Carta desde Ecuador: Gabriela Mistral con alma guayaquileña

El cónsul chileno en Guayaquil, Jorge Valenzuela, rememora una visita inolvidable de la poeta en 1937, donde nació, justamente, la idea de postularla al Premio Nobel de Literatura, una campaña que tuvo su recompensa en 1945.

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Por El Ágora
Actualizado el 18 de diciembre de 2025 - 1:23 pm

Gabriela en un colegio en Guayaquil / Foto: PATRIMONIOS.CL

Al cumplirse 80 años de la entrega del Premio Nobel a la poeta Gabriela Mistral vale la pena recordar el profundo y permanente vínculo que tuvo con Guayaquil, no sólo por el cariño y gratitud con que ella recordaba a esta ciudad, sino que también por todo el afecto que esta urbe le prodigó.

En efecto, en 1937 mientras desempeñaba el cargo de cónsul de Chile en Lisboa, Gabriela Mistral decidió realizar un viaje por Latinoamérica. Su primer destino fue Brasil, donde permaneció algunos meses. Pasó luego a Uruguay ―allí leyó sus versos acompañada de Alfonsina Storni y de Juana de Ibarbourou―, siguiendo a Argentina, en donde visitó a su amiga Victoria Ocampo y acordó con ella la publicación de “Tala”, su segundo libro de poemas, viajando posteriormente a Chile donde se quedó por varios meses.

Luego viajó a Lima, ciudad donde el embajador de Ecuador en Perú, Gonzalo Zaldumbide, aprovechó la ocasión para invitarla a Guayaquil.

Gabriela dejó testimonio de este pedido en una carta a Victoria Ocampo:

“Cara Votoya, tan presente:

Llevaremos 21 días en Lima. Nos iremos el 17. No sabemos aún si a… Guayaquil. ¡Quiere (Gonzalo) Zaldumbide que vaya a su país, pero no puedo subir a carrito (sic, debe de tratarse de Quito) (…). En todo caso quedaríamos sólo ocho días en Guayaquil. (Dicen que es lindo ver pasar el Guayas, el río grande y lento)”.

Amor sin barreras

Se podría decir que Gabriela Mistral visitó Guayaquil casi por cortesía, pero se fue enamorada de la provincia ecuatoriana y también Guayaquil quedó prendado de su personalidad. Aún antes del Nobel, aún antes de su inmensa fama como la primera latinoamericana que recibiera el preciado galardón, aún antes que su nombre rodara por el mundo, fue Guayaquil quien la atesoró y la hizo su hija predilecta.

Esta feliz unión nació un día de julio de 1938 cuando la escritora, periodista y feminista ecuatoriana Adelaida Velasco Galdós recibió un telegrama de su amigo el embajador Zaldumbide con una inesperada solicitud, ser la anfitriona de Gabriela en su estadía en Guayaquil y colaborar en la organización de los eventos de su visita. La periodista cumplió tan a cabalidad el pedido, que Gabriela amplió su permanencia de los ocho días iniciales a 42 días de actividades.

Gabriela participa en una cena en su honor / Foto: PATRIMONIO.CL

Una visita destacada

Los detalles de esta visita quedaron reflejados en una magnifica crónica que tiempo después hiciera el periódico El Universo, uno de los más importantes de la ciudad. Señalaba: “El 19 de agosto de 1938, Guayaquil fue testigo del paso de Gabriela Mistral, mujer literaria y poetisa proveniente de Chile que años después hizo historia al ganar el Premio Nobel de Literatura en 1945. La chilena, nacida en Vicuña, cumplió una variada agenda entre actos solemnes, distinciones y turismo en Guayaquil”.

En efecto desde su llegada y durante su estadía, los homenajes a Gabriela se sucedieron uno a otros. Todos querían saludarla. El Universo incluso rentó una barca para salir al encuentro del vapor Copiapó que traía a la poetisa llevando a una delegación de alto nivel conformada por su director Sucre Pérez Castro, el cónsul de Chile, Pedro Ramírez Soto y el canciller Luis Raúl Bravo, el poeta y periodista Telmo Vaca del Pozo, el poeta Leopoldo Benites V y otras personalidades.

Una vez a bordo la delegación, junto con un ramo de flores y como bienvenida a la ciudad le entregaron algunos ejemplares de la edición del periódico que daba cuenta de su llegada.

El recibimiento de Guayaquil

Luego de recibir estas delegaciones y dar su saludo, Gabriela desembarcó en Guayaquil donde fue recibida por una gran multitud y por el alcalde Asisclo Garay, que la acompañó por una calle de honor desde el muelle hasta la entrada del Grand Hotel, mientras centenares de estudiantes de escuelas y colegios de la ciudad le lanzaban pétalos de rosas a su paso.

En el hotel, el alcalde Garay ofreció un cóctel y presentó oficialmente el saludo del Consejo Municipal a la poetisa, haciéndole entrega de las llaves de la ciudad y declarándola huésped de honor de Guayaquil.

En la ceremonia, la poeta indicó que ella había venido a la ciudad para empaparse de su vivir, estudiar su ambiente, convivir con sus clases sociales, estimular a los niños, departir con sus intelectuales y admirar los paisajes.

Finalmente, una pequeña de 9 años, Annunziata Caputi (más tarde reconocida como una de las mejores declamadoras de Ecuador), recitó el poema de Gabriela “El beso”.

