¿Vidal no tenía el ADN Barza o es que sus compañeros de equipo lo perdieron?

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Por Eduardo Bruna
Actualizado el 23 de agosto de 2020 - 9:06 am

Arturo Vidal

Criticado al comienzo, el volante chileno terminó por seducir con su fútbol y su entrega a la prensa y a la hinchada catalana, que lo calificaron como “un guerrero”. Hoy, tras la humillación sufrida frente al Bayern Munich, parece encabezar la lista de los “cortados” por Ronald Koeman, el nuevo técnico del cuadro culé. ¿No será que Vidal ponía lo que hay que poner para ganar y que el resto de sus compañeros, mareados por el éxito, se fueron transformando en burócratas funcionarios?

Por EDUARDO BRUNA

Cuando Arturo Vidal llegó al Barcelona, fue tremendamente resistido por la prensa sobre todo catalana, que naturalmente no puede dejar de permear la opinión del hincha. No se le desconocían sus méritos, naturalmente, porque ningún patadura pasa por la Juve y el Bayern Múnich dejando el recuerdo imperecedero de su éxito. Sin embargo, la crítica iba por otro lado, que se acentuó luego que, poco a poco, el volante nacional fue ganando minutos en el equipo.

Se dijo, entonces, que Vidal “no tenía el ADN del Barza”. Con tal rigurosidad y convencimiento, que semejaba un culebrón europeo en que el protagonista es resistido porque, por ser sólo un plebeyo, no puede aspirar a enamorar a una chica de la realeza. Algo así como carecer de sangre azul, como si esa estupidez, instalada desde siempre en el imaginario de los idiotas, fuera una realidad absoluta que hay que respetar y tener en cuenta.

¿Qué diablos significa eso del ADN del Barza? Descartamos que para tenerlo haya sido imprescindible un paso previo por La Masía, el centro deportivo catalán laboratorio desde donde han surgido notables cracks, como Xavi, Iniesta, Puyol, Piqué, Busquets y hasta el propio Lionel Messi, llegado a España siendo apenas un niño. Porque así como el Barza cosechaba de su prolífico semillero, también tuvo muchas veces la necesidad de contratar jugadores que su generosa cantera no alcanzaba a producir.

Creemos que el ADN barza tiene que ver con un estilo que el cuadro culé buscó siempre, pero que encontró luego que Johan Cruyff prolongara en la banca del Barcelona los éxitos cosechados ya como un jugador extraordinario y fuera de serie. Esto es: posesión del balón, pero con el objetivo claro de que esta sirviera para algo, y no para que la reflejaran sólo las estadísticas que acostumbran llevar los científicos del fútbol, que de la mano del avance de la tecnología los últimos años han proliferado como callampas, ganándose un lugar en los equipos periodísticos de las grandes cadenas deportivas internacionales, que al parecer no pueden prescindir del aporte de estos sabios de pacotilla.

En otras palabras, la posesión de balón a la que aspiraba el Barza no respondía a la máxima “Rierista” de que “mientras la tengamos nosotros, el rival no nos puede hacer daño”, escuela útil en su momento pero que, como todas las cosas de la vida, terminó más pasada de moda que las polainas. La posesión del Barza significaba que, además de no prestarle en lo posible el balón al rival, sencillamente porque sin él es imposible jugar, había que saber cuándo y dónde cambiar el ritmo, intentar el pase profundo entre las líneas rivales y, naturalmente, poseer los jugadores con la calidad y el talento suficientes como para poder desarrollar ese juego envolvente que, cuando se desenvolvía, significaba el zarpazo. 

En palabras simples, el gol.

El problema es que si ese ADN en su momento dio resultado, y por algo el Barza llegó a disfrutar más de una Champions League para la cual en el fútbol español sólo el Real Madrid parecía calificado, hoy parece mustio y desgastado. Y es que, aparte de que los rivales le encontraron la vuelta a su juego, el plantel -con la sola excepción de Neymar en su momento- se deterioró en calidad simplemente porque jugadores como Xavi e Iniesta surgen uno cada quince o veinte años, por más que sobren los recursos y la búsqueda en provincias o baldíos sea tan intensa como meticulosa.

Dicho claramente, para esos cerebros notables que el Barcelona tuvo en su mediocampo, no han surgido los relevos que se acerquen siquiera a la preponderancia inmensa que ambos jugadores en su momento tuvieron. Tampoco en otros sectores clave del equipo, donde jugadores como Suárez, Busquets y Piqué, entre otros, reflejan en su creciente lentitud y paulatina falta de chispa el costo de campañas tan triunfales como extensas y demandantes.

La prensa española, y sobre todo catalana, se ha dado por estos días todo un festín con la humillación que el Bayern Múnich le provocó a Barcelona, en Lisboa. A la partida de Quique Setién, que no tenía por dónde salvarse, los periódicos suman una larga lista de jugadores que, o se van directamente, o el club estaría dispuesto a negociarlos para lograr hacer caja. Entre ellos, encabeza la lista Arturo Vidal, que lastimosamente para él vio diluirse acaso su última oportunidad de haber inscrito su nombre en la Champions, sueño que le ha sido esquivo durante todo este tiempo en el Viejo Continente.

Algo debe andar muy mal en el ADN del Barza para que los últimos tres años su fracaso en la Champions haya sido tan categórico y rotundo. Porque a esta goleada inclemente a manos del cuadro bávaro necesario es sumar otros papelones igualmente vergonzantes y dolorosos.

