Clásico del Pacífico: Chile y Perú a fines de los 70 (II parte)

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Por Patricio Vargas
Actualizado el 13 de noviembre de 2020 - 11:59 am

Luego de conocer detalles del partido que le dio a Perú la clasificación al Mundial de 1978 (I parte), ahora repasaremos el triunfo chileno en Lima, un año después, todo dentro de un contexto político y social que tensiionó aún más ese partido histórico.

Por PATRICIO VARGAS QUEVEDO

En 2015, el libro ‘Historias secretas del futbol chileno III’ (‘Cuando espiamos a Perú’), de Luis Urrutia, reveló que la asistencia de Pinochet al primer partido era parte de un plan para que Morales Bermúdez asistiera al segundo encuentro. Con la euforia del triunfo, aviones Hawker Hunter chilenos (los mismos que despegaron desde Concepción y atacaron La Moneda el 11 de septiembre de 1973, en la única incursión armada en la historia de la FACH), espiarían en una operación de aerofotogrametría, la base aérea peruana de La Joya, en Arequipa. Hoy, una buena parte de esa base está arrendada a un consorcio minero para mantener y almacenar maquinaria. Otros tiempos.

En 2016, el capitán peruano Eloy Villacrez describió el Plan Negro, elaborado en 1975 por el gobierno de Velasco Alvarado y que, según el militar citado, pretendía invadir Chile desde el norte en tres fases. Nuestro país, afectado en ese entonces por la enmienda Kennedy (que prohibía la venta de armas, entre otras razones, por los atropellos a los Derechos Humanos de su población), limitaba el accionar de la dictadura. El espionaje se entendía dentro del ‘todo vale’.  

El revanchismo reivindicativo aumentaba en Perú, y la dictadura chilena veía que los tres países limítrofes podían actuar en conjunto. La paranoia dictatorial era interna y externa. A pesar de ello, los tiranos latinoamericanos no tenían problemas en coordinarse para reprimir al enemigo común: los mismos personajes a través de la Operación Cóndor persiguieron a militantes de izquierda en sus respectivos países. La condena a cadena perpetua de Morales Bermúdez, ratificada en 2019, fue por los crímenes de este plan.

La actuación de Perú en la Copa del Mundo de 1978, es una novela. Su brillante primera fase, así como su desastrosa fase final (marcado por el 0-6 contra Argentina), son tema de discusión hasta ahora. 

La revancha para Chile vendría en la Copa América de 1979. Con un formato sin sede fija, Perú y Chile se enfrentaron en una llave de ida y vuelta por las semifinales del torneo. En el año en que se conmemoraba el centenario de la ‘Guerra del Pacífico’, ‘Del salitre’ o ‘De los diez centavos’, el ambiente de los partidos estuvo acorde a la efeméride. Algunos jugadores hablan de piedrazos y hasta balazos camino al hotel, en Lima. Los planes militares de uno y otro dictador habían trascendido, las fronteras entre ambos países eran un reguero de minas antipersonales y trincheras y cundían las acusaciones mutuas de espionaje. De hecho, el 21 de enero de 1979, el embajador chileno Francisco Bulnes Sanfuentes, junto a otros diplomáticos, habían sido expulsados de Perú, acusados de espiar bases aéreas.

El cabezazo de Caszely en Lima, 1979.

En el partido de ida, en Lima, una soberbia actuación de Carlos Caszely le permitió a Chile ganar 2-1. En un relato popularizado en más de una entrevista, Eduardo Bonvallet (que entró en el segundo tiempo, precisamente por Caszely) narró que, en el camarín, el director Técnico Oscar Luis Santibáñez Díaz leyó una carta de ánimo, tipo telegrama, firmada por Pinochet. ´Locutín´ enfatizó en Caszely, público opositor al régimen. El ‘Rey del metro cuadrado’ dibujó con sus dedos medio e índice el signo de la paz: “Dos voy a hacer”.  Dos hizo. Y de cabeza. En el partido de vuelta, el empate cero a cero sellaría el paso de Chile a la final. Pero lo más importante de ese juego fue la primera y única expulsión de Elías Figueroa en el futbol profesional. Esto le impidió estar en el primer partido de la final ante Paraguay, que ganaría la copa por diferencia de goles luego de tres encuentros.

Héctor Chumpitaz y Elías Figueroa.

Después de esos partidos de la segunda mitad de los 70, vinieron muchos otros.  Los tres goles en quince minutos a Acasuzo en el Nacional el 85, o el cuatro a cero que definió la clasificación a Francia `98. Estuve en el estadio en esa ocasión. 

Recuerdo que el primer gol que grité por la Selección fue el tiro libre del Mortero Aravena en Lima, una tarde de domingo de 1985, en un triunfo uno a cero con una memorable actuación del Cóndor Rojas.

Hoy vuelven a jugar Chile y Perú por una clasificatoria. Repaso todo lo que grité frente al televisor o en el estadio antes y durante los partidos. Y no dejo de sentir algo de pudor. En el fútbol nos hacemos parte de la alegría colectiva o de emociones de tristeza común, que muchas veces ocultan problemas más importantes y que son acallados detrás de la entonación de un himno nacional. 

El fútbol es político, así como toda actividad humana, y es repudiable despreciar una bandera o un himno por un partido de fútbol. Peor aún si esto sobrepasa los noventa minutos. De ser así, terminaremos como los habitantes de Congodia, el país descrito en la novela ‘El área 18’, de Roberto Fontanarrosa, en donde desde la independencia hasta una salida al mar (ganada a Kenia), se definía en partidos de fútbol. Quizás, durante un partido nos podemos dar algunas irracionales licencias, pero no podemos olvidar que en nuestros tiempos el nacionalismo deportivo siempre será peligroso.

Revisa el resumen del triunfo de Chile 2-1 sobre Perú 1 en Lima, en la Copa América de 1979.