Juegos Pana y Parapanamericanos 2023: Santiago, única ciudad candidata
Se puede afirmar que nuestro país y nuestra institucionalidad deportiva ha dejado pasar una gran oportunidad para, junto con organizar en forma correcta y transparente estos dos eventos, transformar las estructuras que sustentan la educación física, la actividad física y el deporte chileno.
Por PEDRO LIRA BIANCHI / Foto: ARCHIVO
En una mirada retrospectiva, Santiago de Chile postuló a ser sede de los juegos deportivos continentales de América el 30 de enero de 2017, último día en que la Organización Deportiva Panamericana (Odepa), hoy PanamSports, recibía candidaturas.
Así, Santiago se unía a Buenos Aires para competir por cuál capital albergaría el evento multieportivo más importante del continente.
El 21 de abril de 2017, Buenos Aires retiró su postulación, principalmente por razones económicas y para centrarse en la organización de los Juegos Olímpicos Juveniles de 2018.
De esta manera, Santiago se presentaba solo el 25 y 26 de abril ante Odepa, reunida en Punta del Este, Uruguay.
La historia de Santiago como ciudad candidata a grandes eventos multideportivos es larga y un tanto traumática.
Hoy, en El Ágora, reproducimos un texto escrito en Facebook por este periodista cuando la capital argentina retiró su candidatura. Este texto lo leyó hace tres días, el 4 de julio, la ciclista chilena Daniela Guajardo, quien ante los múltiples hechos acontecidos y publicados por la prensa en torno a la organización de Santiago 2023, comentó brevemente: «Parece que los Juegos nos quedaron grandes”.
ARTÍCULO DE FACEBOOK 2017
«Con la noticia de que la candidatura de Buenos Aires se ha bajado para organizar los Panamericanos y Parapanamericanos del 2023, Santiago está solo en carrera y empezamos un recorrido nuevo.
No obstante, ODEPA aún no le da la sede oficial a la capital chilena. Eso seguramente ocurrirá en los próximos meses según el plan y cronograma de ODEPA, en Lima u otra ciudad (finalmente sucedió en Praga, Republica Checa, en noviembre de 2017).

Lo que debe primar ahora es la seriedad, responsabilidad y humildad al seguir en el camino de postulación y, de ser confirmados, organizar el evento deportivo más importante de América y uno de los más relevantes del mundo después de unos Juegos Olímpicos.
La clave de estar en el 2017 siendo la única ciudad candidata para ser sede de los Juegos del 2023 se dio por varias razones, dos de ellas muy relevantes: primero, tener el aval del Estado a través del documento firmado por la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien creyó en la propuesta planteada por el ministro del Deporte, Pablo Squella, para que nuestra capital se presentara a la candidatura; segundo, porque ya existe un presupuesto operativo reservado y sobrio para este evento hasta el 2023.
Junto con ello, es necesario contextualizar este hecho de ser la sede de este magno evento en el marco de la nueva Política Nacional de Actividad Física y Deportes 2016 – 2025.
Ello es así porque esta Política da el marco de referencia y el contexto de cómo se debe administrar el deporte chileno en la próxima década para superar situaciones negativas para Chile como es tener un 75 % de población inactiva y no contar con un Alto Rendimiento de buen nivel competitivo internacional.
Estamos hablando entonces de políticas de Estado, de metas de largo plazo, de realizar gestión público-privada para avanzar en lograr una población más activa y con mejores niveles de salud. Estamos hablando de trabajar en pos de estas metas en forma integrada y de una manera intersectorial, en que muchos ministerios y servicios públicos, además del importante sector privado, hagan lo suyo, apoyándose mutuamente para lograr saltos cualitativos en sus gestiones.
El deporte chileno no mejorará en forma automática con los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos. Estos Juegos son parte de un proceso en que debemos organizarlos para que sean de óptima calidad. Y si deseamos tener buenos resultados deportivos, habrá que hacer una definitiva remodelación del desarrollo del sector del Alto Rendimiento Nacional pues sus actuales estructuras, públicas y privadas, están obsoletas.
Finalmente, para quienes no lo sepan, la referencia inicial sobre los traumas de Santiago como ciudad postulante y sede de grandes eventos se debe a lo siguiente:
1. En 1969, en Cali, Colombia, Santiago ganó la sede para organizar los Panamericanos de 1975. En 1974, el régimen militar renunció a la sede por razones políticas.
2. En 1980, Santiago volvió a ganar la sede de los Panamericanos para 1987 y el mismo régimen militar renunció a albergarlo, esta vez por razones estratégico-militares ante un posible conflicto con Argentina.
3. En 1991, el gobierno de Patricio Aylwin renunció a organizar los II Juegos Panamericanos de Invierno por motivos económicos.
4. En 1996, Santiago ganó en Cali la sede de los II Juegos del Pacífico. El COCH de ese entonces, encabezado por Sergio Santander, le exigió al Estado invertir 50 millones de dólares en el proyecto. El Estado comprometió 25 millones. Por ese desacuerdo, Santiago dejó de lado el evento ya estando establecido y funcionando el Comité Organizador.
5. En 1998, postulando Santiago a ser sede de los Panamericanos y Parapanamericanos del 2003, el COCH no pagó la segunda cuota del proceso de candidatura y ODEPA nos dejó fuera de carrrera.
Con esos hechos, la imagen de Chile y sus autoridades se vino al suelo por años. Esa misma mala imagen comenzó a recuperarse con la positiva organización de los Juegos Suramericanos y Parasuramericanos del 2014; con la organización de los Juegos Bolivarianos de Playa del 2016 y con los esfuerzos hechos para organizar los II Juegos Suramericanos de la Juventud 2017.
Ahora, con la posibilidad de organizar el evento continental del 2023, tenemos la gran oportunidad de dejar de lado lo negativo, ser muy profesionales y cumplir en forma responsable con este sueño con que muchos chilenos hemos vivido en las últimas décadas».

Luego de seis años desde que en abril de 2017 se publicó este texto en Facebook sobre la sede que había conseguido Santiago para organizar los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos de 2023, se puede afirmar que nuestro país y nuestra institucionalidad deportiva ha dejado pasar una gran oportunidad para, junto con organizar en forma correcta y transparente estos dos eventos, transformar las estructuras que sustentan la educación física, la actividad física y el deporte chileno.
La información critica que ha sido difundida desde mediados del 2019, pero especialmente desde fines del 2021, da cuenta que no hemos sabido aprovechar la ocasión y que, por el contrario, hemos privilegiado la mirada errada del corto plazo, el oportunismo, amiguismo y la poca transparencia, en vez de tener una visión de Estado, con una gestión continua de calidad que nos haya permitido salir del subdesarrollo en que está el deporte nacional.

En síntesis: no lo hemos hecho del todo bien y en esto no es conveniente esconder la verdad. Harold Mayne-Nicholls dijo el 4 de julio pasado, en Megavisión, que él no sabía qué falló en los seis años que han habido para organizar los Pana y Parapanamericanos de Santiago 2023, pero que no correspondía dejarlos pasar.