Fresca está, todavía, la eliminación del año pasado en semis frente al Liverpool, en Anfield Road, cuando hasta cayendo por 2-0 obtenía su boleto a la final luego del tranquilizador 3-0 del partido “de ida”, en el Nou Camp. Y lo que ocurrió, ya se sabe: el equipo de Jurgen Klop le pasó por encima al Barza con un lapidario 4-0, que fue más triste recordando un cuarto gol que significó que el equipo culé ni siquiera tuviera la posibilidad de llegar a un alargue. Un gol, además, producto de la astucia y viveza de los ingleses más la desaplicación imperdonable de un equipo al que, a lo mejor medio “groggy” por lo que estaba pasando, lo pillaron “pajareando” en un córner.

Lo peor es que un chasco como ese, para el cuadro culé, no constituía en ningún caso una novedad. Ya en 2016 y 2017, el Barza se había quedado fuera de las semifinales, y en la campaña 2018-2019 no lo hizo mejor. 

En partido de cuartos venció a la Roma en la ida, escenificada en el Camp Nou, por un aparentemente tranquilizador 4-1. En otras palabras, incluso perdiendo por 2-0, Barcelona avanzaba a semifinales. Sólo ese gol anotado por los romanos en campo ajeno constituía una preocupación, pero apenas relativa. Ciertamente, la Roma no era la Juve. Ni siquiera el Inter o el Milan, con mucha más historia en la máxima competición europea de clubes.

Pero he aquí que, con goles de Dzeko (6’), De Rossi  (57’) y Manolas (82’), la Roma daba el gran golpe, frustrando una vez más el objetivo del Barza, por tercera vez consecutiva, de seguir avanzando rumbo a su sexta Champions.

Algo, eso está claro, anda mal en el proclamado “ADN del Barza”. Una eliminación absurda, vaya y pase. ¿Pero cinco consecutivas, siendo de ellas verdaderamente increíbles las últimas tres? Definitivamente, algo está fallando al interior de la institución catalana. Y para buscar reparar esa falla ya es oficial la llegada a la banca culé de Ronald Koeman, histórico defensa central neerlandés autor del gol que significó el primer título del Barcelona en la Champions (1991-1992), para dejar de ser, a nivel europeo, el eterno segundón del Real Madrid.

Cuatro Champions más (2005-2006, 2008-2009, 2010-2011, y 2014-2015), le otorgaron a Barcelona la chapa de candidato y de rival a vencer para cualquiera que pretendiera quedarse con “La Orejona”, como se le conoce popularmente al trofeo que distingue al club campeón de Europa.

Hoy, todavía golpeado por la humillación sin precedentes sufrida en Lisboa a manos del Bayern Múnich, con un lapidario 8-2 que seguirá doliendo quizás por cuánto tiempo, el Barcelona pretende recuperar su extraviada grandeza confiándole a Koeman la banca, y dándole carta blanca para que reestructure un plantel que, claramente, deberá sufrir un profundo remezón.

Arturo Vidal parece a la cabeza de aquellos que deberán partir. Y no es que a Koeman el estilo del chileno le desagrade, sólo que, en su afán de renovar el equipo, ya tiene visto a un par de volantes que tuvo a su cargo dirigiendo la selección nacional de los Países Bajos (ex Holanda). Se trata de Memphis Depay, que terminó contrato con el Olympique de Lyon, y de Georginio Wijnaldum, figura en el Liverpool campeón de la Champions. Aparte, por Vidal hay más de un interesado, y transferirlo sería una manera de recuperar aunque fuera en parte la inversión que se hizo para adquirirlo desde el Bayern Munich.

Independiente de que Vidal se vaya o siga en la “Ciudad Condal”, aquello de que “no tiene el ADN del Barza” se antoja una soberana tontería. ¿Acaso Carles Puyol no fue un gigantesco ídolo blaugrana con un estilo muy parecido al del chileno? Un buen jugador, como lo es “El Rey”, juega bien en cualquier parte. Por lo demás, su espíritu de lucha lo hace indispensable para cualquiera, incluido en el concepto del Barcelona, que de tanto joder con aquello del ADN se ha ido transformando en un equipo de funcionarios, pero aceleradamente desprovisto de ese fuego sagrado que siempre es indispensable para ganar. Y no es casualidad que, más allá de su estilo, Vidal haya terminado por seducir al periodismo y a la hinchada culé, que lo calificaba de “un guerrero”, produciendo un agudo contraste con el resto, tan buenos como tibiecitos a la hora de luchar y poner.

Hoy de vacaciones, Vidal espera con relativa tranquilidad lo que le depare el destino. Y decimos relativa porque él ha dicho en todos los tonos que no quiere irse, pero ya sabemos que en el fútbol no existen los absolutos, y lo que opine un jugador es lo que menos interesa siempre a los dirigentes. Menos cuando ya se tienen 33 años y el inevitable ocaso se percibe a la vuelta de la esquina.

Y mucho menos cuando clubes como el París Saint Germain, el Manchester United y la propia Juve, ahora con Pirlo en la banca, esperan ver los próximos pasos que da la directiva culé para saber si pueden ir con posibilidades ciertas de ficharlo.

Revisa los 8 goles de Arturo en la última liga de España: