La pelea de Vargas Llosa y García Márquez en el estreno de la cinta chilena sobre la tragedia de los Andes

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Por Camilo Rey
Actualizado el 25 de enero de 2024 - 2:39 pm

Ese insólito episodio que distanció para siempre a los dos amigos que años después obtendrían el Premio Nobel, se produjo en el acto en que el director chileno Álvaro Covacevich presentó su elogiado documental “La odisea de los Andes” en Ciudad de México.

Por CAMILO REY / Fotos: ARCHIVO

Los biógrafos de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa coinciden en su versión sobre el incidente que sepultó la fraternidad literaria de dos viejos amigos. El 12 de febrero de 1976, el escritor peruano derribó de un golpe al colombiano en una reunión social cuyo objetivo -casi 50 años después- tiene trascendencia histórica: ambos estaban como invitados en Ciudad de México a la presentación oficial de la película “La odisea de los Andes”, del director chileno Álvaro Covacevich.

La cinta con impactante imágenes originales de la tragedia de los rugbistas uruguayos en la cordillera es considerado un gran documental, entre varias producciones similares sobre un caso único de supervivencia que hoy tiene una nueva versión: “La sociedad de la nieve” del español J. M. Bayon y que postula al Premio Oscar.

En esa reunión había intelectuales y periodistas latinoamericanos, que se sorprendieron cuando García Márquez fue recibido con el puñetazo propinado por Vargas Llosa, su amigo y guionista de la película del desastre. El golpe fue su reacción porque lo habría delatado con su esposa por un romance que el peruano sostuvo con una modelo europea.

Allí, sin más, se acabó la amistad entre quienes después obtendrían el Premio Nobel de Literatura, en 1986 y 2010, respectivamente.

«Se querían y se admiraban mucho. Vargas Llosa decía que García Márquez era literariamente Dios. Años después le pegó a Dios. Le dejó el ojo morado a Dios», relata el escritor y columnista Jaime Bayly.

LA HUELLA DE COVACEVICH

La cinta de Netflix, donde el “héroe” chileno que rescató a los rugbistas –el arriero Sergio Catalán- tiene una mínima aparición, cuenta con la tecnología, la inteligencia artificial, los medios y los US$65 millones que invirtió España para lanzarla al Oscar. Sin embargo, según los estudiosos del cine, Álvaro Covacevich produjo una obra de tanta autenticidad como significación histórica.

Su primer largometraje, «Morir un poco» (1966), tuvo resonancia en la época, y en 1972 rodó «Diálogo de América» y «El gran desafío, conversaciones del Presidente Allende con Fidel Castro». Tras el golpe de Estado dejó el país y se radicó en México.

En la época del accidente (1972) era director del noticiario de cine Emelco. Cuando cayó el avión Fairchild uruguayo en los Andes. supo dimensionar su trascendencia y acopió material filmográfico durante meses para la elaboración de un documental, donde incluyó entrevistas a los sobrevivientes y al arriero Catalán.

Tras el Golpe, Covacevich se asiló en la embajada mexicana rescatando gran parte de su filmoteca personal. Y en el exilio, retomó el proyecto y ya conectado con el círculo intelectual latino en el Distrito Federal logró convencer al joven escritor peruano Mario Vargas Llosa escribiera el guion de la cinta que hoy está en la Cineteca Nacional y YouTube (versión reducida en japonés).

GRANDEZAS Y MISERIAS DEL HOMBRE

El propio Covacevich explicaba así el enfoque que, junto a Vargas Llosa, le dieron a una cinta que presenta imágenes impactantes: “La película se propone estudiar al hombre en toda su grandeza y su miseria” y “crear un documento de estudio de las relaciones humanas dentro de una situación crítica”.

En un segmento de “La odisea de los Andes” se narran detalles de la antropofagia a la recurrieron los sobrevivientes, mientras se muestran escenas de los restos del avión y de los cadáveres, acompañadas de la música del artista popular Ángel Parra -hijo de Violeta-, con un fragmento de «Gracias a la Vida».

La expedición de Covacevich y su equipo al lugar del accidente se realizó en enero de 1973, y fue la primera desde Argentina, antes de que los restos del avión fueran incinerados. El cineasta concluye en el documental que los sobrevivientes “constituyen una pequeña sociedad que, como en los albores de la historia humana, debía afrontar a tres terribles enemigos, el hambre, la sed y el frío”.