO PUEDE VACUNARSE por motivos de salud. Este documento si fue presentado por el jugador, pero sin tomar en cuenta que las visas las otorga el Gobierno y no la Federación de Tenis. Por lo que mal podria jugar si no lo dejan ingresar al país. Y en este punto el Primer Ministro Scott Morrison es inflexible: «Nadie puede ingresar al país si no cumple con nuestras reglas, ya sea el Presidente de Estados Unidos, un ingeniero o el mejor tenista del mundo».
Y ahí está Nole, encerrado en el Park Hotel de Melbourne (apodado hotel de los gusanos), saludando a un grupito de jóvenes hinchas serbios por la ventana, a la espera de la resolución final del Gobierno de Australia, sobre su deportación o un permiso de ingreso.
En cualquiera de los dos escenarios Djokovic estaría muy complicado. Porque de competir, lo haría bajo condiciones muy precarias tanto fisicas cono mentales dada su prolongada reclusión y porque tendría a todo el público en contra debido a su postura que es repudiada por toda la población. Y de ser deportado, debería estar más de un mes sin jugar y arrastrando otra fea mancha en su hoja de vida.
