Colo Colo necesita un remezón

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Por Sergio Gilbert
Actualizado el 10 de septiembre de 2020 - 2:19 pm

Agencia1

Desde arriba, es decir, en el núcleo mismo del centro de las decisiones, hay desconocimiento de la historia. Y como pasa eso, no hay exigencias ni apuros. Solo números, valores, balances. A la larga, sin saber lo que ha sido Colo Colo, se le trata hoy como una empresa con metas cuantificables en pesos.

Por SERGIO GILBERT J.

La crisis futbolística de Colo Colo va mucho más allá que el análisis frío de los números y que indican que hoy los albos están cumpliendo una de las peores campañas de los últimos 30 años.

No se trata solo de que la escuadra alba no tenga ideas, o una identidad futbolística o “corazón y garra para mojar la camiseta”. No. Es eso, claro, pero el tema es mucho más profundo. Tiene que ver, más que nada, con el conformismo, con la falta de ambición. En resumen, con el refugio molesto que da el conformismo.

Colo Colo, qué duda cabe, prevalece en el medio chileno amparado en su poderosa marca. Como ningún otro club nacional, los albos pueden exhibir una épica muy especial a partir de la muerte de su fundador y una historia plagada de dramas institucionales (intervenciones, quiebra) que, de alguna manera, forjaron una especial y única relación de pertenencia entre el club y sus millones de hinchas. 

Esa identidad, que por cierto se fue fortaleciendo por los triunfos, también dio a luz una serie de ídolos que resuenan en la cabeza del colocolino como si fuera una formación eterna: David, el “Chato” Subriabe, el “Tigre” Sorrel, “Colo Colo” Muñoz, “Cua Cuá” Hormazábal, Jorge Toro, “Chamaco” Valdés, Elson Beyruth, el “Chino” Caszely, Marcelo Barticciotto, el “Cabezón” Espina, Esteban Paredes representan la piel de Colo Colo y se imponen como vivos ejemplos a seguir para quien se ponga la camiseta blanca.

Pero cuando esa épica se extravía -o peor aún, se desconoce- Colo Colo pierde su ser más íntimo. Y se producen las crisis.

Es lo que pasa hoy.

Desde arriba, es decir, en el núcleo mismo del centro de las decisiones, hay desconocimiento de la historia. Y como pasa eso, no hay exigencias ni apuros. Solo números, valores, balances. A la larga, sin saber lo que ha sido Colo Colo, se le trata hoy como una empresa con metas cuantificables en pesos. Cuadratura de presupuestos es la exigencia de los accionistas. ¿Apuestas que signifique un riesgo? ¿Saltos de calidad que impliquen inversiones sin retorno rápido ni seguro? Las pinzas. Eso es romanticismo. Ignorancia de quienes no saben lo que significa éxito en la administración…

Entonces, invertir en los mejores entrenadores para captar, enseñar y promover a los jóvenes con más talento futbolístico de Chile (la mayoría de los cuales sueña con llevar el escudo de Colo Colo en el pecho) no es prioritario. Mejor darle alguna serie al exfutbolista cesante para que vean que en la SAD hay corazón.

¿Elegir un DT de primer nivel para el equipo estelar? No, no es prioridad. Cobran mucho, traen como 50 asistentes, piden hoteles de primer nivel y volar en business class. Mejor uno baratito, que se conforme con que hay conos y pelotas para entrenar…

¿Jugadores de calidad? Es que eso es muy caro. Y no estamos para andar peleando en el mercado porque, además, “no hay forma de soñar con ganarle a los argentinos, brasileños, uruguayos, paraguayos y ecuatorianos hoy en un torneo internacional”. Mejor ir por un jugador extranjero libre de 35 años o rogar por un préstamo con opción de compra de algún jugador del medio nacional. Con eso, basta y sobra. Las luquitas mejor guardarlas para repartirlas entre los accionistas.

Por eso Colo Colo está hoy como está.

Le robaron la épica. Le borraron la historia. A ver si lo captan ahora que están dando pena.