Columna de Ignacio Figueroa Foessel: Guerra comercial ¿un preludio de la guerra total?
La guerra comercial que impulsa Donald Trump, si fuera más que sólo una bravuconería, contiene el germen de la guerra total al llevar al extremo las relaciones entre los países, imponiendo un sistema internacional marcado por la teoría del caos.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha repetido que es un pacifista, que quiere poner fin a la guerra en Ucrania o que, de haber sido el líder, nunca se habría producido. Sin embargo, nada dice del genocidio en Gaza o de la escalada militarista en Europa, ya que el complejo militar-industrial estadounidense se ve jugosamente beneficiado.
Por otra parte, la guerra comercial que impulsa, si fuera más que sólo una bravuconería, contiene el germen de la guerra total al llevar al extremo las relaciones entre los países, imponiendo un sistema internacional marcado por la teoría del caos.
Cambio de estrategia
La subyacente propuesta de Trump es que los Estados Unidos no seguirían la estrategia de la guerra preventiva como la lanzada por George W. Bush contra Irak, sino más bien, relaciones comerciales coercitivas que prefiguran escenarios donde la fuerza militar es la última ratio, pero que implícitamente se convierte en la primera amenaza.
En un análisis histórico de la acción estadounidense podemos citar la política que siguió contra Japón en los albores de la Segunda Guerra Mundial. Las islas niponas mantenían una gran carga demográfica con pocos recursos naturales para satisfacer las necesidades expansionistas en un momento del desarrollo mundial donde los países de mayor importancia geoestratégica buscaban fórmulas para su desenvolvimiento imperialista. Japón, bajo la égida de una cultura militarista, buscó la conquista territorial en países cercanos, mientras los Estados Unidos impuso una política comercial basada en el embargo y las represalias comerciales impactando las fuentes de petróleo y acero, de esta forma una guerra comercial propició el enfrentamiento militar y el ataque a Pearl Harbor.
La acción mediática
El ataque al puerto de los Estados Unidos en Hawái, fue mostrado al mundo como una acción inaceptable por parte de un estado canalla: “Ayer, 7 de diciembre de 1941, una fecha que vivirá en la infamia, los Estados Unidos de América fueron repentina y deliberadamente atacados por las fuerzas navales y aéreas del Imperio del Japón (…) Se registrará que la distancia entre Hawái y Japón deja claro que el ataque se planeó deliberadamente hace muchos días o incluso semanas. Durante este tiempo, el gobierno japonés ha intentado engañar deliberadamente a Estados Unidos con declaraciones falsas y expresiones de esperanza en una paz duradera”.
De una forma más o menos similar, la guerra contra Rusia fue propiciada por la política de sucesivos presidentes de los Estados Unidos al armar y entrenar a las fuerzas militares de Ucrania convirtiéndola en una amenaza existencial con la perspectiva de adherir al país eslavo a la OTAN. En el caso ruso se usó una estrategia que combinaba la amenaza bélica con las sanciones para destruir su economía.
Con China en la mira
El actual frenesí estadounidense por los aranceles, con el objetivo principal puesto en China como amenaza al predominio hegemónico de EEUU, parece una estrategia controlada para intentar frenar los logros del país asiático. Como en la caída de las piezas de dominó, las sanciones son parte de una estrategia agresiva que implica que quiénes se rebelen tengan que basar dicha negativa en el mantenimiento de fuerzas armadas poderosas.
La implicancia entonces de la guerra comercial es la exacerbación de militarismo como única vía de los países amenazados para mantener su soberanía, en una carrera armamentista de complejo pronóstico.
Esta guerra comercial estimula el disenso entre las naciones, tanto como la desconexión de éstas entre sí en una retaliación permanente de sanciones, aranceles y contra sanciones.
La pérdida del control total
La fuga hacia adelante de los Estados Unidos muestra los problemas del imperio en lo que algunos ven como el final de una época de su control hegemónico. El caos controlado que intenta aplicar la guerra comercial está lleno de incertidumbres con bajas expectativas de salvedades, mostrando a la potencia americana en su punto más débil al no poder controlar los acontecimientos, como clara señal de decadencia.
El conflicto se hace generalizado, pudiendo estallar en cualquier lugar, como lo demuestran las tensiones entre India y Paquistán, manifestándose la inestabilidad como factor permanente del sistema mundial, pasándose desde la Pax Americana al enfrentamiento constante.
En contraposición, China, junto al bloque económico de los Brics, ofrecen al mundo relaciones estables y horizontales donde la amenaza de retaliación bélica queda fuera de las posibilidades de acción. China se convierte en sinónimo de estabilidad versus la razón imperial de incertidumbre, en ese sentido, el país asiático gana también la batalla de las relaciones públicas a los campeones históricos de éstas, los Estados Unidos.
A golpes no se aprende
A pesar de las sucesivas derrotas de las fuerzas armadas estadunidenses en las últimas guerras desde Vietnam, Irak, Afganistán y Ucrania, la elite de EEUU tiene una confianza absoluta en sus militares como una potencia suprema, que define las relaciones de fuerza entre las naciones por su hipertrofiado presupuesto de defensa y la propia propaganda mediática/patriótica que se han tragado como cierta: principalmente por esto, la guerra comercial -que no pueden ganar-, es el preludio de la guerra total.
