Columna de Juanita Rojas: La representación mediática
Debería llamarnos a reflexión la influencia de ciertos personajes y sectores políticos en las decisiones más importantes de nuestro país, una gravitación determinada más por las grandes cadenas de medios de comunicación que por la genuina adhesión ciudadana.
Por JUANITA ROJAS / Foto: ARCHIVO
El Congreso Nacional continúa tramitando una reforma constitucional para llevar adelante un nuevo proceso constituyente, el que claramente ya no despierta el entusiasmo ciudadano. Quizá por saturación de la política pequeña, pesimismo, problemas cotidianos más urgentes o simple desconfianza.
Tal vez porque el proceso en ciernes no contempla a los ciudadanos como actores gravitantes y el asunto se ha cortado entre los mismos de siempre. Basta señalar que sólo a partir de la instalación del nuevo Consejo Constituyente se permitirá a los movimientos sociales y personas en general entregar inquietudes o sugerencias, las que serán recogidas y canalizadas por las universidades de manera paralela.
En todo caso, a su llegada a la Cámara de Diputadas y Diputados son más de 125 las indicaciones presentadas, en aras de mejorar o modificar el citado proyecto, si bien la mayoría de ellas tiene escasas posibilidades de prosperar.
Algo bien distinto a lo sucedido en el Senado donde, más allá de una que otra precisión, el llamado Acuerdo por Chile se aprobó tal como había salido del grupo que lo elaboró. A saber, dirigentes de partidos políticos con representación parlamentaria, más -así se justificó la participación de miembros del grupo Amarillos por Chile– movimientos sociales.
En su momento, en este mismo espacio, nos preguntamos por la presencia en esa instancia de tres integrantes del grupo Amarillos, considerando que tienen en sus filas un solo diputado en ejercicio, Andrés Jouannet. Este último fue militante DC durante casi toda su vida política y resultó electo en los comicios de noviembre pasado en un cupo del Partido Radical.
Evidentemente que la participación su líder Cristián Warnken, el abogado Zarko Luksic y el propio Jouannet en la mentada comisión era una sobre representación, por decir lo menos. Lo más grave, en todo caso, fue el nivel de influencia e incluso de veto que estos personajes tuvieron, al punto que impidieron en más de una ocasión llegar a consensos porque a ellos no les acomodaban los contenidos del acuerdo, del que fueron firmantes nadie sabe en representación de quién.
Hace unos días, Warnken, el líder amarillo, anunció que su grupo no presentaría candidatos para el Consejo Constituyente , que debe elegirse el 7 de mayo próximo, porque no han podido conseguir las firmas para conformarse como partido político. Lo anterior, claramente los obligaría a llevar candidatos dentro de listas de partidos ya existentes y no es un misterio que las posibilidades amarillas se limitan a colectividades de la derecha o la centroderecha.
¿Por qué no hacerlo? Porque eso dejaría en evidencia a qué sector son más cercanos y la estrategia de Amarillos por Chile consiste, precisamente, en figurar ante la ciudadanía como independientes, por encima del bien y el mal, preocupados única y exclusivamente por el bien de Chile.
Está muy fresco en la memoria de las chilenas y chilenos la profusa participación de Warnken y su grupo en los medios de comunicación masiva durante la campaña del Rechazo, opción que triunfó en el plebiscito del 4 de septiembre pasado. Si las apariciones en televisión, grandes cadenas radiales y diarios de los grupos El Mercurio y Copesa fuera equivalente a adherentes y partidarios, Amarillos por Chile tendría que ser el partido político más grande de Chile. Y está lejos de serlo.
Algo parecido se puede decir de Demócratas, partido en formación que dirigen los actuales senadores Matías Walker y Ximena Rincón, los que cuentan con el decidido apoyo de esos mismos medios de comunicación, que les garantizan aparición pública todos los días, ya sea a través de entrevistas unipersonales o mediante cuñas donde opinan de lo humano y lo divino.
Ser senadores les otorga ventaja sobre Amarillos, ya que su condición parlamentaria permite a los medios de comunicación justificar su permanente actividad mediática.
El punto que debería llamarnos a reflexión es la influencia de determinados personajes y sectores políticos en las decisiones más importantes de nuestro país, en la medida que esa gravitación es determinada por las grandes cadenas de medios de comunicación y no por la genuina adhesión ciudadana. Duda que, al parecer, también tienen los dirigentes de Amarillos por Chile, ya que en su momento propusieron que todos los integrantes del nuevo Consejo Constituyente fueran designados por los parlamentarios y no elegidos por los votantes.
Probablemente, con esa fórmula habrían asegurado varios integrantes en el Consejo, sin mediar respaldo ciudadano comprobado. Por ahora, han decidido llevar adelante la misma estrategia exitosa que desplegaron para el plebiscito de septiembre: operar a través de los medios de comunicación.
