El equipo que deslumbró en mi niñez
Un tío que me llevaba al estadio en 1955 elegía semanalmente un partido ajeno al de sus colores. Y cuando me vio prendado de uno tan brillante como fue el Palestino de ese año, no dejamos de seguirlo hasta que fue campeón.
Por JULIO SALVIAT
El tío Carlos era colocolino, pero no esquivaba los buenos partidos en que participaban otros equipos. De hecho, el jugador que más elogiaba no lucía la camiseta blanca: Roberto Coll. Era tanta su admiración, que asistió prácticamente a todos los partidos de Palestino en 1955. Y como me llevaba casi siempre, fui testigo de las hazañas cumplidas por los tricolores para consagrarse campeones por primera vez en la historia.
Era un buen año para el fútbol chileno. En el verano, la Selección se había lucido en el Campeonato Sudamericano y perdió el título en el encuentro final al perder 0-1 con Argentina, con tragedia en el Estadio Nacional incluida. En Fiestas Patrias, la Roja igualó a uno con Brasil en el estadio Maracaná, con Jaime Ramírez como autor del gol de la hazaña y con Leonel Sánchez estrenando la camiseta roja, y luego cayó estrechamente en Sao Paulo con el mismo Scratch. Y el campeonato local respondía a ese crecimiento con equipos bien reforzados y con figuras de categoría.
A mitad de año, Palestino ocupaba el tercer lugar en la tabla, superado por los otros dos equipos de colonia, y algo de ruido hacía porque a los dos los había goleado: 6-2 a Unión Española y 4-0 al Audax Italiano. Pero, al contrario de lo que nos sucedía a mi tío y a mí, el público no se entusiasmaba mucho. La situación cambió radicalmente el domingo 10 de julio cuando venció 3- 1 a Wanderers y aprovechando las caídas de Universidad de Chile y la Unión, más el tropezón de Audax, se instaló en el primer lugar.
Pero le faltaba todavía la patente de grande. Y la obtuvo una fecha antes de que terminara la primera rueda cuando los tricolores enfrentaron al Colo Colo de Jorge Robledo, Manuel Muñoz y Jaime Ramírez en el Estadio Nacional y lo vencieron 3-2 después de ir en desventaja.

Hasta la prensa abrió los ojos. La revista Estadio, de la que ya era lector fanático, llenó de elogios al equipo que dirigía el yugoslavo Miodrag Stefanovic, que dirigió tres años más y se retiró de la actividad, y puso énfasis en la solidez del equipo y el brillo de los atacantes. Yo admiraba las atajadas de José Donoso, la calidad de Rodolfo Almeyda, la eficiencia de Mario Ortiz. Pero me deslumbraba el quinteto de ataque, que ya me había aprendido de memoria y nunca olvidé: Osvaldo Pérez, Roberto Coll, Juan Manuel López, José Fernández y Guillermo Díaz.

El rosarino Pérez, puntero derecho, provenía del Deportivo Cali, y mostró de inmediato la habilidad propia de los “canallas”. Coll había debutado diez años antes en River Plate, había sido compañero con Pérez en Colombia y era su tercera temporada en Palestino. “Muñeco” estaba considerado como el jugador más completo de nuestro medio y esa dupla con Pérez era un poema de buena técnica y juego asociado.
El ariete central, también rosarino, había anunciado su retiro del fútbol, por una lesión a la rodilla, pero Palestino le dio tiempo para recuperarse. Y no falló: hizo 19 goles en 28 partidos. Los restantes se los repartieron otros dos goleadores: Abdón Casales, formado en casa, y Luis “el Loco” Méndez, proveniente de Magallanes.

