Columna de Mario Olavarría: El desafío de las relaciones con Brasil

No fue sólo una llamada diplomática la que hizo el presidente José Antonio Kast al reelecto mandatario de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.

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Por El Ágora
Actualizado el 28 de octubre de 2026 - 4:46 pm

Las relaciones entre Chile y Brasil siempre han sido óptimas / Foto: ARCHIVO

Seguí muy atentamente la segunda vuelta electoral en Brasil, porque se trataba de dos candidatos ubicados en polos opuestos de las ideologías políticas.

Y aunque no estoy ni cerca de su visión de Estado, el triunfo de Lula permitirá a ambos países —Chile y Brasil— continuar impulsando una colaboración económica e institucional que traspasa fronteras ideológicas y trasciende a los gobiernos de turno.

Me interesa hurgar siempre en la historia.

En sus hitos, desde los albores de nuestra independencia, rescato que Brasil reconoció tempranamente a Chile como república y, de paso, mantuvo una postura neutral durante la Guerra del Pacífico, entre 1879 y 1884.

Muchos años después, el pacto entre Argentina, Brasil y Chile (el llamado bloque ABC) a comienzos del siglo XX, permitió mantener la estabilidad del Cono Sur y actuar con peso propio ante las presiones e influencia geopolítica de Estados Unidos y Europa.

En la historia reciente, el Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado en noviembre de 2018 y oficializado con su entrada en vigencia a principios de 2021, representa uno de los momentos clave de la integración económica regional.

Más allá de la reducción de aranceles, el comercio de servicios, la seguridad jurídica, las medidas sanitarias y la inversión cruzada, la relación bilateral enfrenta hoy un escenario multidimensional complejo.

El combate coordinado contra el crimen organizado transnacional y el narcotráfico es sólo la urgencia más visible de una agenda compartida.

A ello se suman desafíos estructurales de gran calado: el impulso definitivo al Corredor Bioceánico para conectar eficientemente el Atlántico con el Pacífico, la gestión responsable de las dinámicas migratorias continentales, la integración energética hacia fuentes limpias, el resguardo de la seguridad alimentaria en un contexto internacional convulso y los temas medioambientales que nos golpean con severidad.

Eso sí, la historia demuestra que la misión de la diplomacia entre Santiago y Brasilia siempre ha sabido situarse por encima de las trincheras ideológicas.

En un siglo XXI globalizado e incierto, el éxito de la gestión de ambos países no se medirá por la afinidad partidaria de sus líderes, sino por la madurez pragmática con la que logren convertir estos retos compartidos en estabilidad y desarrollo para todo el Cono Sur.

(*) Mario Olavarría Rodríguez es abogado y diputado por la Unión Demócrata Independiente (UDI) desde 2025. Fue concejal por Providencia (1996-2000), alcalde de Colina en cinco períodos consecutivos (2000-2021) y delegado presidencial (2021-2022).

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