Crónicas de Sergio Ried: Las cuerdas del «Chico» Brito
Durante muchos años los encordados de las raquetas que usaban los tenistas más destacados del mundo llevaban un producto hecho por un chileno.
Por SERGIO RIED / Foto: ARCHIVO
En la década del 1950 y hasta finales del siglo pasado, todos los cordajes de raqueta eran con cuerdas de plástico o sintéticas. Sólo los campeones y los de mucho dinero, podían darse el lujo de usar cuerdas de tripa de vacuno. Y de ellas había unas de tal calidad, que habían tomado fama internacional. Eran las cuerdas del “Chico” Brito, un innovador y muy buen jugador de la categoría Honor.
LAVER, EMERSON Y ROSEWALL
Aquí en Chile las mentadas cuerdas tenían un valor que multiplicaba por varias veces el de las cuerdas convencionales de la época y sólo eran usadas por los jugadores de Escalafón Nacional. En Europa y Estados Unidos, tenistas cono Rod Laver, Roy Emerson, Ken Rosewall y otros históricos, le escribían a Héctor Brito pidiéndole sus cuerdas.
Y él, desde su casona de calle Cueto, con la ayuda del gran jugador Perico Facondi, las seguía fabricando bajo el enorme parrón de su casa. Largos intestinos de vacuno que sometía a un proceso químico y luego secaba atados a postes del parrón, distantes varios metros uno del otro.
Por haberlo conocido y visitado varias veces pude presenciar este milagroso proceso y también hojear las muchas cartas con pedidos de los más grandes tenistas de la historia, los que las conocían por Pato Rodríguez, Jaime Fillol, Pato Cornejo, Belus Prajoux y Jaime Pinto, que se costeaban los viajes con las famosas cuerdas.
Un verdadero milagro, porque de un modo tan artesanal, competía con los grandes fabricantes de Europa y Estados Unidos.
BUENOS AIRES
A los 16, 17 años, yo, siempre inquieto, decidí llevar estas cuerdas a Buenos Aires, donde mi amigo, entonces el número uno de Argentina, Eduardo «Tato» Soriano, quien me esperaba para vender en su club, el Buenos Aires Lawn Tennis, una cantidad considerable de estas famosas cuerdas, que allá tenían un valor 10 o más veces mayor que en Chile.
Le pedí un cheque a mi mamá y me embarqué en un KLM rumbo a Ezeiza, con cerca de 100 juegos de cuerdas del «Chico» Brito. Allí, «Tato» vendió cerca de 50 y me llevó al Tenis Club Argentino, rival histórico del suyo, pero dónde era acogido cordialmente por ser el mejor tenista del país. En el lugar había un entrenador chileno de apellido Vargas, que me compró las que me quedaban. Todo en una sola mañana.
Yo me alojaba en el departamento de mi amigo Sergio Libedinsky y cuando esa noche le mostré el fajo de billetes, se espantó y me dijo que esa suma él la ganaba en un año.
TRIPA DE GATO
Había tal confusión entre los tenistas chilenos sobre el tema de los diferentes tipos de cuerdas, que iban a mi tienda, La Raqueta, a preguntar por cuerdas de tripa de gato y yo les explicaba que los intestinos de un gato medían un metro de largo y era imposible hacer cuerdas de 11 ó 13 pies con ellos.
La confusión nacía en que en los envases donde venían las cuerdas importadas, decía “gut strings» o «cuerdas de intestinos».
Según mi querido amigo y el más conocedor del tema en Chile, Ezequiel Carvajal, el popular «Yogurt de Mora» (foto principal), él comenzó su carrera de encordador con las cuerdas del «Chico» Brito y a él le debe mucho de lo que es hoy. Incluso me contó que el “Chino” Ríos gastaba 500 encordados al año cuando fue número uno.
En estos tiempos, las grandes empresas del rubro del tenis, como Babolat y Luxilon, cuentan, entre sus productos, con cuerdas de tripa de animal que siguen siendo las preferidas por los jugadores, aunque algunos campeones como Novak Djokovic usan encordados híbridos, con las horizontales de tripa y las verticales sintéticas.
Salvo Tomás Barrios, que lo hace al revés, con la tripa vertical y la sintética atravesada. Y le da muy buen resultado.