El ala izquierda ya se había lucido en Wanderers, y eran los reservas de Manuel Muñoz y Leonel Sánchez en la Selección. Fernández, ”el Peta”, tenía un remate formidable. Y Díaz, “el Yemo”, era un gran desbordador.
Con un quinteto de ese calibre, era difícil que Palestino perdiera. Su primera derrota fue ante Universidad de Chile en la quinta fecha del torneo. Y no tuvo nuevos contrastes hasta muy avanzada la segunda rueda, cuando cayó 0-2 con Colo Colo, una de las dos veces que terminó un partido sin convertir goles (0-0 con Rangers fue el otro). Eso le permitió terminar el primer tramo con 10 puntos de diferencia sobre Unión Española y el sorprendente O’Higgins. Más atrás quedaron, igualados, Audax, Everton y la U. Colo Colo estaba séptimo.
La segunda rueda fue tan tranquila como la primera. Y fue en esta etapa cuando vi uno de los partidos que más recuerdo en la historia de Palestino: un 5-3 a Universidad Católica, en el estadio Independencia, después de ir perdiendo por tres a uno. Era raro ver afligidos a los tricolores. Pero era segunda vez que les pasaba: en la fecha anterior habían remontado un 0-3 frente a Rangers. Pero ese partido no lo vi. Y del que menciono me quedaron imágenes imborrables hasta hoy.
Se consideraba que el campeonato ya estaba sentenciado a favor de Palestino. Y, a la vez, que Universidad Católica era el que más posibilidades tenía de irse a la Segunda División. Se cumplieron los dos pronósticos, finalmente; pero esa tarde, en el primer tiempo, parecía que era la UC el candidato al título, y el Tino Tino aspirante al descenso.
Abrió la cuenta muy temprano el porteño Guillermo Díaz, y los doce mil que estábamos en el estadio nos aprontamos para otra exhibición. La primera sorpresa la dio Raimundo Infante, con un cabezazo notable; poco después, Victorio Panasci, rosarino que pocas veces fue titular en la UC, puso en ventaja a los cruzados, y el tucumano Juan Antonio Baum anotó el tercero. En 11 minutos, estaba todo dado vuelta a favor del local.
Un descuento de Osvaldo Pérez un minuto antes del descanso abrió algunas interrogantes y sólidas ilusiones en los seguidores de Palestino. La igualdad la consiguió Julio Baldovino, ex Racing, a poco de la reanudación, y entre el Peta y el Yemo consumaron la goleada.
Al finalizar la segunda rueda, los árabes mantenían los diez puntos de ventaja sobre Unión Española. Pero había tercera rueda, en la que participarían los ocho primeros en la tabla de posiciones, mientras los seis restantes tratarían de salvarse del descenso. Tanta ventaja, aparentemente, le hizo mal a Palestino; el primero de los siete partidos que faltaban, contra Magallanes, fue derrota. Pero no alcanzó a inquietarse. Ganó el partido siguiente a Unión Española, su seguidor, y se consagró campeón aunque le faltaban cinco partidos por jugar.
Cuando finalizó el año, algunos medios formaron la delantera ideal del campeonato con los cinco de Palestino. Y no era fácil ponerse a la cabeza en cada puesto. Con Pérez competían Jaime Ramírez, de Colo Colo, José Valdés, de Magallanes, y Oscar “Maserati” Carrasco, de Audax Italiano; con Roberto Coll, Enrique Hormazábal, de Santiago Morning, Atilio Cremaschi, de Colo Colo, y Sergio Espinoza, de Audax; con Lopez, Jorge Robledo, de Colo Colo, René Meléndez, de Everton, y Raimundo Infante, de Universidad Católica; con Fernández, Miguel Ángel Montuori, de la UC. Manuel Muñoz, de Colo Colo, y Carlos Tello, de Audax Italiano; y con Díaz, Raúl Águila, de Audax, Leonel Sánchez, de Universidad de Chile, y Carlos Hoffmann, de Wanderers.
Se celebró con júbilo en la vieja casona de Santo Domingo, cerca de Navidad, y debieron pasar 23 años para otra vuelta olímpica y una celebración similar. Cuando se produjo, en 1978, la modesta sede había sido reemplazada por un magnífico estadio con dependencias lujosas en Las Condes. Este Palestino moderno batió el record de partidos invicto. El antiguo quedó considerado como el mejor de la historia del fútbol chileno hasta ese momento.
Ahora que Palestino cumple 100 años de vida, va mi homenaje y mi recuerdo.