Tampoco los colegios de Guayaquil quisieron estar ausente de los homenajes a la insigne chilena y fue así como durante su estadía visitó y fue homenajeada por la Escuela Normal Rita Lecumberry y por su escuela anexa, que desde entonces se llama Gabriela Mistral, visitó el Colegio Guayaquil donde dio un discurso sobre una América nueva para las estudiantes femeninas, fue a la escuela particular Rosa Borja de Icaza en la localidad de Naranjito y en Yaguachi los alumnos de la escuela Rosario Maridueña le rindieron tributo con arreglos florales confeccionados por ellos.

Junto a las mujeres

También el profundo espíritu feminista de Gabriela Mistral se destacó en su visita a la sede de la Legión Femenina de Educación Popular, una organización feminista y educativa cuyo objetivo era promover la educación y afianzar los conceptos del feminismo en el país, y que fue un pilar en la educación en Guayaquil, sentando un precedente importante en la lucha por los derechos de las mujeres en el Ecuador y cuyo trabajo fue elogiado por Gabriela.

Entre las diversas actividades y reconocimientos que tuvo Gabriela en Guayaquil destacan el nombramiento de socia honoraria del Círculo de Periodistas del Guayas, una lectura pública de sus versos en la Universidad de Guayaquil y una transmisión radial del “Recado a Pablo Neruda”.

Gabriela recibe una condecoración del gobernador Boloña. Junto a ella la escritora Adelaida Velasco / Foto: PATRIMONIOS.CL

Gabriela condecorada

El 18 de septiembre de ese año, en una afortunada coincidencia con el día nacional de Chile, el gobernador José R. Boloña le impuso a Gabriela la Condecoración al Mérito en el grado de Oficial, en una solemne ceremonia en el Palacio de la Gobernación. Asimismo tuvo la oportunidad de conocer la zona de Daule y de Salinas, donde se inspiró para escribir los poemas “La ceiba seca” y “Ronda de la ceiba ecuatoriana”.

Toda esta actividad culminó el 30 de septiembre de 1938 cuando, luego de 42 días de agasajos y homenajes, Gabriela deja definitivamente Guayaquil embarcándose en el buque Santa Clara rumbo a la isla de Cuba.

Un hecho trascendental de esta visita fue el nacimiento de la estrecha amistad que nació entre Gabriela y su anfitriona Adelaida Velasco; la guayaquileña tenía en gran estima la obra de la poeta chilena y luego de su visita quedó convencida de que ella merecía el Premio Nobel de Literatura, pero Gabriela tildó esta idea de su nueva amiga como “loca aventura”.

El valor literario

Tiempo después, la propia Gabriela en una entrevista concedida al intelectual ecuatoriano Luis Verdesoto en Veracruz, México, reconoció este hecho manifestando “yo quiero mucho al Ecuador. Tengo para él los sentimientos más hondos de gratitud. El Ecuador tiene un sitio fervoroso en mi corazón. Fue la ecuatoriana Adelaida Velasco la primera en insinuar mi candidatura para el Premio Nobel. Y, coincidencia feliz, en un barco sueco llamado Ecuador me embarqué en las costas brasileras con destino a Europa. Iba a recibir el Premio Nobel”.

Terminada la visita de Gabriela a Guayaquil, Adelaida Velasco comenzó su titánica labor de llevar a Gabriela al Premio Nobel, formando grupos en diferentes países con la denominación de “Amigos de Gabriela”, traduciendo su obra al francés y al inglés y haciendo gestiones para que Gonzalo Escudero y Jaime Barrera, miembros del Grupo América, firmaran un documento en el cual respaldaban esta propuesta y escribiendo incluso al presidente electo de Chile Pedro Aguirre Cerda, en que le instaba a acoger la iniciativa de esta candidatura como un proyecto nacional.

Aguirre Cerda, conocedor del talento y el valor literario de la obra de Gabriela aceptó esta solicitud e inmediatamente delegó a dos de sus ministros para los trámites necesarios. Por las cartas de Gabriela a Adelaida y por uno de sus artículos a raíz de la concesión del Nobel a la poeta chilena, sabemos que ella se avino a que se realizasen las gestiones pertinentes.

Gabriela y escolares guayaquileños / Foto: PATRIMONIO.CL

Una noticia y un agradecimiento

Cabe recordar que el Instituto Nobel había suspendido la concesión del Premio durante la Segunda Guerra Mundial por lo que ese tiempo fue aprovechado por Adelaida para difundir la obra de Gabriela, traducirla y finalmente presentarla ante la Academia Sueca.

En 1945, terminada la Segunda Guerra Mundial, Gabriela Mistral recibió en su hogar de Brasil un escueto telegrama desde Suecia informándole que le había sido otorgado el Premio Nobel de Literatura. Luego de recibirlo, varios de sus amigos fueron a felicitarla y a ellos les dirigió sus primeras palabras y éstas fueron para el Ecuador y para Adelaida Velasco Galdós, indicando que “fue ella la primera en presentar mi candidatura al Premio Nobel”.

Gabriela nunca desconoció el aporte y esfuerzo de su amiga guayaquileña teniendo siempre palabras de aprecio y gratitud hacia ella, y durante los años de vida que gozó después del Nobel siempre manifestó su reconocimiento para la ecuatoriana. “Toda la hazaña es vuestra”, le decía.

Chile tardó un poco más en agradecer el gran trabajo de Adelaida Velasco y no fue sino hasta el 31 de marzo de 1960, tres años después de la muerte de Gabriela, en que el entonces cónsul de Chile en Guayaquil, Juan Zúñiga Arancibia, hizo entrega a Adelaida Velasco Galdós de la Medalla de la orden Bernardo O’Higgins, el máximo honor civil otorgado a ciudadanos no chilenos, como una muestra del agradecimiento de un país por su magnífico esfuerzo para lograr la postulación de Gabriela al Nobel, un premio que recibió una Gabriela chilena, pero con alma guayaquileña.